Opinion · Punto y seguido

33 reflexiones sobre la ausencia de un movimiento antimilitarista

Pasan siete años de la guerra de Siria y tres de la brutal agresión militar de una veintena de países a Yemen y aún ha habido ni una sola manifestación considerable exigiendo su fin. EEUU y sus socios planean nuevos ataques militares contra varias naciones, mientras mantienen abiertas las guerras de Irak, Afganistán (la más larga de la OTAN), Libia, Sudán y Somalia que destrozan la vida de millones de personas cada día.

La guerra ya no es “el último recurso para resolver los conflictos entre los estados” sino  otro negocio redondo del capitalismo, vendida por los mercaderes de armas y saqueadores de los recursos naturales ajenos como panacea para salvar a la humanidad de los monstruos que ellos mismos fabrican, haciendo de “bomberos pirómanos”.

Desde la Segunda Guerra Mundial sólo ha habido dos grandes movimientos por la paz: contra las guerras de Vietnam y de Irak.

Vietnam: los rasgos de unas protestas históricas

  1. Empezaron después del inicio de la invasión: la guerra fue televisada y todo EEUU puedo ver cómo sus 500.000 soldados arrasaban cultivos y aldeas y masacraban a los civiles. Las imágenes conmocionan al mundo entero.
  2. La llegada de los cadáveres de los soldados de EEUU a su tierra: un total de 58.000 jóvenes afroamericanos y de la clase obrera, reclutados forzosamente: un tal George Bush -blanco y rico-, se escapará de “servir a la patria” y sería presidente de EEUU más tarde.
  3. El Movimiento por los Derechos Civiles de los afroamericanos de EEUU se fusiona con el movimiento contra la guerra, creando una impresionante fuerza.
  4. No convence el pretexto de “Eliminar a los comunistas del Vietcong”: ¿Realmente el pequeño país del sudeste asiático era una amenaza para la superpotencia en América?
  5. La resistencia vietnamita es progresista y las fuerzas de izquierda en todo el mundo se vuelcan en solidaridad con sus camaradas dirigidos por Ho Chi Minh. El apoyo de los países socialistas fue determinante en la victoria de Vietnam.
  6. Artistas como John Lennon con su “Imagine” o Joan Baez que viaja con su guitarra hasta Vietnam, se convierten en la voz de este movimiento.

Irak: otra experiencia exitosa, aunque a medias

  1. El “No” a la guerra empieza antes de su inicio. La ONU, y los grandes medios de comunicación vinculados al Partido Demócrata revelan las mentiras del régimen de Bush, mientras tiran del “síndrome de Vietnam”. El senador Barak Obama se hace notar y ve su oportunidad: Prometerá salir de Irak (y de Afganistán), pero nunca lo hará.
  2. Francia y Alemania se oponen a EEUU con el fin de salvar sus inversiones en Irak y su posición en la región; el Comité del Nobel sueco le entrega a Barak Obama, el gatopardo, un disuasorio, “preventivo” e inútil premio de Paz. La agresión contra Libia llevará su sello particular: lanzar guerras sin ser visible.
  3. El movimiento antiglobalización proporciona al movimiento pacifista su logística y a millones de activistas, sus organizaciones y sus redes.
  4. Que Irak sea una de las principales reservas mundiales del petróleo aumenta las sospechas (algo que la invasión a Afganistán no hace). En realidad, el objetivo de EEUU fue colonizar Irak e instalar a las tropas de la OTAN en el corazón de Oriente Próximo.
  5. En España, y a pesar de que la intención de los autores intelectuales del atentado del 11-M fue convencer a los ciudadanos de la “necesidad de aplastar a los terroristas” y mantener ocupado a Irak, la consigna del pueblo se centró en sacar a SUS tropas de aquel país (ya no el “fin de la guerra”). Una vez que el presidente Zapatero cumplió con esta exigencia, la guerra, que continua hasta hoy, cayó en olvido.

No pudimos parar la guerra: parte de la población iraquí (los árabes chiitas y los kurdos sunnitas) fue engañada y apoyó la invasión.

Desaparece el movimiento por la paz

Mientras las fuerzas de derecha lanzaban el “Diálogo de civilizaciones/religiones” para paliar las consecuencias de las guerras, la izquierda casi desaparece del mapa, y aquí algunos motivos:

  1. La frustración generada por “no poder hacer nada” ante el poderío del militarismo.
  2. Los promotores de las guerras, aprendiendo de la experiencia de Irak, las empezaran a vender como “humanitarias” (Libia), “contra el terrorismo”, utilizando el 11-S (Afganistán, Mali), e incluso simplemente las ocultaran como la de Yemen.
  3. Utilizar a mercenarios alias “contratados” de distintos países en vez de enviar a los soldados propios de la “Mili”. Así, no habrá una “avalancha de féretros” y por ende, protestas de familiares. España suele contratar a los latinoamericanos: Entre el 2007 y el 2016, doce de ellos han muerto vistidendo el uniforme del Ejército Español en las misiones internacionales. Según el periodista Miguel González, en 2012 había 3.591 latinoamericanos en los cuarteles de España. Unos mil euros y los “papeles” previamente retenidos, son toda una tentación para los jóvenes que huyen de la pobreza, también organizada previamente.
  4. La privatización de los ejércitos y el auge de empresas reclutadoras de lumpen proletariado dispuesto a matar y morir por dinero, como la Contra nicaragüense, Al Qaeda (y sus filiales “Estado Islámico”, “Muyahedines” “Rebeldes” etc.), Blackwater (ahora Xe Services), etc. En Siria, los grupos yihadistas sunnitas y sus facciones defienden los intereses de Turquía, EEUU, Israel, Arabia Saudí, Emiratos Árabes, Qatar; el grupo chiita Fatemiyun es contratado por Irán, y Wagner por Rusia.
  5. Los grandes medios de comunicación ya censuran las imágenes del sufrimiento de los civiles en las guerras bajo el pretexto de “no herir la sensibilidad de la audiencia”, y en su lugar transmiten vídeos de militares repartiendo caramelos entre los niños, que no abusando de ellos. Han “deshumanizado” a las víctimas, llamándoles “daños colaterales”. Bajo lemas de “apoyar a las tropas”, han amordazado hasta a algunos líderes de izquierda, que llegan a mandar saludos navideños con videoconferencia a unos compatriotas armados hasta los dientes que han se han apoderado de la tierra de otras naciones.
  6. Presentar la “resistencia” en los países agredidos, como Talibán, “Yihadismo”, etc. impidiendo suscitar simpatía con la nación atacada y la verdadera resistencia.
  7. El que Rusia y China -considerados por un sector de la izquierda “países enemigos de EEUU” no vetaran la agresión de la OTAN a Libia, o que Rusia participara en la guerra de Siria.
  8. La confusión existente en los escenarios de guerra, al no saber quién es “el bueno” y quién “el malo”: EEUU arma a los kurdos para que luchen contra Daesh, mientras arma a Daesh para que desmantele al Estado sirio y, de paso, viole a las mujeres kurdas, árabes, turcomanas, etc. ¡Eso sí, después se premiará con un Nobel de la paz a una de ellas por sobrevivir a la violación y esclavitud!
  9. Existe un sector del progresismo convencido de poder convertir una guerra en una revolución social, poniendo el ejemplo de la Revolución de Octubre del 1917 de Rusia. Algo imposible hoy, teniendo en cuenta el poderío militar devastador de los países imperialistas. Intervenir en una guerra en nombre del progreso es hoy no es una estupidez, sino es una estafa.
  10. Centrarse en manifestaciones y denuncias, descuidando un trabajo continuo de concienciación de los ciudadanos y mostrar los motivos y las consecuencias de las guerras contra otros seres humanos. Se puede preguntar qué hace España en Mali, por ejemplo, o en Afganistán y en el Líbano. ¿Cuál es su grado de implicación en la muerte de decenas de miles de sirios y yemeníes?, entre otras preguntas.
  11. El error de convertir en fetiche al imperialismo, como la fuente de todas las guerras del mundo, manteniendo el viejo enfoque del “Norte contra el Sur” y perdiendo de vista la “visión de clase”: La guerra de Siria, por ejemplo, es principalmente un conflicto entre las potencias de la región.

Lo que podemos hacer

Ya que el chollo de la interminable “guerra contra el terror” y luchar contra los “Estados canalla” promete alcanzar nuevas naciones y otra década, es primordial crear un amplio movimiento antimilitarista:

  1. Convertir el “No a la guerra, bajo ninguna bandera, ni denominación y concepto” en un principio inamovible, al igual que el “no a la tortura”.
  2. Relacionar lo local con lo global: recordar a la población que es imposible construir una sociedad justa participando en la matanza de otros pueblos, y cerrar los ojos a los crímenes que se hace a nuestro nombre.
  3. Señalar que el objetivo de las actuales guerras no es un “cambio de régimen” (podrían hacerlo como antaño con golpes de estado o magnicidios), eliminando a Bin Laden, Asad, Sadam o Gadafi, sino colonizar países estratégicos.
  4. Dejar de llamar “democrático” al Estado que participa en la matanza de millones de personas “extranjeras”. Martin Luther King acusó al gobierno de los EEUU de ser el “el mayor proveedor de violencia en el mundo“.
  5. Revelar que con el millón de euros que cuesta un misil Tomahawk se podría evitar la muerte de algunos de los 100.000 niños que hoy se morirán de hambre. Donald Trump, que ha creado un gabinete para nuevas guerras, intenta que sus socios de la OTAN paguen más y pongan más carne de cañón. El gasto militar de EEUU, unos 603.000 millones de dólares en 2018, es equivalente a la suma de las siguientes 14 potencias; ha tenido un aumento de 25.000 millones con respecto al año 2017, tendrá otro de 16.000 millones para el 2019, recortando los fondos para vivienda pública, atención médica y educación, medio ambiente, etc.

España ha destinado 32.000 millones de euros al gasto militar y al control social en 2018, según el Grupo Antimilitarista Tortuga, lo que supone un incremento del 10,7% respecto al año anterior (unos 80 millones al día), mientras 10,2 millones de personas (el 22,3% de la población) viven por debajo del umbral de la pobreza.

  1. La educación para la paz en el colegio, para que en el futuro nadie sea capaz de manipularles, enviándoles a poner bombas o lanzar misiles para eliminar a otros seres humanos.
  2. Invitar al movimiento ecologista como parte de esta lucha: cantidad de bombas descargadas sobre Irak desde 1991, y sobre Afganistán desde 1980 hasta ahora, no sólo ha sepultado a cientos de miles de personas, sino ha contaminado la tierra, el agua y el aire, y ha producido daños medioambientales de graves consecuencias para el planeta. Dichos países han sido cementerios de uranio empobrecido y terrenos para probar nuevos artefactos bélicos.
  3. Trabajar con los inmigrantes, ya que un importante sector ha huido de las guerras y conflictos armados.
  4. Integrar al poderoso movimiento feminista: las mujeres aquí y allá son de las principales perjudicadas por el militarismo.
  5. Implicar a organismos mundiales existentes para un cambio positivo basado en la cooperación y la responsabilidad entre los estados.
  6. Insistir en el consumismo ético: no al petróleo de otras naciones, ni a su coltán, a cualquier precio.