Opinion · ¡Eureka!

‘Bay Watch’, una caja fuerte para la playa

Bay Watch
Rafael Gallego Gómez (sibarites.rafa@gmail.com)
Barcelona, 56 años
Trabaja en su casa
Tiene estudios superiores
Se dedica a la Publicidad y a la Comunicación

La mochila-caja fuerte combina diferentes colores.
La mochila-caja fuerte combina diferentes colores.

Bay Watch es una caja de seguridad individual y transportable, en mano o como mochila, para guardar todo tipo de objetos personales en el momento de acudir a la playa (toalla, bañador, zapatillas, cremas solares, llaves de casa, del coche, teléfono móvil, libro, cartera, cámara de fotos, etc.).

Su diseño, en forma de pala, permite ser enterrada en la arena con facilidad hasta la altura de la cerradura, para posteriormente asegurar su fijación con una orza o tirabuzón que se clava en la arena a través de la ranura que se encuentra en su base. Una vez enterrada, Bay Watch ofrece una resistencia de arranque de unos 20 Kg. y una superficie sin aristas que dificulta su sustracción. Gracias al diseño de su tapa, ofrece la posibilidad de utilizarse como reposa cabeza en el momento de tumbarse a tomar el sol, quedando totalmente oculta por la toalla.

¿Qué necesidad resuelve?

“Dicen que algunas necesidades se crean, pero también es cierto que otras, sencillamente existen”. En el estudio de mercado realizado entre las policías municipales de algunas poblaciones de la costa, se constató un promedio de cuatrocientas denuncias de hurto por población cada verano, sin contar las personas que finalmente no realizaban la denuncia. El objeto del invento es el de disuadir al “despistero”, de sustraer los objetos. No quedan a la vista y, en el caso de percibirlos, les puede resultar muy aparatoso el hecho de “desenterrar” o “arrancar” la mochila.

Rafael Gallego explica su invento en la playa.
Rafael Gallego explica su invento en la playa.

¿Cómo nace la idea?

Bay Watch, como se denomina inicialmente al producto, nace como muchas otras ideas, en una servilleta de papel en el verano de 2001. “Sentado en la terraza de una cervecería, frente a la playa, observo la gran cantidad de gente que poco a poco  “inunda” la arena buscando un rincón donde ubicarse”, comienza Gallego. “Pasa el tiempo y aquella playa que amaneció desierta, se encuentra repleta de personas, cada una de ellas marcando su pequeño territorio con sombrillas, toallas, bolsas y todo tipo de objetos que se esparcen por la arena. Fijo por un instante la mirada en las personas que circulan por la playa… ¿Llegan?, ¿Se van? ¿Pasean? Evidentemente hay de todo, pero de entre ellos sigo con la vista a un joven con macuto y toalla bajo el brazo”, describe. “En un momento, entre el bullicio, se agacha simulando atarse los cordones de sus zapatillas y aprovecha para “recoger” de una toalla sin ocupante, unas gafas de sol. Unos metros más adelante, se gira para comprobar si alguien le ha observado y continua caminando como si nada hubiese pasado. Fácil, sin complicaciones, ni los “vecinos de toalla” apreciaron el hurto. Inmediatamente surge la pregunta: ¿Cuántos pequeños o tal vez mayores hurtos se producen a diario en las playas? Instintivamente pongo la mano en mi bolsa y me pregunto que podría hacer para evitar encontrarme con una situación desagradable, las llaves de casa, las del coche, la cartera, el móvil, si pierdo cualquiera de ellas tendría bastantes problemas, más allá del valor de cada uno de los elementos, (todos sabemos del tiempo y dinero que cuesta renovar la  documentación, el cambio de cerrojos, etc.)”, asegura.

En ese instante nace la idea de Bay Watch, de la necesidad de proteger las pertenencias cuando se está en un lugar como la playa. “Durante semanas investigamos diferentes canales donde poder encontrar algún elemento en el mercado que ofreciera la función de taquilla o caja de seguridad para la playa. No encontramos ningún referente ni nacional ni internacional”, señala Gallego. “Muchas horas de trabajo y bocetos sirven para ir perfilando la forma de Bay Watch, dotarle de valores añadidos y para estudiar las formas de comercialización que puedan hacer de él un producto rentable. Una vez realizadas algunas rectificaciones de tamaño y formas, así como diversas consultas a fabricantes y especialistas para asegurarnos la viabilidad técnica, se procede al Registro de la Patente. Partiendo de su idea original, se desarrollan numerosos diseños de la pieza, buscando potenciar las formas y colores y premiando los diseños más atrevidos”, apunta.

El inventor y un maniquí llevando la mochila a la espalda.
El inventor y un maniquí llevando la mochila a la espalda.

¿Cuál ha sido la mayor dificultad a la hora del desarrollo?

“Para llegar a la forma actual precisé de profesionales en diseño industrial, especialistas en inyección de plástico y moldes e ingenieros que desarrollaran técnicamente el producto para la viabilidad de su fabricación. Una fase compleja debido al diseño, acabados y medidas del producto”, explica Gallego. “Una vez superada esta fase, sin duda la mayor dificultad ha sido y es encontrar capital para la fabricación de moldes y para la comercialización de la mochila”.

¿En qué fase de producción se encuentra el invento?

Conceptualmente, el invento está terminado. Dispone de la ingeniería, patente de diseño y está pendiente de la realización de una nueva patente de “modelo de utilidad” para disponer de 10 años más de protección a partir de la fabricación. El invento dispone de ocho prototipos reales y de un plan de negocio en el que se detalla todo el proceso.

Rafael Gallego entierra la mochila-caja fuerte.
Rafael Gallego entierra la mochila-caja fuerte.

¿Qué precio unitario se podría conseguir?

Las oscilaciones de costes han variado ostensiblemente con la posibilidad de fabricación de moldes en otros países y la situación actual de las fábricas dedicadas al plástico hacen posible un abaratamiento del precio de venta al público que en su día se estimo entorno a los 50 euros.

¿Considera importante que los inventores estén asociados?

Es difícil encontrar en un inventor un conocimiento profundo de cada una de las fases necesarias para desarrollar su invento. Estar apoyado por una asociación que no sólo vele sino que además guíe, asesore y supervise el desarrollo de un proyecto es altamente recomendable.

“En mi caso, dado que he realizado todas las fases de forma personal, en este momento la aportación más valida de una asociación o institución sería la consecución de contactos con posibles inversores para lanzar el producto al mercado”, remarca Gallego. “Entiendo que es la fase más complicada y en la que muchas de las ideas que se generan quedan estancadas bien por falta de recursos propios o bien por la falta de interés y costumbre de las entidades financieras de este país”, concluye.