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Opinión a fondo

¿Está el proyecto político “Por una nueva socialdemocracia” inspirado en el Programa de Unidos Podemos?

10 Mar 2017
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Por Manuel Escudero

Economista

El proyecto político y estratégico presentado por Pedro Sánchez “Por una Nueva Socialdemocracia” ha sido mencionado en términos relativamente ecuánimes aunque con “peros” muy importantes, por mi querido colega Vicenç Navarro en su artículo El Porqué del Declive Electoral del PSOE: los entramados de sus equipos económicos.

Puesto que me cita, me permitirá que le haga algunas puntualizaciones. El Proyecto político de Sánchez no está, como él afirma, “claramente inspirado en el Programa de Podemos”. De eso puedo dar yo fe por varias razones, y me parece interesante mencionar algunas, no por meterme en un debate de “copyrights” que es enojoso y aburrido, sino por razones que pudieran resultar interesantes para entender por qué el proyecto estratégico de Pedro Sánchez plantea lo que plantea.

El hecho es que, efectivamente, la socialdemocracia se encuentra metida en una espiral hacia la insignificancia que tiene una salida, y solamente una: afirmar, como se hace en ese proyecto, que la causa principal de ese declive es que se ha ido acomodando a los límites impuestos por el capitalismo neoliberal, en una deriva que se inició hace 25 años.  Por ello proponemos también que a no ser que la socialdemocracia amplíe su campo conceptual de análisis de la realidad y de propuesta política abordando con sentido crítico la necesidad de una alternativa al modelo económico neoliberal dominante, no será posible su renovación.

Ese es uno de los pilares de la renovación socialdemócrata que propone el documento. Pero hay dos más: el segundo es que la socialdemocracia necesita “meterse el futuro en los huesos”, que estamos embarcados en una transición a la economía digital, y que eso trae un mundo de oportunidades pero también una situación mucho más compleja para el objetivo de que haya salarios y trabajo digno para todos. En este segundo aspecto, como bien señala Navarro, tenemos él y yo, -y quizás los proyectos que defendemos cada uno-, un desacuerdo importante.

Y hay una tercera razón: el reposicionamiento estratégico de la socialdemocracia también significa hacer posible, y hacerlo muy en serio, una transición ecológica de la economía.

Este triángulo de razones, – construir una alternativa al capitalismo neoliberal, entrar en la economía digital sin que nadie se quede atrás, y reconocer de una vez por todas la interrelación entre economía, sociedad y límites ecológicos-  son los elementos angulares de lo que se propone. Es lógico por lo tanto que si nuestra llamada al reposicionamiento se hace desde dentro de la socialdemocracia, nuestras propuestas más concretas difieran de las que ha realizado Unidos Podemos.

Por ejemplo, en relación a los nuevos retos del bienestar en el siglo XXI nosotros somos, en primer lugar, partidarios del reparto del tiempo de trabajo conservando iguales salarios, y dando nuevo ímpetu al acortamiento de las jornadas. Solamente en segundo lugar proponemos que, si en el futuro el paro tecnológico se afianza en nuestra sociedad, debería entrar entonces en vigor una Renta Básica Universal. Pero esto no se queda en un brindis al sol. Por eso hacemos una apuesta que afecte estructuralmente a nuestro sistema fiscal desde ahora, mediante la introducción de un impuesto negativo de la renta que sirva hoy como plan de choque contra la pobreza y mañana pueda extenderse hacia esa RBU.

Con todo, hay algún elemento de diagnóstico común entre esta reorientación estratégica y algunos elementos subyacentes al programa político de Podemos. Por ejemplo, ambos reconocemos que el binomio entre democracia y justicia social se ha roto, que mucha gente cree que la democracia ya no sirve de mucho para que la justicia social progrese. Pero ofrecemos, sin embargo, una solución bien diferente: para nosotros la solución está en reformar la democracia representativa introduciendo en ella altas dosis de participación ciudadana, y rescatarla, desde las instituciones democráticas, de las manos de los poderes económicos y financieros que la tienen secuestrada. Pero me da la impresión que Unidos Podemos piensa en otra solución: puesto que esta democracia no sirve, ¿no sería mejor instaurar otra, de corte popular?

Existe otra seria objeción respecto a los elementos subyacentes en las propuestas de Unidos Podemos: a mí, debo decir, no me quedan claros cuáles son los principios inspiradores de las políticas de Unidos Podemos. Pero en lo que hace a nosotros, no solamente no renunciamos a los principios básicos de la socialdemocracia sino que llamamos a volverlos a empuñar hoy frente a una nueva realidad del capitalismo. Conservar nuestros principios implica también conservar nuestra concepción reformista de la lucha política. Las reformas no solo se justifican por su bondad teórica, sino también por la posibilidad de sostenerlas en el tiempo, porque no traigan efectos perversos para los ciudadanos resolviendo alguna injusticia pero generando otra, y porque se realicen a través de alianzas para alterar las correlaciones de fuerzas que impiden que se instauren. En esta nueva orientación no es que hagamos una distinción entre reformas moderadas y radicales: de todo vamos a necesitar en el futuro. La distinción fundamental es entre reformas que traigan efectivamente progreso y las que lo hagan solamente de modo aparente e impliquen al final un serio retroceso social.

En fin, una consecuencia de este reposicionamiento estratégico es reconocer las diferencias entre unos y otros, pero saber dejarlas a un lado para buscar elementos de acción común. Podemos y el PSOE no tienen los mismos principios, ni tienen los mismos valores, ni son mimetizables en sus políticas. Pero a renglón seguido hay que afirmar que la estrategia de aniquilamiento mutuo es la más torpe que puede elegir la izquierda, porque con una división como la actual jamás se podrá ganar a la derecha en España y, lo que es aún más importante, a una ultraderecha que avanza incontenible en Europa.

Por eso hay que intentar entenderse, partiendo de que somos distintos. Y para ello, en primer lugar, es necesario respetarse mutuamente. Sin embargo, el respeto mutuo implica dos actitudes elementales: la primera es no arrogarse una superioridad ni teórica ni política de salida. Y la segunda, tan importante como la primera, consiste en no inmiscuirse en los asuntos del otro.  Pienso honradamente que en ambas categorías del respeto mutuo que hay que construir queda todavía mucho que avanzar, y que solamente se avanzará en la medida en que se deje de lado la actitud de aniquilar, abierta o sibilinamente, al vecino.


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