Sinestesia

19 Feb 2012
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EL JUEGO DE LA CIENCIA // CARLO FRABETTI

* Escritor y matemático

Hace unos días asistí en La Habana, durante la concesión de un premio de literatura infantil, a un espectáculo tan fascinante como conmovedor: actuando en representación de un proyecto de la Uneac (Unión de Escritores y Artistas Cubanos), un grupo de niñas y niños sordomudos cantaron con las manos un poema de José Martí musicalizado por José Luis Estrada. Significativamente, el poema elegido fue A Emma, que Martí dedicó a una niña sordomuda y que termina diciendo: “Que todas las palabras de mis labios no son una mirada de tus ojos”.

Y digo que el espectáculo fue tan fascinante como conmovedor porque, a pesar de mi escaso conocimiento del lenguaje gestual de los sordomudos, en algunos momentos oí la canción, y no fui el único, según pude comprobar al contrastar luego mis impresiones con las de otros espectadores. ¿Sugestión? En parte, sí; pero no sólo eso.

La sinestesia es una anomalía de la percepción por la cual algunas personas pueden ver el color de un sonido o de una palabra, o percibir el sabor de una superficie al pasar la mano por ella; según algunos investigadores, este fenómeno se debería a una activación cruzada de dos áreas adyacentes del cerebro al procesar determinadas informaciones sensoriales. No hay datos precisos sobre la incidencia de la sinestesia: algunos opinan que es una anomalía muy rara, mientras que otros piensan que podría afectar al 1% de la población. Y no faltan los que creen que un cierto grado de sinestesia ocasional es bastante frecuente, e incluso susceptible de desarrollarse con un entrenamiento específico.

Parece ser, por ejemplo, que algunos grandes maestros de ajedrez, al jugar una partida, utilizan de forma muy activa el área del cerebro normalmente empleada para identificar rostros. Sabemos que los jugadores de ajedrez no se limitan a realizar un análisis combinatorio de las jugadas posibles (tarea inabarcable dada la cantidad astronómica de posibilidades a las que se enfrenta un jugador tras cada movimiento de su adversario), pero desconocemos los mecanismos concretos que confluyen en la elección de una determinada estrategia. Y la explicación, al menos en parte, podría estar en ciertos procesos sinestésicos que permitirían ver el tablero como un todo orgánico, casi como un ser vivo dotado de expresión.

Aunque lo más interesante es que la sinestesia podría brindar una explicación del origen del lenguaje alternativa a la de la evolución en paralelo de varias áreas cerebrales independientes. Pero esa es otra columna…


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