Opinion · Dominio público

Túnez: hacia un Estado civil

Waleed Saleh

Miembro del Grupo de Pensamiento Laico, integrado por Nazanín Armanian, Enrique J. Díez Gutiérrez, María José Fariñas Dulce, Pedro López López, Rosa Regás Pagés, Javier Sádaba Garay y Alkhalifa

Waleed Saleh
Miembro del Grupo de Pensamiento Laico, integrado por Nazanín Armanian, Enrique J. Díez Gutiérrez, María José Fariñas Dulce, Pedro López López, Rosa Regás Pagés, Javier Sádaba Garay y Waleed Saleh Alkhalifa

“La novia de la Primavera Árabe” es el calificativo que utilizan algunos periodistas y políticos para referirse a Túnez. Después del estrepitoso fracaso de las “revoluciones árabes” que comenzaron en 2011 en países como Egipto, Libia, Yemen, Siria… provocando guerras civiles y catástrofes humanas, Túnez se salvó de este descalabro como una excepción. Detrás de esta realidad probablemente se esconde la madurez y sabiduría de sus dirigentes, pese a sus grandes diferencias ideológicas que los caracterizan. Existen en el país dos grandes corrientes claramente opuestas: un sector laico con profundas convicciones democráticas y otro islamista que reclama la vuelta de la sociedad tunecina a sus raíces religiosas y tradicionales. Pero unos y otros han trabajado desde la caída de Ben Ali en enero de 2011 por la convivencia, cooperación e inclusión.

Del árbol de la Primavera Árabe, la rama tunecina es la única que luce unas hojas verdes, gracias al avance realizado y materializado por medio de unas elecciones libres y transparentes, la elección del primer presidente de forma democrática en el país y la redacción de una constitución progresista y reformista.

La Constitución tunecina de 2014 potencia el papel de un Estado civil basado en la ciudadanía, la voluntad del pueblo y la supremacía de la ley. Impulsa la igualdad entre mujeres y hombres y desarrolla los medios contra la violencia de género.

Lo cierto es que la Constitución anterior de 1959 diseñada y apoyada por el expresidente Bourguiba garantizaba un amplio margen de libertades y concedía derechos a la mujer tunecina que seis décadas después ningún país árabe o de mayoría musulmana ha sido capaz de plasmar en sus constituciones.

El sueño de buena parte de la sociedad tunecina de conseguir un Estado laico se ha desvanecido o al menos se ha aplazado al encontrar una resistencia por parte de los islamistas de al-Nahda que insistieron en incluir en la Constitución la frase: “el Islam es la religión del Estado”. Pero, al contrario, aceptaron que la Sharia no fuera la primera fuente de la legislación. La laicidad en una sociedad como la tunecina se asocia al ateísmo, término que levanta ampollas en ciertos sectores y hace que los políticos laicos actúen con precaución para no provocar rechazo e inquietud.

La reciente Constitución contiene apartados innovadores: el artículo sexto garantiza la libertad de conciencia, algo inusual en el mundo árabe e islámico. El ateísmo y la apostasía son considerados delitos graves en la mayoría de los países de fe musulmana. La condena es la ejecución en una docena de países entre ellos: Sudán, Mauritania, Catar, Irán, Yemen, Arabia Saudí, Somalia, Emiratos Árabes, Malasia, Las Islas Maldivas, Nigeria, Afganistán y Pakistán.

En cambio, el artículo 74 obliga al presidente de la República tunecina a confesar el islam, condición que fue muy criticada por el sector laico alegando que en Túnez hay ciudadanos que confiesan otras religiones como el cristianismo y el judaísmo y deben tener los mismos derechos que los musulmanes.

La mujer tunecina gozaba incluso en la Constitución de 1959 y en el código de la familia de un estatus envidiable si se compara con otros países árabes o de mayoría musulmana. La poligamia fue prohibida en Túnez en 1956, asimismo el repudio oral que aún se practica en países como Egipto.  El divorcio en Túnez solamente se puede realizar en los tribunales. También el matrimonio exige el consentimiento de las dos partes y la mujer tiene derecho a que la familia le permita estudiar en las diferentes etapas escolares y académicas, tener derecho a opinar y participar en las decisiones familiares.

La nueva Constitución en su artículo 46 indica que el Estado se compromete a proteger los derechos adquiridos de la mujer, apoyarlos y desarrollarlos, y garantiza las oportunidades para hombres y mujeres para ocupar cargos en todos los ámbitos.

El código de la familia ha conocido también modificaciones a favor de la mujer. Por sugerencia del Presidente de la República Baji Qaid Sebsi se han anulado en septiembre de 2017 todas las leyes que prohíben que una mujer musulmana pueda contraer matrimonio con un no musulmán, tal y como obliga la ley islámica. Sabemos que un hombre musulmán, según esta ley, tiene derecho a casarse con una cristiana o judía, sin que esta tenga que convertirse al islam. Sin embargo, la mujer musulmana no tiene el mismo derecho.

Por otro lado, Túnez ha sido el primer país de mayoría musulmana donde se fundó y se registró legalmente la primera asociación de ateos con el nombre de Libre Pensadores. En el mes de noviembre 2017, un grupo de ciudadanos tunecinos de más de 400 personas consiguieron después de varios intentos registrar la asociación ante las autoridades tunecinas. La asociación defiende uno de los mayores tabúes del islam: el ateísmo. Sus miembros se declaran “agnósticos y ateos” y su objetivo principal es “garantizar los derechos de aquellos que no se sienten religiosos”. Cuestiona la asociación la hegemonía de la religión y defiende que junto a los musulmanes y creyentes de otras religiones, existen también no religiosos.

Además, sabemos que el número de ateos en el mundo árabe se ha incrementado de forma alarmante para las autoridades religiosas y políticas. Aunque no existen estadísticas precisas sobre el tema por la dificultad que supone para un ciudadano declararse ateo en unas sociedades conservadoras. El Instituto Gallup realizó en 2012 un estudio en Arabia Saudí que tiene uno de los sistemas más reaccionario y el estudio concluyó que el 6% de los ciudadanos de este país se declaran ateos. Existen investigaciones recientes que demuestran que el 32% de los iraquíes no creen en Dios o tienen dudas sobre su existencia.

Sin duda, el pueblo tunecino ha obtenido logros administrativos desde 2011 hasta la actualidad, tanto en la nueva Constitución como en el Código de Familia, pero estos resultados si no se traducen a hechos difícilmente los ciudadanos pueden apreciar el cambio. La sociedad tunecina observa con cierta preocupación la tensión, aunque algo camuflada entre islamistas y laicos. Una economía decadente por culpa del terrorismo que ha privado al país de uno de sus mayores ingresos: el turismo.

Es obvio que existen importantes diferencias entre las dos corrientes ideológicas mencionadas anteriormente en relación con el proyecto social, y en particular en lo que se refiere a la mujer, su rol en la sociedad, sus libertades, su derecho a bañarse en biquini en las playas públicas, el consumo de alcohol o comer en público durante el mes de ramadán.

El gran desafío actual de Túnez es madurar su experiencia democrática y presentarla a su entorno como modelo exitoso. Las dificultades son numerosas, especialmente la debilidad de las estructuras del Estado y la precariedad de la seguridad.

Túnez cuenta con varios factores que pueden ayudar a que salga airosa con su aventura democrática: el país conoció un renacimiento cultural y político desde comienzos del siglo XIX; fue el primer país árabe que redactó una Constitución y unas leyes civiles para organizar el Estado; durante la ocupación francesa y después de su independencia en 1956 adoptó una estrategia responsable y lúcida cuando dedicó una tercera parte de su PIB a la educación y la enseñanza de las culturas de Europa a sus alumnos. Podemos añadir a todo esto el fuerte movimiento sindical desde los años veinte del pasado siglo y su papel en la defensa de los trabajadores y de los derechos humanos en general.

Por último, queda la pregunta que se hace todos los días en la prensa y los medios sociales árabes: ¿Podrá ser Túnez un modelo a seguir para el resto de los países árabes y de mayoría musulmana? ¡Ojalá¡