Habrá Papa para Semana Santa: Habemus pasta

Los temores del Vaticano parece que se van disipando poco a poco: el cónclave para elegir sucesor de Benedicto XVI se podrá celebrar a principios del mes de marzo, con lo que para Semana Santa habrá nuevo Papa. Una noticia que supone un respiro para quienes veían que llegaban fechas tan señaladas y los peregrinos que acuden en esas fechas a Roma no verían al nuevo jefe de la Iglesia Católica. ¿Se imaginan el impacto económico de tal ausencia? El número de visitas al Vaticano descendería pues la figura del Papa sigue siendo un imán para los turistas y, no en vano, éstos suponen una de las principales fuentes de financiación de la Iglesia Católica.

El Vaticano y su banco, el Istituto per le Opere di Religione, pueden respirar tranquilos… ¿o es la Santa Sede la que ha encontrado el sosiego material? Uno nunca está seguro, porque la falta de transparencia y los solapamientos contables entre ambos son tan omnipresentes como el dios al que rezan. Sea como fuere, parece que con un Papa asegurado para Semana Santa, los ingresos de Pascua no se verán alterados, más bien al contrario, seguramente ya se están viendo incrementados con el mes de despedida que lleva Ratzinger y la inminente bienvenida al nuevo pontífice. Las tiendas de Chanel y Cartier que hay en el Vaticano pueden respirar también.

Otra cosa bien distinta es cómo -y cuánto- respirarán quienes andan detrás del famoso informe Vatileaks, ese que delata a la Santa Sede como un escenario más parecido al reino de Satán, con intrigas, envidias, pisacuellos -o alzacuellos- y conspiraciones, que a un paraíso terrenal donde habitan los enviados del Señor. Y, por cierto, en otra prueba de su transparenca habitual, unos de esos gestos de la Iglesia Católica que a uno le hacen convencerse que no tiene nada que ocultar, el informe tendrá una acceso muy restringido. Será por aquello de mantener viva la fe de los católicos, pues sólo eso puede convencer a uno de la pureza de espíritu de lo que se cuece en la Santa Sede…

Por no hablar del Vatisex y la renuncia sin pedir perdón del cardenal O’Brien, que no hace más que poner otro nombre más a la larga lista de abusos sexuales a cargo de los pastores del rebaño católico que, quizás, va siendo hora de que tome las riendas de su Iglesia y no a la inversa, porque eso, con todos mis respetos, es lo que marca la diferencia entre ser un rebaño católico o un puñado de borregos. Los católicos de todo el mundo, los que de veras profesan, practican y sienten la fe cristiana deberían exigir a su Iglesia, no aceptarla como es, pues esa inercia histórica es la que ha desembocado en la vergonzante realidad que hoy es el Vaticano.