Dominio público

Opinión a fondo

Urgente: nueva era, nuevas soluciones I

31 Ene 2015
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Federico Mayor Zaragoza
Ex ministro de Educación y ex director general de la Unesco

“Ningún desafío se sitúa más allá de la capacidad creadora de la especie humana”.
John Fitzgerald Kennedy, 1963.

Hay que inventar el futuro. La inercia es el gran enemigo, ya que pretende aplicar a nuevos problemas pretéritas soluciones. Nunca en el pasado han cambiado tantas cosas tan rápidamente. Favorecer una adecuada evolución puede evitar la revolución. “Situaciones sin precedentes requieren —ha dicho Amin Maalouf— soluciones sin precedentes”. Durante siglos, el poder absoluto masculino se ha basado en la razón de la fuerza. Ahora ha llegado el momento de, con firmeza, utilizar la fuerza de la razón. En la era digital, los seres humanos dejan de ser invisibles, silenciosos y obedientes. Dejan de ser súbditos para ser ciudadanos plenos. Tienen lugar cambios profundos en el espacio, el tiempo y la naturaleza de nuestro proceder.

Se equivocan quienes consideran que nos hallamos ante una crisis coyuntural y pretenden reinstaurar el “orden” anterior. Nos encontramos en una encrucijada histórica en la que todos los seres humanos y no unos cuantos vivirán una vida digna de ser vivida. Hay que pasar de tener a ser. De “más” a “mejor”, de la “abundancia asimétrica” a la sobriedad voluntaria y compartida.

El sueño de la prosperidad de los pocos ha prevalecido sobre el sueño de la liberación de los muchos. Las parcelas de la autonomía personal se han  ido reduciendo en términos económicos, de conducta… hasta de pensamiento, por el agobio informativo y mediático. Es precisa una reapropiación del tiempo  para reflexionar, imaginar… y “pensar lo que nadie ha pensado”.

Inaplazables momentos de decisión: Así empieza la Carta de la Tierra: “Estamos en un momento crítico de la historia de la Tierra, en el cual la humanidad debe elegir su futuro. A medida que el mundo se vuelve cada vez más interdependiente y frágil, el futuro depara, a la vez, grandes riesgos y grandes promesas. Para seguir adelante, debemos reconocer que en medio de la magnífica diversidad de culturas y formas de vida, somos una sola familia humana, una sola comunidad terrestre con un destino común. Debemos unirnos para crear una sociedad global sostenible fundada en el respeto hacia la naturaleza, los derechos humanos universales, la justicia económica y una cultura de paz”.

Debemos actuar resueltamente, sin mayores aplazamientos, sobre todo cuando se trata de procesos potencialmente irreversibles. Estamos viviendo, especialmente desde hace algunas décadas, en medio de una extraordinaria confusión conceptual, degradación ecológica, extrema pobreza, inexcusables disparidades, amenaza nuclear, carencia de un multilateralismo eficiente…, debacle, en suma, de un sistema basado en el dinero y el cortoplacismo.

Hugues de Jouvenel, en su introducción titulada De una era a otra, a un reciente número de Futuribles, subraya el acierto del Club de Roma, con el hombre-atalaya Aurelio Peccei al frente, cuando en 1972 ya alertó sobre los “límites del crecimiento” y sobre la imperiosa necesidad —y deber, por nuestras responsabilidades intergeneracionales— de reponer en toda la medida de lo posible los recursos naturales consumidos y de evitar el deterioro del medio ambiente.

Hoy tenemos que tener en cuenta, en nuestro comportamiento cotidiano, la globalidad de la Tierra. La deslocalización productiva  y la contaminación que la acompaña no resuelven nada a escala planetaria. Es preciso sentirnos y actuar como ciudadanos del mundo, actuando de tal modo que podamos satisfacer las necesidades básicas sin destruir el ecosistema. “Estamos al borde del abismo de una crisis política, económica y financiera”, ha escrito el economista Thomas Piketty. Y social, medioambiental, conceptual y ética, debemos añadir.

Ahora, por fin, sabemos. Por fin, podemos expresarnos libremente. Por fin, la igualdad de género permitirá el equilibrio que constituye la piedra angular de una nueva era, en la que en lugar de esquivar los grandes desafíos, les haremos frente y no aceptaremos lo inaceptable.

Lo éticamente inadmisible. Como parte de mis retornellos:

1. Es intolerable que 3.000 millones de dólares se inviertan diariamente en gastos militares y en producción de armamentos al tiempo que mueren de  hambre y desamparo alrededor de 40.000 personas, la mayoría niños y niñas de uno a cinco años de edad.

2. Según un reciente informe de OXFAM, 85 personas poseen una riqueza mayor que la de la mitad de la humanidad (¡3.300 millones de personas!).

3. La “sociedad del bienestar” representa alrededor de un 20% del conjunto de los habitantes del planeta, lo que significa que una gran mayoría de seres humanos no se albergan en el barrio próspero de la aldea global.

4. La ayuda al desarrollo por parte de los países más prósperos ha decrecido en lugar de aumentar: con algunas excepciones, no se cumple la recomendación de las Naciones Unidas en 1974 de que los países más avanzados contribuyan al progreso de los más necesitados con el 0,7% de su PIB (España, se halla a la cola de ayuda al desarrollo, ya que ha pasado del 0,46% en el año 2010 al 0,16% actualmente).

5. Con una estrategia de inclusión y una regulación bien establecida jurídicamente de determinadas actividades, la explotación, especialmente realizada por grandes empresas multinacionales, podría dejar rápidamente de ser una de las mayores afrentas a la humanidad actualmente: la que con altas vallas y concertinas trata evitar la inmigración forzada por el hambre y la desesperación, en lugar de poner en práctica una política que evite los excesos actuales, propios de la impunidad que existe a escala supranacional.

6. El cambio climático, la fusión del Ártico… no se trata sólo de grandes desafíos geopolíticos y geoeconómicos sino, sobre todo, de impedir que, habiendo entrado ya en el antropoceno, disminuya la calidad de la habitabilidad de la Tierra…

Ausencia de las instituciones multilaterales adecuadas. En el año 1989, cuando todo clamaba paz; cuando el presidente Nelson Mandela había logrado la conciliación en Sudáfrica y la desaparición del abominable apartheid racial; cuando el inmenso imperio de la Unión Soviética se había transformado, por la magia de Mikhail Gobachev, sin una sola gota de sangre, en una gran Comunidad de Estados Independientes; cuando concluían satisfactoriamente los procesos de paz de Mozambique y El Salvador y se reiniciaba el proceso de paz en Guatemala… el neoliberalismo globalizador sustituyó, ante la impasibilidad de Occidente, los grandes principios democráticos tan bien establecidos en la Constitución de la UNESCO, por las leyes del mercado, y a las Naciones Unidas por grupos plutocráticos, integrados por seis, siete, ocho… 20 países… Y se constituye, fuera del ámbito del Sistema de las Naciones Unidas, la Organización Mundial del Comercio; no se suscribe la Convención de los Derechos Humanos de la Infancia por la administración republicana de los Estados Unidos en 1989; se invade Irak, alegando pretendidas armas de destrucción masiva; sigue sin resolverse el contencioso palestino-israelí y a los conflictos interreligiosos se añaden, con especial virulencia, los intrarreligiosos (shiítas, sunitas, salafitas, yihadistas…) y resurgen con fuerza, incluso en “ejemplares” países nórdicos de Europa, la xenofobia y el nacionalismo.

En los Estados Unidos, el presidente Obama, haciendo uso de las facultades propias de la Presidencia, logra importantes progresos sociales como la aprobación del “medicare”; la incorporación de varios millones de inmigrantes que no habían sido todavía “regularizados”;  la disminución del presupuesto bélico del Pentágono; el crecimiento económico a través de importantes incentivos al trabajo y a las grandes obras públicas, mientras que una Unión Europea, caracterizada por la apresurada unión monetaria sin una unión política y económica previas, retrocede progresivamente en su papel en pro de la democracia y de las libertades públicas, sometiéndose estrictamente al dictado de las pautas financieras  no sólo con recortes económicos considerables, sino de las grandes conquistas sociales alcanzadas, desplazando, además, la creatividad e invención hacia el Este, consintiendo que China haya logrado, en el mes de septiembre del 2014, superar a la Unión Europea en esfuerzo en I+D+i.

¿China, país comunista, convertida en una gran potencia capitalista? ¿Y la India? ¿Cómo puede ser que sigamos analizando los problemas actuales basándonos en los “grandes poderes tradicionales”, sin tener en cuenta la realidad del mundo actual? Como científico, sé bien que sólo podremos transformar la realidad en profundidad si en profundidad la conocemos.


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