Trabajar cansa

Europa, ¿quién manda aquí?

 

Todo lo que nos pasa en Europa nos está bien empleado, por nuestra mala cabeza. Décadas cediendo poder a la Unión, adaptándonos a sus directivas, cumpliendo sus objetivos, aplicando su ortodoxia económica y condicionando nuestra política por haber cedido la soberanía monetaria, y nunca nos preguntamos: ¿quién manda ahí?

Las veces en que nos hicimos la pregunta tampoco tuvimos respuesta: la amalgama burocrática europea, con organismos que se solapan y multiplican, nunca ha sido muy clarificadora. Pero daba igual, pues mientras todo funcionase, llegasen las ayudas comunitarias, el euro fuese una moneda fuerte, el mercado común nos abriese negocios, y los ciudadanos pudiésemos viajar sin pasaporte, para qué andar con esas tonterías.

Y ahora, llegado el momento de la verdad, cuando todo se tambalea, nos preguntamos quién está en el puente de mando. A veces parece que no hay nadie, a la vista de la deriva que lleva la nave. Otras veces, por el contrario, hay demasiada gente al timón, lo que al final es como no haber nadie.

¿Quién manda en Europa? ¿La Comisión? Evidentemente no, pues estos días la voz de Durao Barroso cuenta tanto como la mía. ¿Manda acaso el presidente del Consejo, Van Rompuy; o el del Eurogrupo, Juncker? Pues tampoco se les ve muy protagonistas. ¿Los gobiernos de los Estados? Qué va, si hoy no mandan ni en sus países. ¿Acaso el Europarlamento? No me hagan reír, que hablo en serio.

Estos días se nos dice que quien de verdad manda en Europa es Angela Merkel, con su fiel escudero Sarkozy, unidos en ese centauro llamado Merkozy. Sí, son los que llevan la voz cantante, aunque dudo que sean de verdad jefes de algo, o más bien unos mandados, pues quien de verdad tiene el poder hoy en Europa es el sector financiero. Basta ver quién se ha beneficiado de las políticas anticrisis: la banca, que se ha llevado ya 1,6 billones en ayudas.

Podemos discutir quién manda, pero lo que no tenemos duda es de quién no manda, ni pincha, ni corta, ni tiene voz: nosotros, los ciudadanos, para los que se supone que se construyó Europa. ¿O no era para nosotros?