La catástrofe de Japón y el debate nuclear

16 Mar 2011
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LUIS MATÍAS LÓPEZ

Un terremoto de magnitud 9 tiene un potencial devastador que una ola de 10 metros de altura que barre todo a su paso es capaz de multiplicar. Ni Japón, el país más preparado contra seísmos y tsunamis, puede frenar el efecto devastador de esta conjunción. Sin embargo, en última instancia, los accidentes nucleares que evocan el fantasma de Chernóbil no son culpa del detonante, una naturaleza imposible de domesticar, sino de la acción humana.
Que un país de 120 millones de habitantes esté al borde del pánico, y que el mundo contenga el aliento, se debe al intrínseco potencial destructivo de la energía atómica, a fallos de diseño, emplazamiento y seguridad, a un agresivo modelo de
desarrollo, al precio de reducir la dependencia exterior y a una apuesta por lo nuclear que sorprende en un país que sufrió, en Hiroshima y Nagasaki, el horror en estado puro. Después de Three Mile Island y Chernóbil, la energía nuclear sufrió un parón, amortiguado por 25 años sin ningún accidente grave pero, tras Japón, será ya absurdo sostener que es una energía limpia y segura.
Con el precio del crudo disparado por la revuelta árabe y la guerra civil en Libia, la catástrofe encuentra envalentonado al lobby atómico español y a su gran aliado, el PP, abierto partidario de indultar a las centrales (incluso Garoña, ya condenada en firme) más allá de su prevista vida útil, y hasta de construir nuevas plantas, como defienden Aznar y su ariete ideológico, FAES. Incluso Felipe González pide
reabrir la discusión teniendo en cuenta los avances tecnológicos y, sin que nadie le corrija, sostiene que varios ministros coinciden con él. De hecho, el PSOE pactó con CiU eliminar la referencia expresa en la Ley de Economía Sostenible a los 40 años de funcionamiento de las centrales.
Se acusa a Zapatero de gobernar en caliente, por impulsos, pero sería lamentable que, precisamente ahora, reaccionase con un exceso de cautela ante un desafío que, en países como Alemania, suscita ya reacciones inmediatas. Haría bien el PSOE, hundido en las encuestas, en olvidar que ya no cree en los dogmas y recuperar una de sus señas de identidad. En cuanto al PP, más le vale rectificar, ahora que tiene el viento a favor, si no quiere que le salga caro.

Luis Matías López es periodista


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