Opinion · Punto y seguido

Las tres crisis de Iraq (II): una violenta ‘desiranización’ de Bagdad

Iraq sigue viviendo unas jornadas de protestas sociales mortales y una tensión política sin precedentes desde 2003. La incompetencia de los gobernantes y la injerencia de las potencias regionales en esta colonia de EEUU le está empujando hacia dos nuevas amenazas: 1) un golpe de estado “sunnita”, auspiciada por la coalición anti-iraní formada por EEUU, Israel, Reino de Arabia Saudí (RAS), Emiratos Árabes Unidos (EAU) y Turquía, contra el régimen chiita de Bagdad y en complicidad con parte de las  autoridades, o 2) una guerra “civil” delegada y patrocinada por las estados involucrados.

El incendio del consulado de Irán en Karbala (y la de EEUU en Basora el año pasado) manifiesta la interrelación del actual malestar social con la geopolítica del país.

Las 4 decisiones de Bush

La lucha encarnizada entre los países de la zona para dominar Iraq se debe a los cambios que produjo EEUU en este país tras 2003:

  1. Destruyó el estado de corte “nacionalista árabe sunnita” de Bagdad e instalar en su lugar una teocracia chiita (obviamente de derechas), provocando la ira de los países sunnitas y de Israel por “haber entregado el país a Irán”, afirman.
  2. Rompió el país en la línea étnico-religiosa, creando una Región Autónoma Kurda (RAK), enfrentándola a sus hermanos árabes, además de poner la base de un futuro país kurdo, si consigue minar también a Siria, Turquía e Irán.
  3. Dividió el nuevo Iraq, en “chiitas, sunnitas y kurdos”, mezclando las identidades religiosas con otra étnica, cuando los kurdos iraquíes en su mayoría son sunnitas.
  4. Insistió en que el nuevo sistema político sería democrático porque entregaba el poder a la mayoría, los chiitas, cuando 1) Los iraquíes, que nunca habían vivido bajo una teocracia, y 2) los chiitas no son la mayoría: la suma de los árabes y kurdos sunnitas les supera: éste fue el motivo de la oposición de Obama a la independencia kurda en 2017.

Desde entonces, los rivales de Irán han decidido corregir al Bush y devolver el poder a los no-chiitas, asilando a la República Islámica de Irán (RII).

El 30 de octubre, el primer ministro Abdul Mahdi -acusado por los indignados iraquíes de estar al servicio de la RII-, planteó la posible dimitir y adelantar las elecciones parlamentarias. Cambió de idea en menos de dos días, tras recibir la visita de un equipo de los Guardianes Islámicos de Irán: resistirá ante las presiones del “enemigo”, -declaró-, aunque siguió prometiendo reformas, que son tan imposibles por un gobierno burgués y sectario instalada por tropas imperialistas, como esperar peras al olmo.

El Ayatolá Jamenei, caudillo de la RII, recomendó al gobierno iraquí emplear mano dura contra los manifestantes, similar al que él usó en las protestas de los indignados iraníes en el junio del 2009 (contra el fraude electoral) y enero del 2018 (contra las políticas neoliberales), que sacudieron unas 160 ciudades del país. Sin embargo, Iraq no es Irán, país donde los partidos y sindicatos “no islámicos” están en clandestinidad, y hasta las protestas pacíficas gremiales son perseguidas por “entrar en guerra contra Alá”. El régimen iraquí perderá la poca legitimidad que le queda si provoca un baño de sangre, y colocará a su patrocinador EEUU en un grave aprieto.

Irán en Iraq

Cierto que EEUU ostenta el poder militar en Iraq con cientos de miles de efectivos, 12 bases “declaradas” y unos 400 acuerdos, pero es lrán, el país que comparte 1.458 kilómetros de frontera con su vecino, el que cuanta con una mayor influencia política, social, económica y religiosa. Por lo que, los intentos del primer ministro, – que curiosamente no tiene un partido político propio y, por ende, carece de una conexión organizativa con los ciudadanos-, de crear una relación equilibrada con todos sus vecinos y presentarse neutral en las disputas regionales, no ha dado frutos. Pues, el territorio que durante ocho siglos fue parte del impero persa, ha entrado en su esfera de influencia gracias justamente del derrocamiento de Saddam Husein por EEUU.

La RII está presente en Iraq a través de:

  • Un importante sector de un millón de iraquíes de origen iraní que fueron expulsados por Iraq en 1970 y enviados con lo puesto a Irán, y de otros tres millones que entre 1991 y 2003 se refugiaron en este país, huyendo de las bombas, y que al regresar a su patria mantienen su simpatía al vecino que les acogió.
  • “Una política para Iraq”: La RII, al contrario de las demás potencias regionales, que han establecido conexiones sólo con los centros del poder y operan promovidos por su política “anti iraní, ha tejido una compleja ingeniería de influencias verticales y horizontales (en la sociedad civil), -menos contra otros, y más en favor de sí misma-, ganando una amplia ventaja sobre sus rivales.
  • El poder religioso: además de (re) construir decenas de mezquitas, la RII es la principal proveedora del negocio del “turismo religioso” para los iraquíes: acaba de enviar, por ejemplo, a 2 millones de peregrinos iraníes en 15.000 autocares, y con los gastos pagados a las ciudades santas chiitas de Nayaf y Karbala.
  • Presentarse como la “alternativa benigna” a la hegemonía de EEUU: este ha sido uno de los motivos por el que la mayoría de los partidos políticos iraquíes han tolerado las injerencias de Irán.

Para la RII, Iraq representa:

  • Un terreno donde disuadir a Israel y EEUU en su tentación de atacar a Irán; cuanta con media docena de milicias, compuesta por decenas de miles de hombres armados iraquíes, entre ellas Badr, Asa’ib Ahl ul-Haq o Hashad al Shaabi (Fuerzas de Movilización Popular, FMP), grupo creado para luchar contra ISIS y aspirante a ser como el Hizbolá libanés. El mes pasado, Mike Pompeo en su visita a Bagdad exigió al gobierno su inmediata disolución en el ejército. Sin embargo, una facción de FMP se negó, mientras el resto lo aceptaba encantado: ¡Era una gran oportunidad para aprender a manejar las armas y equipamientos militares avanzados “Made in USA” vendidos a Iraq! Para la RII, Iraq forma parte – junto con Siria y el Líbano-, de un cinturón de seguridad amortiguador que ha construido a su alrededor. La duda es si este expansionismo del islamismo iraní es uno de los motivos de las amenazas a su seguridad o es lo que le han salvado, hasta hoy, de una agresión militar extranjera.
  • Un mercado donde puede neutralizar las sanciones impuestas por Trump: Iraq es el mayor socio comercial de Irán: exhibe en los supermercados del país sus productos, -desde frutas y verduras, hasta la pasta y zapatos-, como una demostración de poder. También ha puesto en marcha el proyecto de la construcción de un oleoducto entre ambos países.
  • Un aliado en una OPEP dirigida por su archienemigo Arabia Saudí.
  • Una ruta para acceder a Siria, y desde allí al Líbano.

Arabia Saudí en Iraq

Riad no sólo cortó sus relaciones con Bagdad en 1991 sino que financió parte de la guerra liderada por EEUU en 2003 para desmantelar el Estado iraquí (aunque fue percibida como “desmantelar a Saddam”). Fruto de las presiones de EEUU, en 2016 RAS reanudó con sus relaciones con Iraq, para hacer contrapeso a Irán. Un año después, el ex primer ministro Haider al-Abadi, fue llevado a Riad (casi arrastras) por el entonces secretario de Estado de EEUU Rex Tillerson al encuentro con el rey Salman, con el fin de coordinar sus políticas en el estratégico país. En julio del 2017, fue el clérigo chiita Moqtada al-Sadr, quien viajó a la tierra de Mahoma para proponerle a los saudíes de si dejan de repudiar el chiismo y lo consideran una escuela más del islam, él ayudaría a RAS abrir un consulado en Nayáf, y así elevar la categoría religiosa de esta urbe frente a la ciudad iraní de Qom, el “Vaticano del chiismo”.

Riad necesita:

  • Coordinar su estrategia petrolífera con este rival, que hoy exporta 5 millones de barriles de petróleo al día y mañana puede robarle los clientes. Además, juntos podrán impedir el regreso de Irán a los mercados mundiales.
  • Proteger los 800 kilómetros de su frontera con Iraq, desde donde las milicias chiitas o los grupos sunnitas anti saudíes pueden infiltrarse en su territorio.
  • Participar en el desabastecido mercado iraquí: Riad ha abierto la frontera terrestre con Iraq y ha reanudado los vuelos comerciales a Bagdad, negocia los aranceles para sus exportaciones, y también facilidades para “importar” trabajadores iraquíes.

Para alcanzar dichos objetivos, RAS tras las amargas aventuras por Siria y Yemen prefiere utilizar el poder blando, y:

  • Apostar, no por el sunismo, sino por el arraigado y creciente “nacionalismo árabe” que antaño fue su bestia negra. Pretende “devolver a Iraq “al seno de la familia árabe”, afirma.
  • Participar en la reconstrucción de Iraq: organizó una gran conferencia con este fin en Kuwait (2018).  También ha ofrecido los puertos saudíes en el Mar Rojo para las exportaciones iraquíes, y un crédito de 1000 millones de dólares para la reconstrucción.
  • Acercarse a los kurdos -el sector Barezani-, incluso defendiendo su independencia, desando romper Iraq: ha seguido la misma política con los kurdos sirios,
  • Utilizar la Liga Mundial Musulmana, y la Universidad al-Azhar de El Cairo, ofreciendo becas a los “seminaristas” islámicos, como medios para propagar su versión del islam en Iraq.

Turquía en Iraq

Los imperios turco y persa, al igual que en el siglo XVI, luchan por el dominio de la región. La posición turca en Iraq no es la mejor:  Ankara se opuso en 2003 al uso de su suelo por EEUU para invadir Iraq, mientras soñaba con hacerse algún día con el control de la ciudad petrolífera Kirkuk, y de la “Perla del Norte” Mosul.

Luego, criticó la nueva Constitución iraquí por asignar el 20% de los escaños del parlamento a los kurdos, y sobre todo por crear una Región Autónoma Kurda. Sin embargo, con habilidad y astucia, Tayyeb Erdogan ha sacado un gran provecho de esta situación, utilizando a los kurdos para sacar ventajas a Bagdad.

  • Las empresas turcas no han sido bienvenidas en Iraq. Decenas han tenido que cerrar después de que el gobierno prohibiese numerosos artículos turcos, proporcionados por Irán, aunque bajo el pretexto de “proteger la producción nacional”.
  • La Turquía neo otomana prefiere abrirse el camino en Iraq vía diálogo, consciente de que Teherán puede volver a jugar la “carta PKK” en el mismísimo corazón de Turquía. Pero, Ankara también utiliza  a los kurdos iraquíes para debilitar al régimen chiita proiraní-estadounidense de Bagdad: le compra petróleo a espaldas de Bagdad, e invierte en el oleoducto kurdo, eso sí, también envía tropas (junto con Irán) a la RAK abortando la declaración de independencia kurda en septiembre de 2017.  La RKI es el tercer mayor mercado de exportación de Turquía y un buen proveedor de petróleo y gas. el Oleoducto Irak-Turquía (ITP) transporta el crudo de Kirkuk al puerto turco Ceyhan en el mediterráneo, desde donde es transportado a Israel, ante la impotencia de Bagdad que lo ha denunciado ante los organismos internacionales  por el robo de su petróleo.

Israel en Iraq

«Kerry recuerda al Congreso que Netanyahu aconsejó a los EEUU invadir Irak», fue el titular de The New York Times del 25 de febrero del 2015. Aquella devastadora agresión contra la nación iraquí, basada en 7 mentiras al servicio de 10 objetivos, sucedía en el marco de la doctrina de Doble Contención de Henry Kissinger con el objetivo de impedir el desarrollo económico, político, social y militar de Irán e Iraq, a beneficio de Israel. El desmantelamiento del  estado sirio también perseguía el mismo objetivo.

Pompeo también señaló a Iraq como el lugar desde donde los drones que bombardearon las instalaciones petrolíferas de RAS se despegaron. Los actuales ataques militares de la aviación israelí a las posiciones de FMP iraquí disparan todos los temores: que en este juego de suma cero, Iraq ya es otro de los escenarios de la guerra con Irán.