Lo que importa del sistema educativo

 

Así nos va como nos va en este bendito país: fíjense lo que ha pasado con la publicación del estudio anual de la OCDE sobre la educación en los países más industrializados. Se publican los datos, y allá vamos todos (yo el primero, por supuesto) a buscar el indicador verdaderamente importante: ¿el porcentaje de fracaso escolar? ¿El gasto público en educación en comparación con otros países? ¿El puesto que ocupamos en todos los niveles de enseñanza respecto a nuestros vecinos?

Nada de eso: el dato verdaderamente importante, del que todos hablábamos ayer, era cuántas horas trabajan los profesores, y cuánto ganan. Las portadas de la prensa, y los debates en las tertulias, se centraban en si los docentes echan más o menos horas que en otros países.

Y ni siquiera en eso había acuerdo, pues ya sabemos que los datos siempre son interpretables. Según unos, los nuestros son los que menos trabajan del mundo, atendiendo a las horas totales. Según otros, si contamos las horas lectivas están más cargados que sus colegas de otros países. Por si fuera poco, el estudio añadía otro dato tanto o más importante: el salario. “Los mejor pagados”, repetían ayer algunos. “Los que más ganan y menos trabajan”, subrayaba un periódico, alimentando nuestro rencor de trabajadores explotados y mal pagados.

Y si alguien no encuentra suficiente agua para arrimar a su molino, será que el informe está equivocado, como sostiene la consejera de Educación madrileña, para quien el problema es que no han contado bien las horas.

El documento de la OCDE incluía otros datos menos importante, minucias, anécdotas: que seguimos siendo uno de los países con más fracaso escolar, con más jóvenes que sólo tienen estudios obligatorios (36%, el doble que el resto de países); que estamos a la cola en inversión, muy por detrás de los países que, por algo será, tienen los mejores sistemas educativos.

La conclusión del informe es que nuestro punto más débil es la Secundaria, precisamente donde más están hoy metiendo la tijera. Como si un estudio sobre el sistema sanitario nos dijese que se nos mueren más pacientes que en otros países, y sin embargo redujésemos el número de médicos. El informe también dice que no todo son malas noticias, hemos mejorado en algunos indicadores. Pero da igual: tijeretazo, y a seguir siendo los últimos de la clase.