Opinion · Punto y seguido

Tensión en el estrecho de Ormuz

Sabotaje, conjuras y confusión. Mientras Damasco temblaba por el magnicidio (¿atentado de la oposición o del gobierno abortando un golpe de estado?), Tel Avive, sin pruebas, culpaba a Teherán del ataque contra turistas israelíes en Bulgaria, y la Marina de Estados Unidos en el Golfo Pérsico ametrallaba a varios pescadores indios; si los confundió con iraníes, más grave aún.

EU refuerza su presencia en el Golfo Pérsico, clavando su mirada en Irán. El portavión Stennis, adelanta su marcha prevista para noviembre, y se une a otros tres: Lincoln, Enterprise y Eisenhower. Ya han llegado el buque USS Ponce (una base flotante), ocho dragaminas Sea Fox y aviones de combate F-15C y F-22 que se suman a sus 250.000 efectivos, repartidos en una treintena de bases militares que rodean Irán por los cuatro costados. El Comando estadounidense para Medio Oriente (Centcom), que en Catar está poniendo a punto una estación de radar para la defensa antimisiles (hay otros dos, en Israel y Turquía), coordinará sus actividades con las de la Quinta Flota estacionada en Bahréin, el Mando Central de su ejército en Catar, la base aérea británica en Omán, y la francesa en Emiratos Árabes.

El objetivo de tal despliegue no es impedir un Irán con armas de destrucción masiva, sino aplicar la doctrina Carter (1980) que autoriza el uso de la fuerza militar para mantener el control de EEUU sobre el petróleo del Golfo Pérsico. ¡Increíble despropósito! ¿Se imaginan una doctrina de Lula, o de Hu Jintao que declarase de interés nacional para sus países las aguas de EEUU?

Washington envía, así, un mensaje de doble dirección: el “¡Cuidadito con el intento de bloquear el estrecho” a Teherán, y el “¡Tranquilos, todo controlado!” a los exportadores árabes del petróleo y a los consumidores de energía.

Los parlamentarios iraníes, ante esta amenaza militar y el aumento de las sanciones contra el sector financiero y energético del país. que están estrangulando su economía, ha propuesto al ejecutivo condicionar la circulación de navíos de guerra en las aguas territoriales de Irán a su autorización; aunque Omán comparte la propiedad del canal con los persas, todos los buques –incluido los de EEUU-, deben cruzar la parte iraní.  También han pedido al jefe del Estado, Ali Jamenei ordenar el cierre de esta vía, y así poner de rodillas al planeta entero. Los militares están conformes y listos.

La ruta de exportación de petróleo más importante del mundo, que lleva el nombre de Ahura Mazda (Hormozd), la deidad de sabiduría, luz y bondad, antaño, fue una de las rutas de seda, especias y perlas. En el siglo XVI, el portugués Alfonso de Albuquerque la invadió y ocupó sus islas. Luego llegaron los británicos y franceses y, hoy es EEUU quien pretende colonizarla. Las tres devastadoras guerras ocurridas en estas aguas (Irán-Irak,1890, y EEUU-Irak, 1991 y 2003) le sirvieron para presentarse como el gendarme del Golfo.

El Ormuz conecta a Arabia Saudita, Irán, Irak y Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Catar y Kuwait (dueños del 60% del crudo mundial) con las aguas libres. De los 17 millones de barriles -el 30% del petróleo comercializado del mundo-, que salen por sus puertas, el 85% se queda en el mercado asiático: China, India, Japón, y Corea del Sur. EEUU el 17% y Unión Europa el 31% del petróleo que consumen, lo adquieren de esta zona.

¿Puede Irán cerrar el pasillo?

En Teherán, el debate gira en torno a la posibilidad, la conveniencia y el cuándo del cierre del estrecho, mientras EEUU señala la Convención de la ONU, que permite a los barcos navegar por este tipo de vías. Irán, por su parte, apela a las leyes marítimas que le autorizan impedir la entrada de buques en sus aguas si “perjudican la paz, el orden o la seguridad de dicho Estado”. Y esto es el caso.

La República Islámica advierte que si no hay paz y seguridad para Irán (y la exportación del petróleo  es una cuestión de seguridad nacional) no las habrá para nadie. Su línea roja -por determinar- oscila entre recibir más sanciones y una agresión militar.

A falta de capacidad técnica para cerrar el canal, Irán podrá detener el flujo energético atacando los barcos y plataformas petrolíferas de los vecinos árabes, considerados traidores. En unos días pondría el mundo patas arriba. “¡Que mueran conmigo los filisteos!”  dijo Sansón.

Ahora bien. Que tengan un plan no significa que quieran ejecutarlo. El propio Irán utiliza este paso para exportar su petróleo y recibir mercancías, incluidos alimentos y gasolina. Las voces serenas piden distensión; consideran un susidio bloquear la vía, pues, sería una declaración de guerra a  EEUU y los vecinos árabes. Además países como China, India o Irak dejarían de ser “no-enemigos”. ¿Por qué no un bloque amplio contra la militarización del Golfo Pérsico?

La perspectiva de una guerra, ha empujado a las petromonarquias árabe no sólo armarse hasta los dientes, sino también buscar líneas de exportación alternativas para esquivar el Estrecho de Ormuz, y así disminuir el peso estratégico de Irán. Turquía e Israel se frotan las manos. Una se convertiría en una ruta energética del Oro Negro y el otro, porque sí.

Emiratos Árabes ha inaugurado el Oleoducto Hashan-Fujairah en el Mar Arábigo; Qatar construye una terminal desde Iraq hasta Turquía; Arabia Saudí ya envía petroleo desde Abqaiq al Mar Rojo, y provee la reapertura de un viejo conducto Irak- Turquía. Los jeques saudíes sueñan con transportar el fuel hasta el Mediterráneo vía Siria una vez que consigan derrocar a Assad.

EEUU iniciará esa nueva guerra si ve que puede garantizar la seguridad de Israel y de sus efectivos en la región, mantener el suministro actual de petróleo en el mercado, y hacer milagro impidiendo que su precio toque el techo de 250 dólares el barril. EEUU no es Dios, solo es una superpotencia.