Opinión · Contraparte

Apuntes postelectorales tras la batalla de Madrid

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Pablo Carmona (@pblcarmona)

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Los resultados de la elecciones municipales de Madrid necesitarán de un análisis de largo recorrido. Sin embargo, debemos lanzar las primeras impresiones sobre la jornada del pasado domingo. La más obvia es que la derecha vuelve a ganar en su feudo tradicional. En línea con los resultados de las elecciones generales del 28 de abril, las tres derechas rebasan una vez más el 50% de los votos en la capital.

Durante meses, el eje izquierda-derecha sirvió de nuevo para analizar lo que sucedía en la ciudad de Madrid. No faltaba razón en agitar las aguas electorales sobre los polos clásicos del electoralismo español, pero los resultados del pasado domingo 26 de mayo son claros: de nuevo es el factor de clase el que explica con mayor precisión –y como mayor incógnita– lo sucedido en Madrid. De nuevo, los distritos del cinturón rojo: Vallecas, Villaverde, Usera, Carabanchel, Latina, San Blas, Vicálvaro bajan en participación entre un 4,3% y 1,6% dejando muy lejos de la victoria a las diversas izquierdas.

Los datos son aplastantes. Mientras en el conjunto de la capital la abstención no llegó al 32%, en Puente de Vallecas se situó en el 41%, en Usera en el 42,24%, en Villaverde en el 39,79% y en Carabanchel en el 38,64%. Sin embargo, en los barrios de mayor renta la abstención fue considerablemente más baja, entre el 23,47% de Retiro y el 26,78% de Salamanca. El resultado final ya lo conocemos, el 51% de los votos fueron a los tres partidos de la derecha mientras que las izquierdas obtuvieron el 47,29; dato que despeja cualquier duda sobre la necesidad del voto útil que tanto protagonismo tuvo en campaña.

Factores de una derrota

Si se trata de buscar explicaciones a la derrota electoral, debemos tener en cuenta algunos elementos que son centrales y que además marcan una profunda diferencia entre lo sucedido ahora respecto de las anteriores elecciones municipales de 2015.

Para empezar, en 2015 se produjo un fenómeno inaudito en la derecha madrileña: la abstención. La enorme corrupción del Partido Popular y el medio ambiente político heredado del 15M desconcertaron por primera vez a los fieles votantes de derechas en nuestra ciudad. No hubo en aquel momento ni el trasvase suficiente de votos a Ciudadanos, que sólo obtuvo siete concejales, ni tampoco al plan B de Vox, que no llegó a 10.000. Esperanza Aguirre sufrió en sus carnes la excepcionalidad política que impuso el ciclo 15M en la ciudad de Madrid. Traducido en datos, desde 2015 la derecha ha recuperado en torno a 70.000 votos de los que se fueron al dique seco en 2015 y aún tendría margen hasta llegar a los casi un millón de las generales del 28 de abril o a los 877.000 de 2007.

Sin embargo, el ascenso de los votos de izquierdas en 2015 sí dejó algunas pistas básicas de por dónde se debía caminar en el futuro. Las dos más obvias: que en Madrid se demandaba una propuesta para los votantes socialdemócratas que ofreciese una alternativa a la maltrecha Federación Socialista madrileña y, en segundo lugar, que las izquierdas alternativas, los movimientos sociales y partidos como Izquierda Unida articulasen procesos de encuentro y movilización en el ámbito electoral que rompiesen la dicotomía y la especialización entre una izquierda con clara vocación electoral y unos movimientos sociales con clara tendencia abstencionista.

Los dos factores que señalamos se han repetido por activa y por pasiva en distintas combinaciones como elementos centrales para entender el éxito de Ahora Madrid en 2015. Pero lo que realmente marcó la diferencia en esas elecciones fue un hecho que suele quedar sin analizar: la movilización de sectores abstencionistas de los barrios del sur.

En 2015 se produjo un fenómeno inaudito en la derecha madrileña: la abstención.

Así, el arrastre que produjo en aquellos momentos el 15M, la amplificación de las luchas y la fuerte necesidad por cambiar marcos legales e institucionales especialmente opresivos para la ciudad de Madrid (recortes, desahucios, venta de vivienda pública o corrupción) hicieron posible que se condensara un proceso de confluencia donde una buena parte de los sectores políticos de la ciudad de Madrid se vieran referenciados.

Pero nada de lo que sucedió se podría entender sin la fuerte implantación que tras el ciclo 15M tuvieron en los barrios muchos movimientos como el de vivienda o la multiplicación de círculos del primer Podemos. Con ellos se pusieron en el centro del debate electoral y social la emergencia habitacional, la precariedad que vivía nuestra ciudad, la lucha contra la corrupción de las élites y las necesidades más básicas de los barrios donde golpeaba la crisis con mayor dureza, factores todos ellos que hicieron que en aquellas elecciones las prioridades sociales fijadas en la agenda pública y los programas de las candidaturas municipalistas casasen a la perfección. Esto explica en buena medida que se lograsen resultados históricos de participación en los barrios del sur.

La incógnita madrileña

Cuatro años después aquel discurso social, el que interpela a la emergencia que se vive en los barrios más desfavorecidos, ha perdido mucho peso y empuje en la campaña. De hecho, el enfoque de bondad y tranquilidad que se ha impuesto no ha llegado a una ciudad en la que se vive una crisis habitacional continua, donde casi el 27% de la población bordea la exclusión y la pobreza, donde se han triplicado las tasas de precariedad y donde tres de cada cuatro personas vulnerables ya lo eran antes de la crisis de 2008. En este sentido, podemos aventurar que dos de las grandes fallas del gobierno de Ahora Madrid: la vivienda y los servicios sociales, han pasado factura en los barrios más desfavorecidos. La primera, por la casi nula política de vivienda pública efectiva hecha en estos años y la segunda, por el desmoronamiento de los servicios sociales que atienden cuestiones clave de nuestra ciudad como es la dependencia, la ayuda a domicilio, los desahucios o la falta de recursos.

Es cierto que en ambas cuestiones el Ayuntamiento ha quedado atrapado entre los recortes y la falta de acción de la Comunidad de Madrid y el Estado, pero también ha carecido de una política municipal autónoma y ambiciosa para la que el Ayuntamiento sí contaba con margen de maniobra, competencias suficientes y recursos. Sea como fuere, el cambio en aspectos clave de la vida de los más desfavorecidos no se ha sentido con la fuerza necesaria al sur de nuestra ciudad.

Su traducción electoral es que el voto de los barrios más desfavorecidos se ha vuelto a deslizar hacia la abstención. Solo en Villaverde, Usera, Puente de Vallecas y Carabanchel las propuestas de izquierdas pierden cerca de 15.000 votos, la mitad de ellos pertenecen al distrito de Puente de Vallecas, uno de los más golpeados por los problemas señalados. Pero entonces ¿cómo se puede abordar este problema?

A pesar de esta caída del voto en los barrios del sur, debemos recordar que Más Madrid –la formación de Manuela Carmena–, no ha perdido más que 16.000 votos con respecto a 2015, algo que en cifras globales resulta sorprendente a la vista de la abstención y a la luz, por ejemplo, de los 10.000 votos que pierde en los cuatro grandes distritos del sur con respecto a Ahora Madrid. Esta caída se amortigua en parte mediante cierto trasvase de voto procedente del Partido Socialista y de Ciudadanos, y la anecdótica obtención de nuevos votos en distritos de mayor renta como Arganzuela, Chamberí o Moncloa donde suma más de 2.500 votos nuevos.

El cambio en aspectos clave de la vida de los más desfavorecidos no se ha sentido con la fuerza necesaria al sur de nuestra ciudad

El resultado es que con respecto a Ahora Madrid, la propuesta de Más Madrid gana en la práctica totalidad de los distritos de la ciudad. Incluso sube entre las clases medias y los barrios de mayor renta, pero pierde el voto que se sitúa más a la izquierda y el de los barrios más desfavorecidos, donde aumenta la abstención.

De nuevo la gran incógnita electoral para la izquierda en Madrid no se encuentra en los segmentos sociales que votan, sino en las mayorías abstencionistas que viven en los barrios del sur. El gran drama madrileño –como pasa en la mayoría de ciudades–, está en que a pesar de que un cambio profundo en el ámbito institucional pasa por ese voto, ninguna de las opciones lo logra. Ni siquiera las que se sitúan más a la izquierda. De hecho, la candidatura de Madrid en Pie Municipalista , además de movilizar a una buena parte de la izquierda desencantada de nuestra ciudad en los últimos cuatro años, se dirigía a los sectores más precarios que siguen sufriendo los peores golpes de la crisis. Esto, con los datos en la mano tampoco se ha conseguido, probablemente por el escaso tiempo disponible, y por la insuficiente implantación de la propuesta.

Por ese motivo es clave asumir que la gran incógnita electoral madrileña no pasa por lo discursivo, por la interpelación exclusiva de las izquierdas y las derechas. La clave para los próximos años vuelve a estar en la capacidad de implantación real que tengan las diferentes propuestas políticas en los territorios que mayor exclusión sufren de nuestra ciudad y que son –por tanto–, los que menos participan del juego de representaciones que se repite cada cuatro años.

Es evidente que entre 2011 y 2015 se levantó en parte esa posibilidad, espoleada por el fuerte aterrizaje de los movimientos post 15M y del Podemos de los círculos en los barrios de Madrid, factores determinantes de la apuesta municipalista madrileña. Pero también ha quedado acreditado que en 2019 aquellas condiciones que auparon a Ahora Madrid y a tantas candidaturas municipales a los gobiernos locales, han desaparecido y toca repensar cómo reconstruir condiciones de autoorganización y de luchas que nada tienen que ver con las lógicas electorales pero que de algún modo también son su principal clave.

Así, mientras no se logre levantar a esa parte de la ciudad que vive, no sin razón, de espaldas a los avatares políticos, el denominado bloque de izquierdas seguirá en minoría y dependiendo de las clases medias progresistas de nuestra ciudad. En definitiva, de aquellos sectores sociales para los que la palabra “cambio” va siempre asociada a la moderación, el mantenimiento del orden y que no asumir la situación de emergencia social y la profunda crisis (ecológica, de cuidados, económica, social) que se vive en nuestra ciudad.