Vacía

27 Jun 2011
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La lamprea del acuario estaba pegada a la pared de cristal mientras, por debajo de ella, las centollas daban paseos pisándose y poniéndose zancadillas unas a otras. El dueño salió presuroso de la cocina, con los brazos ligeramente doblados y las manos blanquecinas, como si en vez del “cangrejo” hubiera sido él quien hubiera probado el efecto del agua hirviendo.. Con un retel pequeño  cogió una centolla, la giró y sopesó. La colocó en un plaqué de acero inoxidable y se acercó a nuestra mesa.

Es un macho pero está lleno. Personalmente me gustan más.

Pues no hay nada más que hablar

Esperen 15 minutos y se lo traemos.

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Pasaron veinticinco…

Miren, les voy a hacer otra pieza porque al sacarla de la cazuela me he dado cuenta que no estaba tan repleta como parecía.. ¿Les importa esperar?

¡En absoluto!

El vecino estaba sentado hacia adelante, tanto como su barriga le permitía. Uno de los tres botones que aún seguían abotonados de su camisa de rayas rojas estaba al borde del colapso, quizá correría la misma suerte de sus antecesores….. No se había quitado el sombrero Pánama y había dejado la mariconera encima de la mesa. Estaba solo. Las gafas de sol eran color marfil, con el cristal apenas tomado. Se las había colgado de una cadena de oro de la que pendía una medalla en forma de Cristo de Dalí, tan de moda en aquellos días. Había seguido el desarrollo de la escena lo que, al parecer, le dio derecho a intervenir:

A ver la que me traes a mí.

Hubo  silencio. Nosotros no le miramos a él sino a Pepe, quien respondió:

La que no les he dado a ellos es la que le estoy guardando. ¿La quiere ya?

 

 

Letrasjuntas nº7

Dedicado a las salas de los lugares de costa. Nos olvidamos que en la mayoría de los casos son ellos y ellas las que nos aguantan.