Universidad y Bolonia
Tags: ciencia filosofíaRAFAEL ESCUDERO ALDAY
El pasado viernes 26 de octubre el Consejo de Ministros aprobó el Real Decreto de Ordenación de Enseñanzas Universitarias, dando así lugar al “nacimiento de una nueva universidad”. Son muchos los cambios que se introducen en el sistema universitario español, siendo el más llamativo la desaparición de las viejas diplomaturas, licenciaturas y doctorados, y su sustitución por el que dice ser un sistema más flexible: grado y posgrado, dividiendo este último en máster y doctorado. Esta reforma trae causa de la Declaración de Bolonia, llamada así porque ése fue el lugar elegido por los mandatarios europeos en 1999 para poner en marcha el Espacio Europeo de Educación Superior. Un espacio en el que converger para igualar los títulos europeos y competir así con los mejores sistemas universitarios del mundo (el estadou-nidense, se entiende).
La filosofía que preside este proyecto bien puede resumirse en la búsqueda para los universitarios de una “formación general orientada a la preparación para el ejercicio de actividades de carácter profesional”. No hace falta ser un experto para notar la incompatibilidad que existe entre la pregonada formación general y la demanda del mercado de contar con profesionales cada vez más especializados en materias cada vez más concretas y específicas. La consecución de una formación general y humanista –labor clásicamente encomendada a las universidades– resulta ajena a lo que el mercado demanda. En la tensión entre formación integral y máxima especialización ha vencido esta última, relegando a las universidades al papel de “altas escuelas profesionales”. Prueba de esta victoria es la reducción del grado de cinco a cuatro años. Se alega que con cuatro años ya se ha obtenido la formación necesaria para la incorporación al mercado laboral. Si esto fuera así, entonces cabría preguntarse por qué Medicina y Arquitectura mantienen la situación actual y quedan exentas de la rebaja en la duración de sus estudios. No hay razón que justifique la diferencia temporal entre los estudios de un médico y un juez: la importancia de ambas profesiones parece similar.
Este sistema configura con todo lujo de detalles un nuevo posgrado, en el que el máster cobra un rol preferente. Algunas universidades han diseñado antes sus estudios de posgrado que los del propio grado, lo cual indica por dónde van sus intereses. Este máster tendrá una duración de uno a dos años y cursarlo será obligado para aquellos universitarios que pretendan acceder a los escalones superiores del mercado laboral. Bien porque el mercado no asume trabajadores cualificados tan jóvenes y sin la suficiente preparación; bien porque se impone legalmente para obtener la capacitación profesional, como es el caso de abogados y procuradores, que tendrán que cursar un máster para poder ejercer como tales.
El viejo principio de igualdad de oportunidades salta por los aires si atendemos, además, a estos dos hechos: uno, el máster no estará sujeto a los mismos precios y costes que el grado, sino que sin duda será más caro; y dos, que para la realización de los estudios de máster se ofertan préstamos en lugar de becas (a devolver, eso sí, en cómodos plazos y con la garantía del Instituto de Crédito Oficial).
La flexibilidad de los títulos es otra clave del proceso. Las universidades serán libres de configurar sus propios planes de estudios, con el objeto declarado de alcanzar la “plena adaptación a las necesidades y opciones formativas de su entorno”. Dado que este proceso no se caracteriza por ir acompañado de la suficiente dotación presupuestaria por parte del Gobierno, no resultará extraño que las universidades busquen la financiación de sus nuevos títulos en otros caladeros, los cuales determinarán lo que interesa y lo que no, lo que se ajusta mejor a sus objetivos y lo que no se adapta a sus necesidades.
Consecuencia de todo ello será la privatización o externalización de la oferta de los estudios universitarios, donde los intereses del mercado, es decir, los de las grandes empresas, decidirán las necesidades y opciones formativas de su entorno. Cosa que, por otra parte, ya sucede en buena medida con la investigación.
Otra clave preside la implantación del modelo de Bolonia: la total falta de transparencia durante el proceso. Salvo unos pocos elegidos, los profesores de universidad no han sido llamados a participar en el mismo. Se sabe, sí, que existen comisiones que deciden el contenido de las nuevas titulaciones, pero –salvo honrosas excepciones– no se conocen ni cuáles son los criterios para formar parte de ellas ni tampoco los resultados hasta ahora alcanzados. Difícilmente podrá pedirse implicación en el proceso a unos actores que no han sido llamados a participar en su diseño.
Sirva una última cuestión como aviso para navegantes y entusiastas europeístas. Los lectores recordarán el fallido lema que el actual Gobierno español eligió para la campaña del referéndum sobre la Constitución europea: “Los primeros con Europa”. Pues bien, los responsables del Ministerio de Educación están decididos a resucitar este lema. Han elegido el curso que viene, el 2008/09, como el del inicio del nuevo sistema, sin encomendarse a nada ni tan siquiera observar las experiencias europeas paralelas.
Y hablando de Europa y de buenas universidades, mientras todo esto de Bolonia se fraguaba pudimos leer que en el pacto que firmaron los partidos democristiano y socialdemócrata que actualmente sostienen el Gobierno de coalición alemán se incluyó una cláusula consistente en “rechazar la implantación de los acuerdos de Bolonia a las facultades de Derecho alemanas”. En fin, ¿realmente era necesario ser los primeros?
Rafael Escudero Alday es profesor de Filosofía del Derecho de la Universidad Carlos III








Comentario por Miltorres
08/11/2007 @ 07:27
El sistema de grado/postgrado funciona desde hace tiempo en paises como Reino Unido, Canada, USA y Japon que curiosamente son los que suelen ocupar los primeros puestos de casi todos los ranking que se hacen sobre univeridades. En Alemania, este sistema se empezo a implantar ya en el curso 99/00.
Lo primero que ha supuesto para las universidades alemanas ha sido que un mayor numero de alumnos extranjeros han optado por continuar sus estudios alli. Esto se debe a que con el nuevo sistema la equiparacion de los titulos obtenidos es mucho mas simple y la gente del departamento de personal de las empresas no tienen que romperse la cabeza para saber si una licenciatura española es equivalente a un master o un bachelor, o si un Diplom aleman se corresponde con el titulo de una Grand Ecole francesa.
Logicamente, esto permite un mejor acceso al mercado de trabajo de casi cualquier pais, lo que es vital para muchos profesionales en el mundo globalizado en que vivimos.
Asi que de primeros mas bien poco, y las “experiencias europeas paralelas” parecen dar la razon a quienes piden que Bolonia se implante cuanto antes.
Comentario por javier
08/11/2007 @ 12:06
Es el sistema que va a arruinar la Universidad española. La diferencia entre la educación impartida en los USA y la Europa conntinental es el método de trabajo, para lo cual no hace falta remover tanto el sistema. Si se busca un cambio tan drástico es porque falta dinero en las Universidades europeas; no para mejorar la calidad de la enseñanza, pues para eso habría que reeducar a los docentes con el fin de que fuesen, ya no excepcionales, sino buenos impartiendo clase.
Comentario por Luis
08/11/2007 @ 12:10
Si lo que se quiere es, como dice el comentario de arriba, “un mejor acceso al mercado de trabajo de casi cualquier pais, lo que es vital para muchos profesionales en el mundo globalizado en que vivimos”, entonces que se abran las fronteras al flujo de trabajadores (y no solamente de capitales, como se viene haciendo hasta ahora). Qué bien, la equiparación de títulos: para que las empresas “globalizadas” puedan escoger ganado entre un rebaño mayor. De “trabajadores cualificados”, por supuesto.
El problema de Bolonia es que la instauración de una especie de “libre competencia” entre las universidades y de libertad en la oferta de máster, se resuelve en una especie de plutocracia por la cual el acceso a la cualificación de la fuerza de trabajo se va encareciendo progresivamente. Cada vez es más caro “cualificarse”, y cada vez se abre más el abanico de títulos de pago, para que los más ricos puedan gastarse más dinero en sus “estudios”.
Comentario por Rafael Pla López
10/11/2007 @ 20:24
En/na Rafael Escudero Alday (Universidad y Bolonia) ha escrit:
> “formación general orientada a la preparación para el ejercicio de actividades de carácter profesional”. No hace falta ser un experto para notar la incompatibilidad que existe entre la pregonada formación general y la demanda del mercado de contar con profesionales cada vez más especializados en materias cada vez más concretas y específicas
No es así. La tendencia predominante es a pedir ”generalistas” cuya formación sea suficientemente flexible para adaptarse a las cambiantes necesidades de los procesos productivos.
> Prueba de esta victoria es la reducción del grado de cinco a cuatro años
Eso es una falacia. ¿Cómo puede hablarse de reducción del grado de 5 a 4 años si antes no había grado? Igual podría hablarse de ampliación de la diplomatura de 3 a 4 años. Lo que hay realmente es un cambio de la estructura de ciclos, no su acortamiento o alargamiento.
> cabría preguntarse por qué Medicina y Arquitectura mantienen la situación actual y quedan exentas de la rebaja en la duración de sus estudios
Igual que habrá actividades profesionales para las que sea insuficiente el Grado y se requiera un Master (que por cierto no debería llamarse así, sino Maestría en correcto castellano, o Mestratge en catalán).
> El viejo principio de igualdad de oportunidades salta por los aires si atendemos, además, a estos dos hechos: uno, el máster no estará sujeto a los mismos precios y costes que el grado, sino que sin duda será más caro
Éste sí es un problema central. Aquí habría que centrar los esfuerzos, sin aceptar el resignado ‘’sin duda” y exigiendo establecer “condiciones apropiadas para que los estudiantes puedan completar sus estudios sin obstáculos relacionados con su origen social y económico”. Ver http://alteritat.net/eupv/ninconsf.htm
> para la realización de los estudios de máster se ofertan préstamos en lugar de becas (a devolver, eso sí, en cómodos plazos y con la garantía del Instituto de Crédito Oficial)
El sistema de préstamos-renta es adecuado siempre que se mantenga su carácter público. Recordemos que la devolución sólo comenzaría cuando las retribuciones superen la renta media.
Lo que no es razonable es que quienes accedan a una titulación superior gracias a la financiación pública de sus estudios se conviertan en privilegiados con retribuciones superiores a la renta media sin devolver al erario público lo recibido. El sistema es similar al que se exige en Cuba a los titulados que después de beneficiarse del sistema educativo cubano quieren trasladarse a otros países obteniendo retribuciones mucho más elevadas, para lo cuál se les exige devolver al pueblo cubano la inversión realizada en sus estudios.
Ver http://alteritat.net/eupv/univalte.htm#GRATUITAT
>
> La flexibilidad de los títulos es otra clave del proceso. Las universidades serán libres de configurar sus propios planes de estudios, con el objeto declarado de alcanzar la “plena adaptación a las necesidades y opciones formativas de su entorno”. Dado que este proceso no se caracteriza por ir acompañado de la suficiente dotación presupuestaria por parte del Gobierno, no resultará extraño que las universidades busquen la financiación de sus nuevos títulos en otros caladeros, los cuales determinarán lo que interesa y lo que no, lo que se ajusta mejor a sus objetivos y lo que no se adapta a sus necesidades.
Razón de más para exigir financiación pública suficiente: NINGUNA CONVERGENCIA SIN FINANCIACIÓN
>
> Salvo unos pocos elegidos, los profesores de universidad no han sido llamados a participar en el mismo.
Dependerá de las universidades. Quizá sea así en la Carlos III. No lo es en la mía.