Punto y seguido

Israel y la lógica de los vasos comunicantes

Victoria pírrica es lo que le espera, según los sondeos, a Benjamín Netanyahu en las elecciones parlamentarias del 22 de enero. Las políticas sociales y económicas del gobierno de la extrema derecha lanzaron a las calles a cientos de miles de indignados en protesta por el alto costo de la vida, el desempleo y la inflación. De repente, se desmontó el etiquetar de antisemitismo a los críticos con el gobierno israelí. El diminuto país tiene el segundo gasto militar por habitante del mundo, unos 1.430 dólares, (primero es EEUU, con 1.604 dólares), y el año pasado gastó otros tres mil millones sólo en el proyecto de ataque a Irán —revela el ex primer ministro, Ehud Olmert—, por lo que muy poco queda para gastos sociales.

Por otro lado, la élite política del país señala que si la existencia del Estado hebreo está amenazada, y no por los enemigos extranjeros, sino por falta de diplomacia, del pragmatismo y del pensamiento estratégico de Netanyahu, quien a pesar de contar con ventajas militares abrumadoras con respecto a los países de la región, ha sido incapaz de resolver los conflictos con "mano izquierda".

La imagen de Israel ha sido tan dañada que incluso a sus aliados más incondicionales les cuesta defenderle. Cuesta llamarle la "única democracia de Oriente Medio" mientras bombardea a los civiles palestinos de forma sistemática, practica tortura en sus cárceles, segrega a los no judíos del país, e infringe todas y cada una de las resoluciones que la ONU ha aprobado en su contra.

Un muro, dos muros, más muros

En vez de aplicar la distensión y abrirse a los vecinos, los gobiernos israelíes construyen altas y largas vallas con sensores electrónicos para garantizar la seguridad  de sus ciudadanos. Un muro erigido dentro de Cisjordania de 721 kilómetros, otro 230 en su frontera con Egipto, otro que levantarán a lo largo de los Altos de Golán ocupados, y un cuarto para no ver a los jordanos. Una forma inútil de encerrar a sus propios ciudadanos con la psicosis de "que viene el Coco", aunque eficaz en camuflar la mirada miope de los dirigentes israelíes —con mentalidad de tribu— que tras llegar tarde a su cita con la historia, se han atrincherado detrás de los sacos de arena, manipulando los artefactos más avanzados de destrucción masiva que ha fabricado el estúpido ser humano. Acechan para apoderarse de tres tesoros que tienen los vecinos: territorio, agua y petróleo.

Un balance negativo

Estropear las relaciones con EEUU, congelar el proceso de paz con los palestinos, no tener iniciativas con el nuevo Egipto, perder a un aliado de la talla de Turquía, y sobre todo diseñar un ataque unilateral a Irán, "exagerando" su peligro, como denuncia Sahul Mofaz, ex ministro de defensa, con el fin de "desviar la atención de los problemas socioeconómicos del país", han aislado y debilitado a Israel. Demasiada pérdida en poco tiempo.

Netanyahu no se ha dado cuenta del cambio de la era a nivel internacional: su mentor americano ha dejado de ser la única superpotencia, y una incipiente multipolaridad creciente, pone fin al privilegiado estatus.

Hoy, Israel se enfrenta a varios desafíos:

Palestina: Hamas y la Autoridad Palestina se acercan para actuar como el Estado observador que ya son, e impedir que Israel se anexione Cisjordania, y encima niegue a sus habitantes el derecho de la ciudadanía sometiéndoles a un régimen de apartheid. Así, Tel Avive acabará con el compromiso de "dos pueblos, dos estados", y se enfrentará a una cuestión vital: ¿o Israel quiere ser un Estado de judíos y para judíos —proyecto sionista—, o parecer una democracia, cuyo principal rasgo es la igualdad de sus gentes ante la ley, sean de la etnia y religión que sean. Son dos proyectos incompatibles.

Siria: impedir que los grupos islamistas se hagan con el poder cuando los enemigos del Estado sirio acaben con Bashar Al Asad, enemigo leal de los israelíes. Habrá tiempo para fabricar un sustituto, mientras el país se convierte en un montón de escombros, como sucedió con Irak, otro rival de Israel.

Jordania: la tierra ya tiembla bajo los pies del rey Abdalá II. Miles de personas, dirigidas por los Hermanos Musulmanes (más beligerantes con Israel y EEUU que los de Egipto y Turquía) protestaron durante días contra la subida del precio de los carburantes. Y cuando se le ocurrió al monarca resolver el problema mediante la construcción de reactores nucleares, Tel Avive boicoteó la venta de dicha energía. La derecha israelí carece de propuestas que resuelven el conflicto, vive de la crisis que crea dentro y fuera del país.

El nuevo Egipto: mantiene abierto el paso de Rafah, rompiendo el inhumano e ilegal bloqueo sobre Gaza. Además, Israel no sólo teme que Mohammad Mursi revise el acuerdo sobre Sinaí —y allí instale tropas—, o que deje cruzar a los barcos iraníes por el Canal de Suez, sino que también planee contar con un reactor nuclear para garantizar su soberanía energética.

Irán: que acaba de rechazar cualquier oferta a cambio de paralizar el enriquecimiento de uranio, avivando aun más los debates en Israel acerca del cómo y el cuándo del ataque contra las instalaciones nucleares iraníes. En el fondo, Irán cree que visto lo sucedido en Irak y en Libia (y a pesar de ser ambos amigos de Washington), con o sin grandes armas, EEUU y sus socios siempre tendrán pretextos para hacerse con el control de los recursos naturales de otros. Barak Obama ha fijado junio de 2013 como fecha límite en que se agota el plazo para una salida diplomática de la crisis con Irán. Fecha que coincide con las elecciones presidenciales iraníes. Quizás espera que haya protestas populares contra un sistema electoral muy especial en el que los candidatos deben ser varones, chiitas y tener la bendición del ayatolá Alí Jamenei. Obama se arrepintió de no apoyar al Movimiento Verde del junio del 2009, y es poco probable que los iraníes vuelvan a desafiar el contundente poderío del sistema. Lo cual aumenta el peligro de una confrontación militar. Aquí, el gran logro de Netanyahu ha sido "que el mundo haya decidido resolver el problema iraní" para él y no para el mundo, ha dicho. Pues Obama le ha asegurado que cuando ponga fecha al ataque lo llevarán a cabo, no los pequeños halcones israelíes, sino las gigantes palomas americanos.

La iniciativa Israel Loves Iran lanzada por el israelí Ronny Edry, con miles de apoyos entre sus compatriotas y saludada por los iranís, muestra la preocupación de ambos pueblos por una guerra en mayúsculas.

Oriente Próximo necesita de un sistema de seguridad negociado, que anime a Israel a retirarse de los territorios ocupados, congelar los asentamientos, y empezar las negosaciones con palestinos y con todos los países de la región, incluido Irán, evitando así un apocalipsis de cuyo fuego no se salvará ni el "pueblo elegido por Dios".