Punto y seguido

Turquía, sin la reforma

La montaña parió un ratón. Las expectativas sobre la reforma constitucional se truncaron. Aumentan algunos derechos civiles y el poder del ejército mengua, pero ni una mención al principal problema del país: el kurdo. La Carta Magna sigue definiendo la turca como la única etnia digna de ciudadanía, ignorando a 15 millones de kurdos.
No pocos turcos han votado en contra, temerosos de que la judicatura se someta a la mayoría parlamentaria islamista. Pero la abstención y buena parte de los noes emana de la población kurda, desesperada por el menosprecio hacia sus anhelos. El kemalismo les redujo a turcos montañeses y ahora el islamismo les disuelve en la umma o comunidad creyente, cuyos miembros son iguales a los ojos de Dios y sometidos al imperio de varones, ricos y fieles ante la ley. Siguen las detenciones y torturas, las políticas asimilacionistas, las expulsiones de sus fértiles tierras, ricas en petróleo, y luego, para que sus almas hallen la paz, se les envían más y más clérigos.
Tras décadas de laicismo agresivo, la élite se renueva con la burguesía conservadora religiosa, que mantiene marginados a los no turco-sunnitas del país; les priva de sus derechos elementales, pero se rasga las vestiduras por defender el velo como un derecho básico. La moral religiosa avanza: propone la separación de sexos en los espacios públicos como los parques, penalizar el adulterio y hasta regular la poligamia. ¿Está practicando la taqiyya, disimulo que permite al practicante ocultar sus fines?
El Gobierno turco actual recuerda al iraní de la década de 1970, capitalista, musulmán, conservador, y aliado de Occidente e Israel. Les diferencia que en el Teherán de entonces había menos cabellos tapados que en el presente Estambul.
Si bien los partidos religiosos representan a las clases altas (a pesar de lo que proclaman) y se oponen al progreso, los islamistas además cometen el error de imponer el modo de vida e incluso la indumentaria de las gentes de la Arabia del siglo VII a las naciones musulmanas que en su gran mayoría no son árabes, provocando así recelo y descontento.
Quizás la mística sufí todavía pese en el islam turco. Pero las religiones son tolerantes, hasta que tienen el mando.