Verdad Justicia Reparación

Hacia un 8M con memoria. 2. Las mujeres, territorio de conquista.

Por Lucía Vicente, socia de La Comuna.

La pasada semana se publicaba en la prensa que, por primera vez, el Tribunal Supremo reconocía el derecho a computar el Servicio Social de las mujeres durante el franquismo como tiempo cotizado a la Seguridad Social para obtener la jubilación anticipada con prestación económica.

Se equipara así lo establecido para el mismo supuesto en el caso de los hombres que hubieran realizado el Servicio Militar, que si está recogido en la Ley General de la Seguridad Social.

La sentencia del Tribunal Supremo no solo es de justicia porque lo contrario suponga una discriminación hacía las mujeres, cuyo derecho no está recogido en la mencionada Ley, sino porque el Servicio Social, establecido en 1937 como "un deber nacional de todas las mujeres españolas entre los 17 y los 35 años", incluía la prestación obligatoria de un mínimo de 3 meses de servicios al Estado trabajando en comedores, hospitales, oficinas, etc., en jornadas de 6 horas diarias, sin ninguna contrapartida económica, ni afiliación a ningún sistema de previsión.

Para dar cuenta de la magnitud económica de esos trabajos gratuitos cabe mencionar la cifra de 757.449 mujeres cumplidoras del Servicio en 1961 y un valor de las horas de trabajo entregadas gratuitamente a la patria de 2.362.500.000 de pesetas en el año 1974, que equivaldrían a 14.355.098 € actuales. Hay que señalar que el Servicio Social estuvo vigente hasta el año 1978.

Y no sólo existía la obligación de trabajar gratis para el Estado. Además, las cumplidoras del Servicio debían pagar de su bolsillo la inscripción, el uniforme y su manutención, en el caso de realizar la fase de formación (la otra componente del Servicio Social) en uno de los internados existentes para ese fin.

La organización y el cumplimiento de ese "deber nacional" estuvo desde el fin de la guerra a cargo de la Sección Femenina, rama femenina de Falange, organización fascista homologada y hermanada con los partidos similares existentes en Italia y Alemania. Como bien se dice en la magnífica obra de teatro La Sección (mujeres en el fascismo español), fueron "la mitad de la victoria y de la patria, la mitad de la represión y la mitad de la desmemoria", una organización al servicio del franquismo, cuyas integrantes gozaron de poder y autonomía a costa de quitársela al resto de las mujeres.

Refiriéndose al Servicio Social, la jefe (sic) nacional de la Sección Femenina, Pilar Primo de Rivera, dice en un texto de 1953, haber conseguido que "el 90 por 100 de las españolas pasen sin violencia por ese servicio", sin relatar cómo lo pasaron el 10 por 100 restante.

Acreditar el cumplimiento del Servicio Social fue obligatorio para obtener un trabajo, un título de formación, el pasaporte, el carnet de conducir….es decir, para todas las actividades que suponían un cierto grado de independencia para las mujeres y que era visto como una amenaza para el régimen franquista.

Y es que el Servicio Social tenía otra finalidad fundamental: la de controlar a las mujeres jóvenes y solteras, ya que las casadas y las viudas con hijos estaban exentas de realizarlo. Las monjas, por supuesto, también. El resto de mujeres, ya fueran estudiantes o trabajadoras, eran el campo de batalla de la Sección Femenina, había que inculcarles que su destino era la dedicación exclusiva a la familia y al hogar.

El "adoctrinamiento" (ese término tan manido actualmente que sin embargo se adapta perfectamente en este caso), consistía en persuadir a las mujeres de su inferioridad respecto a los hombres y, por tanto, de su obligación de sumisión y sometimiento. Se impone un modelo de mujer uniforme: abnegada y sacrificada, sin derechos y sin libertad, enriquecido por la Iglesia Católica con los atributos de mujer religiosa, pudorosa y callada.
40 años y al menos tres generaciones de mujeres experimentando el sistema patriarcal en estado puro: relegación de las mujeres a la esfera privada del hogar, sometidas a los hombres, dedicadas a la reproducción y a las tareas domésticas y aceptando, además, ser las trasmisoras de la ideología y de la práctica de esa situación a sus hijas e hijos.

No había forma de escapar al adoctrinamiento porque, además del Servicio Social, la Sección Femenina tenía el monopolio de la educación de las mujeres en materias del hogar en toda la enseñanza reglada, disponían de toda la prensa del movimiento, editaban varias revistas, consultorios radiofónicos…
El estereotipo sexual femenino que el franquismo grabó en nuestra mente y nuestra consciencia, no se disuelve automáticamente ni tras el fin de la Sección Femenina, ni con la muerte del dictador: revertir la mutilación vital que supuso el franquismo para las mujeres solo tiene una herramienta y se llama feminismo.

Muchas de las reivindicaciones actuales del movimiento feminista como la educación en la igualdad, el reparto de los cuidados, el derecho al cuerpo… ponen de manifiesto que no hemos conseguido acabar con la desvirtuación humana patriarcal que el franquismo no hizo sino exacerbar.

Sigamos enraizando, hermanas,
¡Viva la revuelta feminista!