Perros con el título de técnicos de terapia

Los alumnos de segundo año de Educación Primaria y cuarto de Psicología de la Universidad de Málaga (UMA) están estos días asistiendo a unos talleres para la aplicación de terapias complementarias con perros en trastornos autistas. Para ello se ha contado con la colaboración de la Asociación de Perros de Asistencia Médica (APAMA), así como con la asociación Evolutio, que agrupa a representantes del colectivo TEA (Trastornos del Espectro Autista).

Gracias a esta iniciativa, los estudiantes pueden comprobar de primera mano cómo las terapias asistidas con animales (TAA) con este tipo de pacientes son de gran utilidad. Además de servir de catalizadores de emociones, potencian su socialización a través de estímulos que funcionan como agentes motivadores y reforzadores de conductas.

Aunque desde la UMA se advierte que es la primera vez que unas aulas universitarias acogen este tipo de talleres con perros, las TAA están cobrando cada vez mayor peso. Prueba de ello es la asociación Patas Arriba, fundanda hace un año y medio por tres amigas con sus respectivas mascotas.

pososanarquia_patasarribaChus Moreno, una de las cofundadoras de Patas Arriba, presenta orgullosa a su Penny como “técnica de terapia”, idéntico título que ella junto a sus compañeras se sacó hace dos años a través de la asociación El perro que ayuda. Esta apasionada de los animales explica que “existen tres tipos de acciones que se pueden llevar a cabo con los animales: intervención asistida, actividades educativas y terapias específicamente diseñadas con los educadores para lograr un fin concreto”.

En este último punto, Moreno hace especial hincapié, subrayando que “nosotros no somos terapeutas propiamente dicho, sino técnicos en terapia, porque usamos al perro como un instrumento más dentro de una terapia previamente diseñada por un experto.

El perro, como técnico de terapia, ha de recibir su propio título tras recibir un adiestramiento muy concreto. La confundadora de Patas Arriba indica que “siempre hay que entrenarlos en positivo, con premios en lugar de castigos”. Esto es muy importante, dado que durante su instrucción, “nunca puedes castigar al animal si hace algo mal porque cuando esté en terapia tiene que estar preparado para no responder ante, por ejemplo, un niño que le pega o un anciano que le sostiene con demasiada fuerza”.

Así pues, profesionales como los de Patas Arriba y los terapeutas van de la mano, con resultados muy positivos. Este es el caso de Hugo, un pequeño de cinco años con autismo (foto superior, con Chus y Penny) que, tras recibir terapia asistida con animales ya se cepilla solo los dientes o se viste sin ayuda. La asociación, fundada en Rincón de la Victoria (Málaga), acumula ya a sus espaldas experiencias muy enriquecedoras, no sólo con pacientes de autismo, sino también con enfermos de Alzheimer, entre otros.

“Comenzamos como voluntarias, sin cobrar absolutamente nada”, relata Moreno, “y ahora estamos intentando abrirnos camino para podernos ganar la vida exclusivamente con esto, que nos apasiona”. Con todo y aunque la demanda existe, todavía queda mucho camino por recorrer. Así, la cofundadora de la asociación indica que “mientras en hospitales como el de San Juan de Dios de Barcelona ya existe un ala dedicada a las TAA, en los hospitales de Málaga seguimos peleándonos para que nos dejen pasar dentro a los perros porque también tratamos a niños enfermos de cáncer, por ejemplo”.