Opinion · Tierra de nadie

Carteles de ‘se busca’ con la cara de Pedro Sánchez

Empieza este 2016 del calendario mariano con varias investigaciones periodísticas acerca de la desaparición de Pedro Sánchez, al que se le perdió la pista tras la campaña electoral catalana y del que consta, como única prueba de vida, una carta enviada a la militancia antes de que subieran los sellos en el que explica que el PSOE no ha dejado de luchar contra el secesionismo y las desigualdades y, como ha sido bueno, se merece volver al Gobierno como izquierda “constitucional y solidaria”. En la misiva no se pide rescate, por lo que, de entrada, hay que descartar el secuestro.

La evaporación de nuestro resucitado más famoso responde, al parecer, a una estrategia muy pensada que algunos atribuyen a su asesor de cabecera Iván Redondo, el hombre que convirtió a Albiol en un xenófobo y a Monago en un fantoche, y que debe de estar ensayando ahora con el ilusionismo. No se extrañen si, una vez reaparecido, Sánchez se pone a levitar, se hace cortar en dos con una sierra o, lo que es peor, se transforma en otra persona, tal vez en Susana Díaz.

Sánchez, por tanto, no está pero se le espera, y para entender su comportamiento quizás sea bueno repasar las últimas contribuciones del tal Redondo a la politología, plasmadas en algunas entradas de su blog Ther War Room en el diario Expansión, previas eso sí al desenlace catalán. En dos de ellas utiliza complicadas metáforas para sugerir que el líder ha de trascender a las siglas que representa. “¿Qué pilotos y qué coches tienen la capacidad de hacer cambiar de lado a aquellos que dicen que están votando a otro partido?”, se pregunta en uno de estos artículos. “Si quiere vencer en un óvalo su trazada tiene que ser perfecta, debe encontrar el ‘momento ideal’, ser valiente y no tener miedo a ir contra el muro. El campeón ordena el tráfico trascendiendo a su partido y, por lo tanto, a su coche”.

La explicación al ramalazo guadianesco de Sánchez puede estar en otra reflexión del consultor: “Gran parte del tiempo de los candidatos se pierde en pelearse con miembros de su propio partido. La lucha interna es mucho más familiar que el enfrentamiento con el contrario. Año a año, mes tras mes, semana a semana tienen que medirse con sus colegas. Si lo economizamos operativamente, cuando llega la campaña siempre hay poco tiempo material para derrotar al rival. Si uno se refugia demasiado en su propio partido deja de conocer lo suficiente a los independientes que votan a otros partidos. De ello siempre se aprovecha quién suele ser más disciplinado”. En definitiva, lo mejor es no prodigarse, no quemarse, ir por libre.

Es muy posible que los textos de Redondo sean tan sólo lo que parecen, un compendio de filosofía barata, pero si uno se lo propone puede encontrar pistas sobre la reorientación de los socialistas. Sigamos leyendo al asesor áulico: “Cuidado con convertirse más en un ‘refugio demoscópico’ que en un valor refugio para tus votantes potenciales. Para la izquierda, representar el pilar de la seguridad como Gobierno o alternativa es fundamental. Si no te anclas en un orden te devora el comportamiento asintótico, siempre más pronunciado históricamente en la izquierda que en la derecha. ¿Cómo evitarlo? Agrupando a los propios primero en torno a una idea transversal. Nadie quiere tender a infinito en sueños electorales y a cero en resultados”. Traducción: fin de la utópica entente con Podemos, cuyo sorpasso se da por descartado; oposición responsable y de Estado en temas como el secesionismo, la financiación autonómica y la reforma constitucional; y, finalmente, presentar al PSOE como única alternativa a la derecha, cuya hegemonía ahora se disputan PP y Ciudadanos.

Dicho de otra manera, si se considera conjurado el peligro que Podemos representaba por la izquierda, la pelea en la derecha debería permitir al PSOE poner un pie en el espacio de centro, ser transversal, que es como se llama ahora a lo de poner velas a Dios, al diablo y a todo bicho viviente. ¿Que cuándo se dejará ver con más frecuencia el supuesto aspirante a presidente del Gobierno para pronunciarse sobre las grandes cuestiones políticas del país y explicar, por ejemplo, si sigue siendo plurinacional o se ha reconvertido al monoteísmo? Habrá que esperar a ver si Redondo nos escribe otra parábola.