Opinión · Contraparte

Del 15M a Manuela Carmena, o el dilema de la izquierda madrileña en el 26M

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Alberto Barea, sociólogo

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A pocos días de las elecciones municipales y después de cuatro largos años, es lógico pensar que quienes queremos un Ayuntamiento de Madrid con políticas transformadoras ya sabemos si nos sentimos más afines a Carmena (+M) o a Madrid en Pie Municipalista (MePM).

Quienes nos inclinamos por MePM creemos que su postura crítica en estos cuatro años ha demostrado, de forma argumentada, que merecen una expresión institucional. Por señalar solo algunas: las macrooperaciones urbanísiticas (Chamartín, Berrocales, Campamento), la inacción en la emergencia de vivienda o los posicionamientos a favor de los bancos, el oportunismo en el discurso feminista, la negativa a remunicipalizar los mega contratos de limpieza y basuras con las constructoras, la incapacidad de dotar de recursos a la acogida digna de los refugiados, las crecientes persecuciones policiales a los más empobrecidos de nuestra ciudad, la fuerte amenaza sobre el Centro Social La Ingobernable, la destrucción del patrimonio (Cocheras de Caminos, TPA Chamberí, etc.), la nula democracia interna en las decisiones centrales del gobierno y, en síntesis, el decidido incumplimiento del programa de Ahora Madrid.

Si bien parece sensato reconocer que ya no hay mucho tiempo para grandes debates, sí es momento de señalar qué condiciones permiten decidir el voto según razones políticas, y no por efecto de «miedos matemáticos», de percepción de infrarrepresentación, o de miedo a «tirar el voto» y «dar el ayuntamiento a la derecha». En todo caso, y como ya ha argumentado el excoordinador del grupo municipal de Ahora Madrid, en las circunstancias de 2019 tampoco las matemáticas dan la razón al llamado voto «útil» a Carmena: más bien es al contrario, como intentaré desarrollar aquí.

Si nos retrotraemos a las municipales de 2015, una de las claves de la derrota de la derecha fueron los 39.666 votos que sumaron Vox y UPyD. En contraste, en 2019 todo indica que Vox superará los 80.000 votos —que más o menos suponen el 5%—, asegurando así su entrada con al menos tres concejalías. Por tanto, el próximo 26M la derecha no va a «tirar» prácticamente ningún voto. Desgraciadamente, en la izquierda enfrentamos un dilema.

Si en 2015 una de las claves centrales para conseguir la alcaldía de izquierdas estuvo en la no-representación de Vox, en 2019 una de las claves para la alcaldía de derechas puede estar en la no-representación de MePM. Entonces, el dilema de la izquierda se responde con dos líneas de razonamiento: primero, como MePM podría no alcanzar el 5%, entonces, voto «útil» a Carmena; y segundo, puesto que es bien conocido que MePM cuenta con el apoyo de sectores muy importantes de la izquierda madrileña, entonces, votemos para asegurar que alcancen el 5%. Quienes desde Más Madrid sostienen la opción 1, azuzan el miedo a la derecha a la vez que señalan que MePM estaría muy lejos del 5%. Pero si lo tienen tan claro, no se entiende por qué dedican tantos esfuerzos de última hora. En rigor, señalemos algunos fundamentos de lo contrario.

En primer lugar, la infrarrepresentación de MePM es efecto lógico del intenso ataque mediático a sus expectativas de voto, dada su exclusión como opción —o reducción de la coalición a solo una propuesta de Izquierda Unida— en casi todas las encuestas. Sin embargo, como saben los sociólogos, las encuestas sirven para representar las grandes tendencias —no los procesos emergentes—, y al mismo tiempo, retroalimentan tales tendencias. A todo ello se suma la reciente burbuja del pedrosanchismo y el clima de optimismo progre post-28A, lo que el oficialismo intenta aprovechar para anular a las molestas minorías «radicales». Parece lógico señalar que la izquierda crítica debe evaluar el conjunto de lo ocurrido en nuestra ciudad durante cuatro años, no dejarse obnubilar por el clima del último mes.

En segundo lugar, resulta muy complicado sostener que MePM va a estar muy lejos del 5%. Apuntemos un solo motivo: el actual rechazo de buena parte de los afines a Podemos hacia Manuela Carmena. En una coyuntura de fortísima derechización, los simpatizantes de Podemos recordarán que la alcaldesa no mostró ningún apoyo a ese partido en las generales. Y sobre todo, tendrán en cuenta que a pesar de que Carmena fuese la cabeza de lista de Podemos en 2015, tres años después dejó literalmente tirados a quienes la habían aupado a la alcaldía. En este sentido, si en las generales del 28A hubo 306.809 madrileños que votaron Podemos, parece lógico pensar que una buena parte no optarán por Carmena sino por MePM, más aún tras el reciente pero muy explícito apoyo de Pablo Iglesias a Carlos Sánchez Mato.

Y en tercer lugar, y por mucho que omitamos estos datos, el 28A PPCsVox lograron en Madrid capital casi un millón de votos, 195.000 votos más que la suma de PSOE-Podemos. Ante esta situación, una de las vías más viables para evitar a PPCsVox en la alcaldía de Madrid es combinar paralelamente dos procesos: 1) que +M capte votos de Cs —algunos análisis estiman en 72.000 los madrileños que optaron por Cs el 28A pero votarán a Carmena el 26M, lo que se entiende tras las repetidas declaraciones conservadoras como las que desresponsabilizan a los bancos en los desahucios, o las que apoyaban al golpe de estado de Guaidó en Venezuela—. Y 2) que la izquierda crítica madrileña apoye a MePM, y no ocurra lo que le pasó a la derecha en 2015. Así, si la derechización de Carmena está captando votantes de Cs y PSOE, los votantes críticos pueden, o bien tragar con todo ello, o bien apoyar a MePM. Si hacen lo segundo, MePM aseguraría el 5% y sumaría «tres concejales por el precio de uno»: esto es, mientras que Más Madrid podría perder uno —que por el otro lado le está ganando a Cs—, MePM ganaría al menos tres, inclinando así la balanza hacia el bloque de izquierdas.

Por último, para quienes nuestro referente del cambio sigue siendo mucho más el 15M que Manuela Carmena, parece evidente que el salto entre lo que fueron las plazas y la actual alcaldesa es ya demasiado insalvable. Pero no se trata aquí de salvaguardar la «pureza» y «coherencia» de ninguna auténtica izquierda. Más bien, el 26 de mayo también se juega que reconozcamos mutuamente las divisiones políticas realmente existentes, en vez de negarlas o tratar de subordinarlas. Aprendamos de la derecha, y hagamos que la división sume.