Trabajar cansa

No abran más el horno

"Entiendo perfectamente que todos los ciudadanos reclamen una justicia más ágil, pero hay determinados asuntos que llevan más tiempo." -María Teresa Fernández de la Vega, vicepresidenta del Gobierno-  

                         

Para aliviar la espera de más de tres años por la sentencia del Estatut, nos entretenemos con metáforas cocineras, que dan mucho juego y engañan el hambre. Así, los comentaristas dicen que los magistrados están cocinando la sentencia, que la misma sigue en el horno, o que está a punto de ser servida. También oímos que el tribunal tiene una patata caliente, denunciamos que está pasteleando para contentar a todos, y advertimos que se les va a pasar el arroz si siguen deliberando. En cuanto a la sentencia, hay quien teme un trago amargo, y quien espera que se lo endulcen.

Entre todas las posibles imágenes -nada extrañas, pues nuestra lengua está llena de expresiones culinarias-, la mejor sin duda es la del suflé, uno de esos pasteles que se hacen al horno y que tienen que subir con el calor, pero que se vienen abajo si abres el horno antes de tiempo. Así cocinan los magistrados: dejan que la sentencia crezca al calor de las deliberaciones, y cuando la cosa ya va tomando consistencia, abren de repente la puerta y dejan que salga el olorcillo del posible fallo, para ver cómo reacciona la opinión pública.

Con la filtración nos van haciendo el cuerpo, van preparando el terreno para lo que salga: cuántos artículos tumbarán, cuántos retocarán, qué mayoría se conforma para la votación final. Luego se suceden las reacciones políticas y mediáticas, opinan unos y otros, como un entrenamiento para el día en que toque hacer la rueda de prensa para valorar el fallo definitivo, y de paso afinan otro poco el comunicado que todos tiene ya preparado para el gran día.

Pero claro, cada vez que abren la puerta el pastel se viene abajo, y otra vez hay que esperar a que coja calor y levante. Lo que deberían tener en cuenta los cocineros constitucionales es que uno no puede hornear una masa indefinidamente, subiendo y bajando una y otra vez, pues acabará por chamuscarse. Y al final, con tanto buscar un fallo que sea digerible por todos, no va a haber quien se lo trague, y no va a alimentar a nadie.