Ya podían los ricos salir en manifestación

 

Bueno, pues ya tenemos impuesto a los ricos, ya podemos pasar a otra cosa. Si se cumple lo previsto hoy, el Gobierno y el candidato Rubalcaba habrán cumplido su promesa de repartir los sacrificios, para que la salida de la crisis no recaiga sólo sobre los trabajadores.

Pues vaya, no les veo cara de entusiasmo. ¿No les alegra? ¿No es lo que llevamos tiempo pidiendo? ¿Ni siquiera les da un poco de gustito, por el rencor que todos sentimos hacia los “ricos”? No, ya veo que no. A mí tampoco, para qué engañarnos. Tanto marear el asunto durante meses, para al final quedarnos en tan poca cosa.

Si, menos es nada, no lo niego. Bienvenidos sean los millones que se ingresen, que no estamos para desperdiciar nada. Pero aunque menos sea nada, sigue siendo menos, y un menos muy cortito. Si se compara con lo que se ha dejado de recaudar tras años de relajación fiscal, y si se tiene en cuenta el esfuerzo que estamos haciendo los trabajadores, el menos se aproxima demasiado a la nada.

Para que la medida fuese más creíble, y despertase más entusiasmo en los ciudadanos, los ricos podían haber pataleado un rato, protestado, incluso salir en manifestación. De la misma forma que el malestar social, las huelgas y disturbios, dan credibilidad a los planes de ajuste de los gobiernos ante los mercados y las autoridades financieras –cuanto más protestan los trabajadores, más certeza de que un país va por el buen camino-, la reacción de las grandes fortunas podría ser la medida de hasta qué punto les afectan o no las medidas.

Aunque fuese en plan paripé, ya podían haber salido a la calle los dueños de esos grandes patrimonios. Pero nada, no protestan, ni ellos ni los mercados, siempre tan delicados y que ahora parecen no haberse ni enterado del nuevo impuesto a los ricos. Ni la prima de riesgo se conmueve unos puntitos.

Por eso, para muchos, el debate abierto sobre la fiscalidad, y la manera en que concluye, lejos de calmarnos nos irrita más aún. Porque si algo hemos confirmado, al ver los datos que estos días se publican sobre los posibles declarantes del tributo, es que somos un país muy desigual, en el que hay ricos muy ricos, que además contribuyen muy poco. Que España no tiene un problema de falta de dinero, sino de cómo está repartido; que no hay escasez, sino desigualdad. Y que es más urgente que nunca una reforma fiscal a fondo.