Más coños insumisos, por favor

Las mujeres valientes, honestas, feministas y reivindicativas de la ‘Procesión de la Anarcofradía del santísimo coño insumiso y el santo entierro de los derechos socio-laborales’ están siendo víctimas de un atropello. Personalmente, estoy harto de lo fina que tienen la piel algunas personas amparándose en sus creencias religiosas, como si éstas no pudieran criticarse, como si de éstas no pudieran realizarse parodias, ironizar… Basta ya de tanta tontería. Encajen de una vez por todas que el catolicismo es machista. Mientras no destierren de su religión esos comportamientos retrógrados, esa concepción de la vida misma tan miserable, prepárense para que quienes defendemos la igualdad no permanezcamos impasibles a su modo de situar a la mujer en la sociedad.

Hace falta tener la fe cogida con alfileres o, simplemente, querer desviar la atención del desbarajuste que se tiene en su propia casa para que una persona se sienta tan ofendida por un acto como la procesión del coño insumiso. ¿Qué es lo que más molesta, que se parodie una procesión en sí o que la parodia venga a denunciar una verdad como un templo?

Recientemente entrevisté a un sacerdote. 45 años contaba el cura y, a pesar de sus buenas palabras y su lenguaje cercano, el discurso podría haber salido del mismísimo Rouco Varela. ¿Qué creen que me respondió al ser preguntado sobre la discriminación que sufre la mujer en la Iglesia católica? Pues que no es verdad, que la mujer ocupa un lugar importantísimo y que Dios así lo demostró cuando fueron las mujeres las que tuvieron el gozo de ser las primeras en descubrir a Jesús resucitado. Está todo dicho, ¿no? Pues no, hay mucho más.

Los temarios de los cursillos prematrimoniales que las parejas heterosexuales -otra discriminación más- han de pasar antes de casarse por la Iglesia atentan, no contra una creencia religiosa, sino contra las más esenciales libertades civiles. Un auténtico manual para el perfecto misógino. Eso sí que es para denunciar.

En estos cursillos se presenta una imagen de la mujer como mera “compañera del hombre”, que es quien “debe tomar las iniciativas, cargar sobre sus espaldas el peso del hogar, mientras la mujer lleva ese peso en el corazón”. Es el hombre y sólo el hombre quien “organiza, planea, legisla, construye, establece las estructuras del mundo y el hogar”.

Claro, está bien explicadito en estos cursos el por qué el hombre, cuando llega a casa, se olvida de las tareas domésticas y es la mujer la que “ha de saber estar presente en los mil y un detalles de la vida de cada día”, aunque trabaje, porque su profesión “seguirá siendo ‘sus labores”.

¿Por qué el hombre “siente la necesidad de arrellanarse en la butaca al volver del trabajo”? Sencillo: “no obedece necesariamente a pereza o indiferencia el que no se ponga inmediatamente a ayudar a su mujer en los trabajos de la casa”, sino a que “es capaz de hacer un trabajo duro de durante varias horas, tal vez durante varios meses. Incluso en los días ordinarios, se da intensamente a intervalos”.

En cuanto a las relaciones sexuales, los cursos no contemplan el consenso entre las dos partes, basta con que “uno de los cónyuges lo reclame razonablemente”… y concluye, que “el acto es tolerable a pesar de que la petición no sea totalmente razonable”. Y como bien precisa el texto que han de estudiar los futuros matrimonios, “el hombre está caracterizado por la fuerza y el poder. Debe tomas las inciativas”.

Estos son sólo algunos extractos, podría continuar desgranando esta oda a la misoginia de la que no se preocupan ni los Abogados Cristianos, ni el venerado Papa Francisco ni la Justicia de un Estado aconfesional en el que las mujeres son brutalmente asesinadas todos los días. Así las cosas, ¿tan grave parece la parodia del coño insumiso? Me van a perdonar, pero eso es una solemne tontería.

Más coños insumisos, por favor. Mi solidaridad, apoyo y aplauso a las anarcofrades del santísimo coño insumiso, a todos los hombres y mujeres que luchan por la igualdad y que cuando hablan de “tolerancia cero a la violencia machista” no sacan de esa premisa a la Iglesia católica que tantísimo daño nos ha hecho, hace y, si no lo paramos, hará.

Amén.