A Europa no le gustan las prisas

 

Leo en el periódico que la Comisión Europea, por boca de su presidente, ha propuesto una tasa a las transacciones financieras, y lo primero que pienso es que un duende de imprenta ha traspapelado una noticia vieja y la ha publicado de nuevo. Pero no, compruebo en el resto de medios que es de ayer: la Comisión propone una tasa a las transacciones financieras. ¿Cuántas veces en los últimos dos años hemos oído a Durao Barroso pronunciar la misma frase?

Se criticaba estos días a la Unión Europea por su lentitud mastodóntica a la hora de tomar decisiones frente a la ultra velocidad de unos mercados que ríete tú de los neutrinos. Ahí está la añeja tasa financiera, para que vean qué poco gustan las prisas a los líderes europeos (los mismos que ayer se citaron para dentro de 20 días en la enésima cumbre que debería desbloquear la ayuda a Grecia).

En el caso de la manoseada tasa, tras dos años aireándola en sucesivas reuniones, y tras pasear la idea por el G20 y hasta por la Cumbre del Milenio de la ONU (donde Zapatero y Sarkozy la defendieron hace justo un año), ahora por fin la Comisión la ha aprobado. Pero esperen, no corran tanto. Sólo han aprobado la propuesta, para luego mandarla al Consejo y al Parlamento, para que la validen, y que después deberá contar con la unanimidad de los países. Y si consiguiesen llegar al final del largo camino, descuiden que aún le pondrían un plazo de dos o tres años hasta entrar en vigor.

Y todo para una tasa que ni el nombre merece, sería mejor dejarla en tasita: se baraja un 0,01%, aunque lo más probable es que en las rebajas de última hora le cayese otro cero más a la derecha de la coma. Con la propuesta actual se recaudarían 55.000 millones al año, una minucia comparado con lo que se mueve en un solo día, o con los 4,6 billones (con b de Barroso) con que Europa ha aliviado al sector financiero de sus penas en tres años. Para más risa, algunos países y el BCE se oponen a la tasita con el argumento de que produciría una “deslocalización financiera”.

La pregunta es: si la tasita sería tan insignificante, y con un valor más simbólico que efectivo (pues a la velocidad que la elaboran ya habrán inventado algo para eludirla los afectados), ¿por qué ni por ésas sale adelante? ¿Es que no están dispuestos a concedernos ni siquiera una victoria simbólica, por minúscula que sea? Pues no.