Civismos incívicos

Porque, en temas de seguridad urbana, no todo es lo que parece

El problema no es Plataforma per Catalunya

24 may 2011
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Una de las ‘sorpresas’ predecibles de los resultados del 22m en Catalunya ha sido la expansión territorial del apoyo electoral a Plataforma per Catalunya (PxC), el ‘partido independiente catalán centrado en la seguridad ciudadana y el control de la inmigración’. Ahora los medios y los ciudadanos apoltronadamente bienpensantes están rasgándose las vestiduras: en el cinturón de Barcelona ya no se lleva el rojo, sino el azul-muerte.

El teatro de la indignación, debo confesar, me deja fría. Qué fácil es mostrar desdén e ilustrada incomprensión por los trabajadores que, en su ignorancia (cómo no), votan opciones que se sitúan fuera de los límites de lo aceptable.

Los límites de lo aceptable, sin embargo, no los ha roto ni PxC ni las personas que les han votado. Los límites de lo aceptable los rompieron los que en su momento no se rasgaron las vestiduras ante propuestas anticonstitucionales como la posibilidad de no dar cobertura sanitaria y educativa a las personas sin documentación; ante propuestas que vulneran el estado de derecho como exigir ‘certificados de buena conducta’ a unos y no a otros, o que algunas penas sean diferentes para ‘autóctonos’; ante afirmaciones como que ‘los inmigrantes han traído enfermedades ya erradicadas’ o ‘colapsan los hospitales’.

Ninguna de estas propuestas o afirmaciones ha salido de candidatos de PxC. Todas las han articulado miembros de partidos ‘respetables’, normalizando la utilización política del miedo al otro y llevando los límites de lo aceptable hasta el peligroso territorio de la extrema derecha. Cada vez que un político ha decidido jugar con el populismo y la mano dura para ganar votos, cada vez que un periodista ha preferido dar cancha al miedo para conseguir más share, los límites de lo aceptable en democracia se han ido atrofiando.

Porque, al final, PxC es una fuerza residual y con un voto muy poco ideológico. La PxC cosecha sus mejores resultados en los comicios municipales, pero pierde gran parte de los votos en consultas autonómicas (ver post ‘Promesas incumplibles‘). Entre 2007 y 2011, además, en los municipios en los que el partido lleva más tiempo teniendo un cierto papel en política, lo que se ha ganado entre los dos comicios locales (cuando ha ganado algo) no es más que un puñado de votos . Sólo es significativo el avance en Manresa, por ejemplo, con 852 votos más, pero tanto como el de Cervera, dónde se han perdido 349 votos de los 639 cosechados en 2007. La presencia institucional, pues, tiende a erosionar a Plataforma, y su voto es poco fiel.

Así que el problema no es ni PxC ni el 1,80% del electorado de Catalunya que les ha votado. Catalunya no es más facha hoy que ayer. En realidad, y cómo constatan algunos trabajos aún escasísimos  sobre el electorado de la PxC (como el proyecto de tesis de Aitor Hernandez-Carr), para algunos de sus votantes, Plataforma es una alternativa ‘soft’ y no españolista al Partido Popular.

La normalización del racismo, la vinculación permanente y gratuita entre delincuencia y seguridad, y la instrumentalización del miedo para desviar la atención de otros problemas (como la corrupción) no son, pues, patrimonio de PxC. Quienes le están fallando a la democracia no son sólo los que no se preocupan de saber qué votan (¡o a quién representan!), sino también, y principalmente, los que hace tiempo que desprecian desde tribunas públicas, y en nombre de la seguridad, los pilares mismos en los que se basa la construcción de la democracia: la igualdad ante la ley, la presunción de inocencia, la no-discriminación y los derechos humanos.

Así que recompónganse, piensen en qué sociedad quieren para sus hijas e hijos, salgan de su pretendida equidistancia y empiecen a hacer algo para que si algún día las opciones de extrema derecha salen definitivamente de la marginalidad, nos quede algo que valga la pena defender.

2011 no es 2007

26 abr 2011
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Llevo un par de semanas escuchando cómo los políticos en pre-campaña utilizan la delincuencia y la seguridad (a menudo asociadas a la inmigración) para conseguir la atención de los medios de comunicación y posicionarse de cara a las elecciones municipales: que si eliminar a los mendigos de la calle, que si mano dura contra los reincidentes, que si los trileros al paredón, que si las mezquitas no-sé-què, que si las prostitutas no-sé-cuantos…

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Yo no soy asesora electoral y mi bola de cristal hace tiempo que no da una, pero si fuera a contratar a alguien para que me asesorara le pediría cómo mínimo que de vez en cuando pusiera un pie en la calle y hablara con alguien de carne y hueso. Porque los seres de carne y hueso estamos hoy bastante más asustados que en 2007. Pero no porque nos puedan robar el bolso ni por ver cómo la gente se busca la vida en la calle en un país con un 20% de paro, sino porque como sigan acertando tanto con las recetas contra la crisis, a este paso nos quedamos todos y todas sin nómina, sin casa y sin futuro.

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Por eso todos los indicadores muestran que las preocupaciones de la población han dado un vuelco espectacular en los últimos años. No tengo datos a mano de todo el país, pero en Catalunya, por ejemplo, la “preocupación” por la inmigración ha pasado en los últimos años del primer al quinto puesto entre las prioridades ciudadanas, y la inseguridad ciudadana del segundo al sexto. A su vez, el paro y la precariedad han pasado de ser la preocupación de menos del 10% de la población a tener en vela a más del 50%.

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Y este es el quid de la cuestión. Una sociedad sólo puede permitirse el lujo de tener entre sus grandes preocupaciones el ruido de los jóvenes y el incivismo del ciclista cuando no se despierta por la noche con el corazón en un puño por el futuro propio o de los próximos. Querer que le saquen a uno del portal al mendigo sólo es una posibilidad cuando su rostro no refleja el nuestro mañana. El revanchismo que hemos practicado mientras nos creíamos ganadores no es sostenible cuando nos levantamos cada día para asomarnos a la posibilidad de perder el trabajo, la atención médica, la pensión y todos los sueños de progreso que nos hacían seguir apostando cada cuatro años por el orden establecido.

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Que mientras nosotros nos damos cuenta de estas cosas, ellos sigan dándole al PLAY del viejo cassette electoral para saturarnos con el “que viene el lobo/trilero/mendigo/grafitero/inmigrante” es tan absurdo que como mínimo podrían ahorrarse lo que les cobran los asesores. Este manual está demasiado gastado para que se lo facturen como nuevo.