Guía para entender el neoliberalismo

01 Feb 2017
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Javier de Rivera
Profesor coordinador del Máster CCCD, miembro del grupo de investigación Cibersomosaguas y editor en Teknokultura

La mayoría de las veces el término neoliberalismo se usa para criticar la economía de mercado, como si fuera una palabra clave de cualquier argumento anticapitalista. Además, tampoco se entiende con facilidad por qué hay que ponerle prefijos al liberalismo, la filosofía política de los siglos XVIII y XIX sobre la que se sustenta la democracia moderna.

Sin embargo, el “neoliberalismo” es  una corriente ideológica con unas características muy bien definidas, que toma algunos aspectos del liberalismo económico y los modifica sustancialmente para adaptarlos a los nuevos tiempos. Según Wikipedia la palabra se usa desde 1938, y aparece en un artículo de 1951 escrito por Milton Friedman, un reconocido impulsor del proyecto neoliberal.

El neoliberalismo visto por Forges

Pero es Michel Foucault, un famoso filósofo francés, quien en 1979 explora en profundidad esta corriente de pensamiento durante un curso universitario publicado con el título El nacimiento de la biopolítica. Este autor también se muestra partidario del neoliberalismo, al que considera la forma de gobierno que mejor garantiza la libertad del individuo.

Según describe Foucault, las ideas neoliberales empiezan a fraguarse a partir de 1930, en Alemania, con la escuela de los “ordoliberales” (así se llamaban a sí mismos), y en Austria, con pensadores como Ludwig Von Mises y Friederich Hayek. Tras la II Guerra Mundial, el centro de gravedad de esta doctrina se traslada a la Escuela de Chicago, donde emigran muchos de sus impulsores.

Esta corriente teórica se desarrolló lentamente en entornos académicos reducidos, mientras que la realidad política iba por otros derroteros: las décadas posteriores a la guerra (1940-1970) estuvieron dominadas por las políticas keynesianas de gasto público y el desarrollo del Estado de Bienestar, con gobiernos progresistas, laboristas y de izquierdas.

La situación cambió en la década de 1980 con los triunfos de Ronald Reagan y Margaret Thatcher, quienes aplicaron a conciencia la políticas neoliberales, creando una nueva realidad social y política. Es entonces cuando comienza la globalización, triunfa la sociedad de consumo, y el ideal del éxito económico da lugar a un individualismo creciente. En Latinoamérica el neoliberalismo también se instala con fuerza, a veces gracias a dictaduras militares como la de Augusto Pinochet en Chile, donde se siguieron con vehemencia los consejos neoliberales de los “Chicago Boys”.

A partir de entonces el término neoliberalismo empieza a usarse de forma crítica para referirse a todas estas políticas basadas en la privatización de los recursos públicos, la liberalización de la economía y la destrucción del Estado de Bienestar. En Breve historia del neoliberalismo, el profesor de la David Harvey describe esta fase de aplicación de las políticas neoliberales:

<<La neoliberalización es un proyecto político cuyo objetivo no era crear un nuevo tipo de capitalismo, sino organizar el capitalismo de tal modo que se pudiera restaurar el poder de la clase capitalista. […] Pienso en el neoliberalismo como un proyecto político que emplea un aparato ideológico […] para legitimar la producción de mayores niveles de desigualdad y de transferencia de activos desde la población con bajos ingresos hacia los ricos y poderosos. (Harvey, 2016)>>

Esta interpretación del neoliberalismo como un proyecto político basado en el incremento de la desigualdad y la mercantilización de todos los recursos es a la que estamos más acostumbrados. Sin embargo, al ser una interpretación de la realidad política siempre se prestará a la discusión entre los que están “a favor” o “en contra” del sistema capitalista. Por ello, para salir del debate estéril, es necesario entender el origen histórico de la teoría neoliberal y su justificación ideológica.

Dos hechos que lo cambian todo

En la década de 1930 el mundo había sufrido grandes cambios. La guerra mundial había hecho que los Estados crearan “economías de guerra”, movilizando a toda la sociedad para sostener el esfuerzo colectivo de la guerra. La economía nacional se convierte entonces en asunto de  Estado, que debe responsabilizarse de su buena marcha para hacer frente a los retos del mundo moderno.

Además, a principios del siglo XX los movimientos obreros habían demostrado ya con creces su poder de movilización, logrando el éxito de la revolución rusa. Esto hace necesario que, para mantenerse, el sistema de mercado necesite de forma clara la protección del Estado. En gran parte, la construcción de una “clase media” con capacidad de consumo fue vital para calmar las reclamaciones de los movimientos proletarios.

Estos dos factores históricos —la guerra mundial y la movilización obrera— hacen que las teorías liberales del laissez faire y el desarrollo autónomo del mercado queden desactualizadas. En cierto sentido, la I Guerra Mundial y la Revolución rusa son para liberalismo clásico lo que la caída del muro de Berlín fue para el comunismo de Estado: el hecho histórico que muestra el agotamiento ideológico de un modelo político.

El mundo sobre el que James Stuart Mill, John Locke o Tocqueville habían desarrollado la filosofía política del liberalismo había dejado de existir; al igual que hoy en día el “proletariado” industrial del que hablaba Marx en el siglo XIX se ha transformado en algo diferente.

En estas circunstancias, los teóricos neoliberales recuperan algunos de los preceptos del liberalismo económico —olvidando completamente sus ideas políticas como los derechos civiles o la soberanía popular/nacional— para construir una nueva ideología, más acorde con los nuevos tiempos. El resultado es la idea de que el Estado tiene que esforzarse en promocionar el desarrollo de la economía de mercado.

La clave es que el Estado neoliberal no interviene sobre la economía, como proponen comunistas y socialdemócratas, sino sobre la sociedad. Su función es crear condiciones de libertad para los agentes económicos, previniendo que los movimientos sociales y políticos interrumpan el normal funcionamiento de los mecanismos competitivos del mercado.

Foucault lo explica mucho mejor que yo:

<<El neoliberalismo, el gobierno neoliberal, tampoco -y digamos que esto lo diferencia de las políticas de bienestar o de cosas como las que se conocieron [entre las décadas de 1920 y 1960]— tiene que corregir los efectos destructivos del mercado sobre la sociedad. No tiene que constituir, en cierto modo, un contrapunto o una pantalla entre la sociedad y los procesos económicos. Debe intervenir sobre la sociedad misma en su trama y su espesor. En el fondo —y es aquí que su intervención va a permitirle alcanzar su objetivo, a saber, la constitución de un regulador de mercado general sobre la sociedad—, tiene que intervenir sobre esa sociedad para que los mecanismos competitivos, a cada instante y en cada punto del espesor social, puedan cumplir el papel de reguladores. (Foucault, 2007, p. 179)

El objetivo es hacer de la competición el único principio rector de la vida social, y del sistema de mercado el principio regulador de toda la sociedad. Tal como aclara más adelante: la política neoliberal “no debe entonces anular los efectos antisociales de la competencia, sino los mecanismos anticompetitivos que pueda suscitar la sociedad” (p. 190).>>

En resumen, el neoliberalismo es un modelo ideológico basado en la competición, a la que identifica como principio de progreso y condición de la libertad individual. Por ello, se opone frontalmente a las dinámicas de solidaridad y apoyo mutuo, a las que considera manifestaciones irracionales que se alejan de la búsqueda del beneficio propio.

Estaremos todos de acuerdo en que cada persona debe ser libre para decidir sobre que principios y valores quiere basar su vida; pero creo antes de alinearnos con una determinada ideología conviene conocer su origen, así como sus implicaciones teóricas y prácticas.

 


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