Dominio público

Opinión a fondo

Un nuevo Estatuto de los trabajadores para la era digital

21 Sep 2015
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Luz Rodríguez
Secretaria de Empleo de la CEF del PSOE

Un estudio reciente de la OIT concluye que el 75% de las reformas estructurales realizadas en los últimos años en los mercado de trabajo de los diferentes países han consistido básicamente en reducir la protección social de los trabajadores, teniendo un escaso impacto en la reducción del paro o en el crecimiento económico. En este sentido, pese a la retórica de la flexiseguridad, las reformas estructurales en los mercados laborales se han concentrado por encima de todo en la flexibilización, en detrimento de las políticas de protección de los trabajadores.  Nosotros los socialistas pensamos que ésta es una visión reductiva de lo que debe ser una reforma estructural y, por ello, proponemos un nuevo Estatuto que vuelva a convertir los derechos de los trabajadores en el eje central de la modernización de nuestro mercado laboral y, por ende, de nuestra economía.

Con este nuevo Estatuto queremos erradicar la precariedad laboral, simplificando el número de contratos y acabando con el uso fraudulento de la temporalidad, y también la precariedad no laboral, poniendo fin a la figura de los falsos autónomos y de las becas que encubren verdaderos contratos de trabajo. Así mismo, atacaremos la devaluación y desigualdad salarial, entre otras medidas, garantizando que los trabajadores y trabajadoras contratados por las empresas de servicios cobren lo mismo que los contratados por la empresa principal: el principio debe ser a igual trabajo, igual salario.

Esta propuesta no es en absoluto un intento nostálgico de retornar al pasado, ni tampoco se justifica solamente por la necesidad de derogar la reforma laboral del PP, sino que se trata, más bien, de enfocar el problema desde otra óptica: desde un nuevo marco que actualice los derechos de los trabajadores y el gobierno de las relaciones laborales a las nuevas realidades del siglo XXI. Y que todo ello se haga con consenso.

Desde que el primer Estatuto de los Trabajadores fue aprobado en España, en 1980, han tenido lugar una enorme cadena de transformaciones. En el ámbito de la economía, al tiempo que nos hemos integrado en la Unión Europea, España se ha abierto también al mundo con la globalización, convirtiéndose en una moderna economía de servicios. En lo social, las mujeres se han incorporado masivamente al mercado de trabajo, alterando su rol tradicional circunscrito al ámbito doméstico. Desde un punto de vista cultural, se han transformado las preferencias sobre las que se organiza el mundo del trabajo, de manera que las nuevas generaciones aspiran a compatibilizar el aprovechamiento de su tiempo personal (ya sea en relación con la formación de una familia o simplemente debido al desarrollo de una vida personal activa) con el éxito profesional.

Han variado también las formas de organizar la empresa y la producción y el acelerado cambio tecnológico está transformando radicalmente el mundo del trabajo. Si en la revolución industrial los jornaleros y campesinos abandonaban el campo por las factorías en las ciudades, hoy en día, muchos ciudadanos dejan las interminables horas de oficina para poder realizar su jornada laboral desde casa. La era digital está todavía en su infancia pero ya empezamos a vislumbrar su gran impacto. Desde la expansión de la robótica, el desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), el impulso del “big data”, la puesta en práctica de nuevos modelos de negocio basados en la economía colaborativa, hasta las múltiples posibilidades que ofrecerá la impresión en 3D, revolucionarán cada día más el ámbito del trabajo.

Así, las TIC ya están difuminando las fronteras entre el trabajo y la vida personal, hasta el punto de que, en una encuesta reciente, se revelaba que 8 de cada 10 trabajadores españoles encuestados mezclan su vida personal y profesional (con un 85% atendiendo tareas de trabajo en su tiempo libre, y un 80% realizando tareas personales en su jornada laboral). En esta misma línea, el avance tecnológico, al tiempo que vuelve obsoletas viejas profesiones, está dando lugar a nuevos tipos de empleos, de manera que, según un estudio reciente del departamento de trabajo de Estados Unidos, el 65% de los escolares de hoy en día, cuando sean mayores, estarán empleados en empleos que todavía no existen.

La magnitud y alcance de todas estas transformaciones presenta grandes oportunidades para nuestro futuro como país, pero también, sin duda, grandes retos. Como socialistas, queremos que esta nueva “carta magna” de los derechos del trabajador de la era digital asegure, de forma prioritaria, que todos los ciudadanos puedan tener un trabajo seguro y decente, con un salario justo, en la que todas las nuevas formas de empleo se integren en nuestro sistema de la Seguridad Social. Pero también, con esta nueva carta de derechos queremos ofrecer un marco abierto y flexible para la incorporación de todas aquellas nuevas profesiones que vayan emergiendo en la nueva era digital.

Así, debemos abordar el concepto de la flexibilidad, no solo desde la perspectiva de las necesidades de las empresas (que es importante, por supuesto), sino también teniendo en cuenta la mayor demanda que tiene el trabajador por el control de su propio tiempo. Esto se puede hacer, por ejemplo, utilizando un enfoque de fases de vida, en el que partamos de la idea de que, en la vida laboral, hay diferentes etapas, desde “la hora punta”, entre los 25 y los 45, en la que el trabajador tiene que compatibilizar múltiples tareas de una importancia “vital” (formar una familia, periodos de formación, etc.) hasta otras fases menos apuradas.

Por otra parte, con el nuevo Estatuto trataremos otros asuntos urgentes que afectan a los derechos de los trabajadores y carecen de un tratamiento legal claro en la actualidad, como son la privacidad de las comunicaciones de los empleados en las redes sociales, la difuminación de las fronteras entre el trabajo y la vida privada facilitado por las TICs, o problemas emergentes relacionados con la seguridad y la salud en el lugar de trabajo.

El mundo laboral se haya inmerso en una revolución sin precedentes que presenta grandes oportunidades pero también grandes retos. España solo podrá reemplazar el paro estructural por la creación sostenida de empleo de calidad si transformamos nuestra economía a través de las herramientas y los vastos yacimientos de empleo que ofrece la transversalidad de la nueva economía digital. Pero, para lograrlo, debemos establecer un marco de derechos de los trabajadores acorde a la realidad del siglo XXI. Un nuevo escenario que refuerce el dialogo social y recupere la centralidad de la negociación colectiva, beneficiando a partes iguales a trabajadores y a empresarios, porque el carácter compensador siempre fue una seña de identidad del Derecho del Trabajo y el equilibrio entre ambos un elemento clave de nuestro Estado social y democrático. Una nueva carta de derechos que, en lugar de limitarse a enmendar los errores del pasado, anticipe las necesidades laborales de la España del futuro.


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