Opinion · Posos de anarquía

¿Libertad para La Manada? Ahora nos toca a nosotr@s

Tras la liberación de La Manada por parte de un@s magistrad@s que, como mi colega Julia Pérez indica, arrastan la imagen de la Justicia por los suelos, he querido esperar a conocer el auto judicial. No me hacía falta aguardar a conocer los detalles para saber que los componentes de La Manada son unos malnacidos y que no se ha hecho justicia, pero la espera me ayudaba a contener mi lenguaje y, al mismo tiempo, a precisar la incongruencia del auto.

La primera conclusión es que la Audiencia de Navarra ha condenado a la víctima de la violación a no salir de Madrid. Los condenados podrán viajar libremente por España, salvo por Madrid, que es donde reside la joven a la que violaron. Si est@s jueces no han sido capaces de ver eso es que sus estructuras mentales están más dañadas de lo que ya creemos muchas personas.

En segundo lugar, que hagan descansar sobre la sociedad la misión de vigilar a este grupo de animales indicando que no hay peligro de que vuelvan a violar porque son conocidos es una auténtica barbaridad, una aberración judicial que nos indica, no ya que sus autores tienen la materia gris perjudicada, sino llena de mierda. Su inmundicia moral sólo es comparable a la ausencia del sentido de la justicia del que hacen gala.

La tercera conclusión es que los violadores son conocidos, cierto… y también quienes los han puesto en libertad por la ridícula cantidad de 6.000 euros. No lo olviden y reparen en que, del mismo modo que ustedes, jueces, consideran que la sociedad puede tomar las medidas necesarias para salvaguardarse de estos indeseables, también pueden hacerlo con ustedes.

Tiene toda la razón del mundo la ministra de Justicia, Dolores Delgado, cuando afirma que no sólo hacen falta reformas legislativas sino mentales. El juez y la jueza de Navarra que han indignado a la sociedad española con un auto esperpéntico precisan, no ya una reforma mental, sino un reseteo total. No les hacía falta forzar el ordenamiento legislativo, tan sólo cumplir la ley, para haber mantenido a La Manada en prisión. Han hecho su elección, ahora la sociedad, todas y todos l@s que nos sentimos que, de nuevo, la justicia nos ha violado, haremos la nuestra.

Una buena amiga mía, muy cabal ella, decía esta mañana: “Ahora que van a estar en la calle me gustaría que La Manada sintiera la repugnacia que provocan. En su portal. En el autobús. En la playa. En un restaurante. Que les acorrale el rechazo. Que se hundan en la puta miseria”. Ampliaría el alcance de este deseo, aprovechando que, como nos dicen los jueces, ya nos conocemos tod@s.