Opinión · Punto y seguido

Alianza de Civilizaciones: “un canto de sirena…

…que no interesa a nadie”. Así opinaba Mariano Rajoy acerca de la idea denominada Diálogo de Civilizaciones lanzada, en 2005, por el ex presidente de Irán, Mohammad Jatami, como antídoto del Choque de Civilizaciones coartada teórica de George Bush y sus socios “cristiano-occidentales” que, vestidos de armaduras pretendían conquistar las regiones ricas en recursos naturales ubicadas en países, casualmente, de profesión musulmana.

Al final no hubo Diálogo, sino directamente Alianza, promocionada por la ONU en 2007 y encabezada por España y Turquía, miembros de un pacto militar, la OTAN, el mismo impulsor de las guerras “religiosas” y otras de impacto planetario. ¿Bomberos pirómanos? Proponen una unión entre el Occidente y el mundo musulmán para combatir el terrorismo vía no militar.

Pero, ¿qué terrorismo? Si esta semana EEUU ha sacado de su lista de grupos terroristas a la organización iraní de Muyahedines del Pueblo (una poderosa secta religioso-política de derechas), no es porque ésta haya dejado de utilizar el terror en su acción contra la República Islámica, sino justamente por no haberlo hecho. La consideró como tal, cuando en la era del Sha atentó contra varios militares estadounidenses en Irán. Arbitrariedad en la definición, lo mismo con  la que un día llamaron a los Taliban y Al Qaeda “luchadores por la libertad” y otro, “peligro para la humanidad”.

Con el mismo empeño que gastan millones de dólares y euros en fabricar una imagen deshumanizada del “otro” y promueven miedo y odio entre los fieles de distintos credos para justificar sus guerras, organizan encuentros como lo que se celebró en Madrid ( 2008) reuniendo a unos 350 cardenales, obispos, rabinos, muftíes y ayatolás, para discutir sobre el Arca de Noé (!), mientras disfrutaban de unas vacaciones “divinas” pagadas por los contribuyentes.

La idea de Alianza de Civilizaciones padece de varios males: uno, reduce la civilización –que es la suma decostumbres, ideas, creencias, y conocimientos científicos y técnicos de grupos humanos-,  a la religión, este sistema de ideas sobrenaturales acerca de la creación. Dos, simplifica identidades complejas y las subraya con la etiqueta religiosa. El inventado mundo musulmán, compuesto por civilizaciones milenarias, incluso preislámicas, unos 54 países, con cientos de lenguas, grupos étnicos, culturas, vivencias distintas, no se entienden en clave religiosa. ¿Dónde se colocaría a los 4 millones de izadíes, que adoran al Satanás? ¿Cómo se explica que un pakistaní musulmán se entiende mejor con un indio hinduista que con un marroquí mohametano? Tampoco el chili es lo único que divide a los mejicanos de los polacos, cristianos

Los medios de comunicación que, tras  destruir la multitud de percepciones que se habían formado en cada país sorbe el “otro” -en base de las experiencias propias y el sentido común-, determinan cómo debemos ver al resto del mundo, y nos venden una sola imagen –y por lo tanto irracional y distorsionada- de una pluralidad asombrosa, y consiguen que, de repente, la presencia del foráneo provoque paranoia.

Tres, que su objetivo es desviar  las atenciones del principal problema de la humanidad: las injusticias económicas que matan a millones de personas. Dijo Fukuyama, en 1992, que con la caída de la URSS “La historia había muerto”. Pensaba que con ella e iba a terminar la lucha contra el darwinismo social del capitalismo.

La diferencia entre sistemas de valores culturales y religiosas nunca han sido motivos reales de las guerras. El presidente de la República Alemana, Horst Köhler tuvo que dimitir cuando reveló el secreto a voces: que la invasión a Afganistán había sido por intereses económicos.

Lo más perverso de este proyecto es ofrece mayor protagonismo a la religión, y consolidar su presencia como actor social y político, echando por la borda el trabajo de las fuerzas progresistas de todo el mundo en devolverla al espacio privado.

En el choque de los fundamentalismos, la extrema derecha europea islamófoba identifica a millones de personas con los oscurantistas islámicos occidentófobos, minoría totalitaria y antimoderna que es presentada por un sector de la izquierda europea como antiimperialista, a pesar de que nieguen la igualdad de derechos entre las personas y también las diferencias de clases.

La barbarie es patrimonio de toda la humanidad al igual que la sabiduría, la bondad, y la generosidad.

Una vez en el Concejo de Seguridad, defender la Alianza de Civilizaciones a cambio de que España obtenga un escaño, y encima no permanente, en el CS, es irracional. Siendo nuestro país socio de la OTAN, y  carente de una política exterior independiente de los intereses de EEUU, su admisión no sería precisamente una buena noticia para la paz mundial.

Ya en sí, el CS es un organismo antidemocrático, y no solo porque un puñado de países se han regalado el derecho a dejar en agua de borraja las decisiones de la mayoría de las naciones del mundo, sino también porque dentro y fuera de él manda EEUU, respaldado por la cantidad y la calidad de las armas mortíferas que posee y por demostrar que no le tiembla las manos al utilizarlas contra cientos de miles de civiles.

El CS atiende aquellas cuestiones que afectan a sus intereses, e ignora cerca del 80% de los conflictos, como los de Costa de Marfil, Burundi, Sudán, Cachemira o Congo, donde miles de personas han perdido la vida y millones han huido hacia ninguna parte.

¿Pediría España una solución justa para el pueblo saharaui, por ejemplo?