Trabajar cansa

Que pidan perdón, aunque tampoco sirva

"Yo no les creo. Si anteayer fueron capaces de los peores crímenes, por qué no van a mentir, si mentir es el más fácil de los delitos." -José Bono, presidente del Congreso-

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¿Que Batasuna rechaza la violencia y se desmarca de ETA? Bueno, pero no ha pedido perdón, y además está mintiendo, responden los contrarios a su legalización. ¿Y si mañana pidiesen perdón a las víctimas de ETA? Nada, nada, insistirían, no hay que creerles, lo hacen sólo para ir a las elecciones, pero no es sincero, es un perdón-trampa. ¿Y si además se someten a la ‘máquina de la verdad’? Ni por ésas: dirían que está amañado, y que es un polígrafo-trampa.

Parece obvio, pero hay que recordar que ni pedir perdón ni ser sincero son condiciones legales en democracia. Sobran los ejemplos de políticos que han mentido o que nunca han tenido una palabra de disculpa por sus delitos o errores. Lo que no quita para que mañana mismo reformen la ley de partidos e incluyan la petición de perdón y la verdad como requisitos, todo es posible.

Pero mientras eso no ocurra, el perdón es una categoría moral, no legal. Tampoco tienen valor legal el odio o la revancha, por legítimos que sean, ni la falta de reparación a las víctimas, que siempre son reparadas por el Estado, no por sus verdugos. Serán los ciudadanos, los votantes, quienes premien o castiguen la sinceridad, el arrepentimiento o la consideración con las víctimas, pero no los jueces.

Dicho lo cual, pese a que el perdón no sea un requisito legal, ni además sirva para vencer la desconfianza, creo que los miembros de Sortu, ayer Batasuna, deberían pedir perdón. Tal vez no ayudaría a su legalización, pero precisamente por eso, porque no se lo exige ninguna ley, tendría más valor una petición de perdón.

No me gusta la ley de partidos, y tengo esperanza en los pasos dados por la izquierda abertzale. Pero al mismo tiempo me repugna la resistencia de sus portavoces a pedir perdón por el daño causado, el cuidado extremo con que pronuncian cada palabra, los giros retóricos calculados para que no se les escape nada que suene a arrepentimiento o disculpa.

Sé que es difícil, pero no imposible. Cuestión de tiempo. El rechazo a ETA era impensable hace no tanto, y sin embargo ha salido de esas mismas bocas que hoy se cierran al perdón.