Multiplícate por cero

“En economía, la mayoría siempre se equivoca” (John Kenneth Galbraith)

Un país de viejos

08 Ene 2011
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Hay un país que tendrá que enfrentarse a un gravísimo problema de envejecimiento de su población en un futuro no muy lejano. Y no, no es España. Es la tierra de Mr. Li, China, cuya media de edad se aproxima a los 50 años y donde en menos de veinte años se habrá duplicado la población con más de 60 años de edad. Por eso, las autoridades chinas quieren obligar por ley a que los hijos cuiden de sus padres. Y al tiempo que planean todo eso, la edad de jubilación de los hombres se sitúa en 60 años y en 55 para las mujeres, aunque ya han recibido un toque de la OCDE para que la suban.

En España no cabe que el Estado se entrometa de tal manera en la vida privada, pero su actuación no está exenta de contradicciones. Como querer retrasar la jubilación a los 67 años mientras permite miles de prejubilaciones.
En España, los que se jubilan antes son los que tienen trabajos menos penosos y mayor esperanza de vida. La banca es el sector con la edad más baja de retiro, diez años menos que la construcción. No es extraño dada la estrategia de prejubilaciones que ha seguido el sector financiero para quitarse empleados.

Por ejemplo, las fusiones de las cajas de ahorros que han recibido ayudas del FROB, y a las que el Banco de España exige que reestructuren su plantilla, están en proceso de  prejubilar a 13.000 trabajadores y prevén llegar a los 15.000, el 15% de su plantilla. Sin olvidar casos tan llamativos como el propio Estado prejubilando a trabajadores de RTVE a los 52 años. El ahorro para las empresas ronda el 25% de entrada, que corre a cargo del erario público. La empresa se compromete a pagar la diferencia entre el sueldo y la prestación por desempleo, con lo que ambas partes quedan satisfechas con el trato. Y el perjuicio para las arcas públicas se completa al dejar de abonarse las cotizaciones sociales a partir de la edad acordada de jubilación anticipada y al comenzar antes a pagar la pensión.

Poco más de la mitad de los trabajadores se jubila a los 65 años.  En 2009 se jubilaron anticipadamente 112.427 trabajadores, el 41,4% del total que se dio de alta en el cobro de la pensión. Mientras que los que se jubilaron con más de 65 años tras retrasar su retiro fueron 16.161.

El Gobierno dice que dificultará las prejubilaciones y en alguna ocasión ha propuesto limitar las reducciones de plantilla en las empresas con beneficios e imponer a las empresas la cofinanciación de los sobrecostes producidos. Pero tampoco da mucho la batalla en este tema. Mucho menos los sindicatos que han ido acordando con las empresas, y legitimando con su apoyo, las prejubilaciones.

En el debate sobre endurecer o no las prejubilaciones, el Ministerio de Economía se ha opuesto más de una vez a ello en la línea de que es un elemento de competitividad reducir y rejuvenecer plantillas. Sin embargo, los sectores que más prejubilan son los que menos empleo crean.

Si no se pueden prohibir las jubilaciones anticipadas no justificadas por razones de salud o de penosidad del trabajo, habría que reducir a la mínima expresión su coste para las arcas públicas aumentando la penalización económica y recortando el beneficio para las grandes empresas.No es aceptable endurecer las pensiones para el común de los trabajadores mientras las sociedades puedan utilizar la jubilación anticipada para reducir el coste laboral (normalmente se sustituyen sueldos altos por contratos precarios o por ningún contrato), trasladando, además, parte del coste al Estado.

Sólo si no se consiguiera reducir la jubilación anticipada (ahora la edad real de retiro está en 63,7 años de media), debería pensarse en ampliar la edad de jubilación. Si no, mejor nos hacemos chinos: jubilados a los 60 y que nos cuiden nuestros hijos.


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