La prensa en Brasil y el golpe de 1964

19 Ene 2014
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El golpe militar de 1964  ─del que se cumplen 50 años─ fue un producto más de las crisis de desestabilización política que Estados Unidos, en alianza con fuerzas locales, promovió en Latinoamérica. Un golpe que se inscribe en una larga lista, que incluye los de Guatemala (1954); Brasil, contra Getulio Vargas (1954); Argentina, contra Juan Domingo Perón (1955), entre tantos otros.

Los golpes fueron siempre articulados como si fueran levantamientos espontáneos, en contra de gobiernos “despóticos”, “criptocomunistas”, aislados por movimientos democráticos de resistencia, en defensa de las libertades amenazadas. Pero se trataba de tácticas armadas por las teorías de la contra insurgencia, que serian luego perfeccionadas y aplicadas en otros países de la misma región, como Uruguay, Chile y Argentina.

En esos planes resultó indispensable el papel de la prensa, para desarrollar campañas insidiosas en contra de los gobiernos, levantando falsas acusaciones, mintiendo, forjando circunstancias y diseminando un clima de terror, de pánico entre la población. Campañas según las cuales la democracia corría peligro, se ponía fin a las libertades, la de expresión estaría padeciendo ataques mortales, la libertad de culto podría terminar, la educación estaría siendo objeto de campañas comunistas de formación de la juventud, etc., etc.

La prensa fue un instrumento ideológico en la preparación del golpe y de la instalación de las dictaduras militares. En Brasil, la prensa convocaba a Marchas de la Familia, con Dios, por la Libertad, distorsionaba las políticas del gobierno de João Goulart, llamaba abiertamente al golpe militar en sus editoriales, apelaba al fantasma del “comunismo”, sirviendo a los ideales de la Doctrina de Seguridad Nacional en la guerra fría.

Y lo hacía  ─como se sabe hoy por el acceso a los periódicos de aquel periodo─ como si la democracia estuviera en riesgo y el golpe militar, que instauró el más salvaje régimen dictatorial que el país hubiera conocido, fuera la salvación de la democracia. En nombre de los riesgos que estaría corriendo la democracia actuaron abiertamente para que la democracia brasileña fuera destruida.

Sin la prensa no habría sido posible la creación del clima de desestabilización, indispensable para la intervención de los militares y para imponer el orden en un contexto que, según lo que la prensa propagaba, se encontraría fuera de control institucional y en una situación supuestamente pre-revolucionaria.

La prensa fue portavoz del  proyecto de ruptura de la democracia y del llamamiento a la intervención de los militares. La prensa saludó el golpe como la salvación de la democracia, se pronunció abiertamente a favor de la instauración de la dictadura y apoyó la represión como si formara parte del esquema necesario. Sin la prensa no se habría creado el clima de desestabilización que el golpe y la dictadura militar convirtieron en realidad y  que cambió la historia de Brasil

Fueron crímenes en contra de la democracia, que mancharon de manera irreversible a los órganos de la prensa que participaron de aquel movimiento golpista. En el momento más importante de la historia reciente de Brasil, la prensa se puso del lado de la dictadura y en contra de la democracia.


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