En España no hay libertad de prensa

Hoy, 3 de mayo, se celebra el Día Mundial de la Libertad de Prensa. Como sucede con el Día Internacional de los Trabajadores, no debe ser un día de fiesta, sino de reivindicación, de pie al frente en la lucha por uno de los pilares de cualquier democracia.

En esta lucha, no sólo tenemos que mirar a China, Turquía o Arabia Saudí; miremos también a España, porque, dentro de este período que se ha tenido a bien llamar democracia, no creo que la prensa haya vivido un momento tan crítico como el que viene padeciendo en los últimos años. En España no hay libertad de prensa, que nadie se llame a engaños.

Ser periodista estos días es, casi, un acto de heroicidad o demencia. No tenemos por qué irnos a l@s corresponsales de guerra, como mi querido Antonio Pampliega, que se juegan el tipo autofinanciando toda su actividad y todavía hay cadenas que quieren su material gratis “porque así gana el periodista prestigio”.

No. Podemos quedarnos en España, donde l@s profesionales de la información malviven por el amor a su profesión y son capaces de vivir con 600 euros al mes con tal de seguir escribiendo. Es@s periodistas que se quedan pasmados cuando medios de comunicación, cuyos directores se pasean por los platós de televisión, ofrecen 50 euros brutos por una reportaje (unos 42 euros, con el IRPF descontado)… un reportaje trabajado, con llamadas, desplazamientos, entrevistas, documentación… Dicho de otro modo, un reportaje cuyo coste de realización ya supera esos 42 euros. Así están las cosas, incluso, en medios que seguramente ustedes admiran.

¿Se puede vivir con 600 euros, de los que hay que descontar los 270 euros de autónomos, el teléfono, acceso a internet, desplazamientos… para poder seguir ganándolos? Complicado. Termina sacrificándose muchas cosas, mucho se queda por el camino, parejas, familia, salud… porque es complicado seguir este ritmo. Y da igual, la pasión por informar, continúa ahí, aunque haya que compatibilizar esa labor con otros empleos, desde generar contenido de marketing a poner cafés en un bar. Todo vale si con ello se puede serguir destapando asuntos que, de otro modo, difícilmente se conocerían.

Dejen de mirar únicamente a los Inda, los Escolar o los Ferreras. No sólo vean a medios instrumentalizados políticamente o al servicio de sus anunciantes. Bajen más, desciendan a la prensa local que, en muchos casos, es la que aún trata de preservar la quintaesencia del buen periodismo. De hecho, muchos de los casos, incluidos los de corrupción, que saltan a la escena nacional, fueron destapados por periodistas locales cuya labor no se reconoce como es debido.

Este ámbito tampoco escapa de las presiones, de las continuas violaciones de la libertad de prensa, del chantaje. Es en la prensa local donde con más claridad se percibe el modo en que la clase política y empresarial tienen un concepto de libertad de prensa perfectamente acomodado a sus intereses particulares. Negación del acceso a la información, querellas para desangrar en procesos judiciales a la prensa, presiones a terceros para que retiren su publicidad por haber destapado asuntos turbios… y un sinfín de tejemanejes con tal de que la ciudadanía no conozca lo que realmente sucede en su municipio.

Por todo esto, hoy más que nunca, hay que luchar también aquí en España por una libertad de prensa que, en realidad, no tenemos. De ello depende en gran medida que algún día tengamos una verdadera democracia y no una caricatura de ella.