Vista Alegre II: Se acaba el espectáculo, ¿comienza la política?

14 Feb 2017
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Mucho, mucho ruido, Ruido de ventanas,
Nidos de manzanas Que se acaban por pudrir.
Mucho, mucho ruido, Tanto, tanto ruido,
Tanto ruido y al final Por fin el fin.
Tanto ruido y al final…

Joaquín Sabina

Raúl Camargo (@Camargoraul)

Secretario Político de Podemos Comunidad de Madrid, militante de Anticapitalistas.

Vista Alegre II terminó. Tras el ruido ensordecedor, llegó el final. Toca analizar las causas de un resultado inesperado por lo contundente, y apuntar algunas líneas para la acción futura, donde el espectáculo y el psicodrama deje paso de una vez a la política. Aquí van cinco  reflexiones urgentes sobre la  segunda Asamblea Ciudadana de Podemos:

1. El proceso interno que llevó a la renovación de la dirección de Madrid adelantó muchas claves que luego se han repetido, y ampliado, en este. Allí la relación de fuerzas era más favorable de entrada  al errejonismo, que de haber ganado esa plaza, se hubiera proyectado de forma imparable hacia el Congreso estatal. La táctica adoptada por Anticapitalistas y Reinicia Podemos –nombre del espacio más amplio en aquel proceso– entendió que había que ceder visibilidad y espacio para ganar tiempo y creo que tomamos la decisión correcta. La tarea más urgente entonces era que las tesis más institucionalistas y moderadas no se hicieran hegemómicas. Ese proceso señaló que el pablismo tenía más fuerza de la pensada, en sectores de extracción popular y que entre los inscritos y las inscritas de Podemos ese sector era fuerte incluso en un entorno principalmente urbano. El resultado de Madrid, tomando como referencia la media de la lista, no fue tan ajustado como se hizo creer: 51% para Juntas Podemos –pablistas+Anticapitalistas) frente a 39% (errejonistas). Había ya indicios pues, de que la situación en Vista Alegre II podía reproducirse, teniendo en cuenta el peso de Madrid en el conjunto de Podemos. El sector de Errejón no lo evaluó de la misma forma, y se lanzó con todo en la asamblea estatal. De ahí el error que les ha llevado a sufrir un batacazo considerable: sobreestimar la relación virtual, y a través de las redes sociales, frente a la identificación real y medida de la mayor parte del cuerpo adscrito a Podemos con la figura de Pablo. En este sentido, la relación populista con las bases la tiene, paradójicamente, mucho mejor conseguida Iglesias que Errejón.

2. Toda la disputa descarnada que ha rodeado a esta Asamblea tiene que ver con una cultura política muy determinada por el modelo de Vista Alegre I: competición pública para ganar a un electorado que no milita y al que hay que llegar por los medios de comunicación y las redes. Como los cargos se reparten bajo esos parámetros, figurar en medios y acumular seguidores en redes se convierte en uno de los empeños esenciales de cualquier aspirante. Toda la cultura de Podemos está impregnada por esa máxima, que acaba por conferir a la comunicación y sus derivados, el monopolio de la acción política. Así los medios de comunicación se convierten en el escenario de todos los debates internos, en lugar de los órganos internos cuyo papel en la etapa que termina ha sido casi testimonial. Con los excesos añadidos de una lucha por el control del proyecto, los elementos que han sazonado el espectáculo de estas semanas estaban ya ahí desde hace dos años y medio por lo menos.

3. El pablismo se ha consolidado como la corriente que tendrá todo el control del aparato estatal de Podemos. Tienen base popular para poder mejorar y extender la implantación de Podemos, pero a cambio, deberían aplicar fórmulas de descentralización que su documento organizativo ignora o directamente rechaza. Más allá de un CCE donde contará con mayoría absoluta, los principales contrapesos en este periodo vendrán de los territorios. Esperemos que, no obstante, sepan integrar y construir una dirección colectiva hasta ahora ausente, y que los órganos de dirección sirvan para deliberar y para trasladar de manera ordenada debates al conjunto de la militancia y de los círculos.

4. El sector de Errejón ha quemado muchas naves en esta batalla. Abusar tanto del adjetivo ” ganador” y del verbo ” ganar” cuando se pierde un proceso interno tras otro, puede acabar creando extrañamiento en los ajenos y frustración en los propios. El proyecto de Errejón infravaloró el peso acumulado por tradiciones políticas y sociales pasadas y presentes en este país de países, y la aplicación de las teorías de Laclau a una región del sur de Europa no han cuajado bien. Esto no es un país de América Latina.  La hipótesis populista introdujo novedades interesantes sobre el uso del discurso pero lo alejó de tal modo de las relaciones materiales efectivas, que ha acabado haciendo mucho ruido pero abriendo pocas nueces. Necesitarán perfilar su corriente más allá de la consigna permanente y la consabida campaña en Twitter. Son necesarios y necesarias claro que sí, pero harían bien en revisar algunos preceptos que les llevan a considerar a todos los demás perdedores y desfasados frente su infalible transversalidad.

5. Y, por último, pero no menos importante, Podemos en Movimiento y Anticapitalistas. La decisión de presentar un espacio propio ha sido un acierto, pero no era evidente tras el resultado de Madrid y el de Andalucía. Una decisión arriesgada, donde cedimos espacio para ganar visibilidad, y que ha sido fundamental para proyectar un tercer sector radical, movimentista, pero sensato y razonable. Una siembra cuya recolecta será en diferido, como lo fue el haber apostado por otro modelo en Vista Alegre I cuando la tempestad por ganar a toda costa arreciaba. La lista era magnífica, la campaña también lo ha sido y solo un sistema tan injusto como mezquino nos deja con dos representantes cuando podrían ser nueve o diez con cualquier sistema proporcional. Una de las lecciones del 15-M es que no se puede decir una cosa y hacer otra. No podemos criticar el sistema electoral español y tener un sistema interno mucho menos democrático. Si el método Desborda se aplicase en el Congreso, Podemos tendría menos de la mitad de los diputados de los que ahora tiene.

Tras este congreso, Anticapitalistas puede felicitarse por una buena campaña, donde se ha demostrado espíritu de equipo, donde se ha respetado el contrario, y se ha sido leal al proyecto de Podemos y eso ha redundado en una “victoria moral” –como han señalado varios medios. Esta acumulación lenta de legitimidad sin duda será de máxima utilidad para lo que está por venir. Alentar un nuevo ciclo de movilizaciones será una de las tareas colectivas esenciales que tiene que ocuparnos, y  para ello, las relaciones que Podemos en Movimiento y Anticapitalistas tienen con los movimientos sociales serán fundamentales.


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