Sin zaherir; no a Rajoy

14 Oct 2016
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El llamado pensamiento crítico es el que nos faculta para realizar juicios documentados, discriminando la calidad de la información y posibilitándonos pensar de manera autónoma. Nos permite utilizar el conocimiento y la inteligencia para llegar a la posición más razonable y justificada sobre una cuestión. Esto es, no aceptar las ideas o las opiniones porque lo dice la mayoría.

En la década de los 50 Solomon Asch realizó un estudio, posteriormente avalado por otros muchos en distintos países, donde puso de manifiesto la gran influencia que tienen los demás sobre nuestra propia elaboración de creencias y opiniones. Evidenció lo fácilmente manipulables que son nuestras creencias más subjetivas tales como ideales, tendencias políticas e incluso los propios gustos.

Es lo que se conoce como conformidad, también llamada influencia social, el cambio de conducta u opinión como resultado de la presión real o imaginada de personas o grupos de personas. Es más cómodo cambiar de opinión que discrepar con el grupo. El conformismo en el que vivimos ha hecho que nuestra sociedad esté inmersa en la rutina y en el estancamiento permanente, desarrollando temor a los cambios, lo que la paraliza y le impide crecer.

Los estudios anteriormente citados también mostraron que basta con que una sola persona proporcione una discrepancia para que se reduzca el conformismo y el poder del grupo disminuya. De ahí la importancia de la educación y de los medios de comunicación.

Un profesor de Yale, William Deresiewicz, reveló que la educación en Universidades como Harvard o la propia Yale, y actualmente extrapolable a la mayoría de Universidades, produce “borregos excelentes”: “Son excelentes por que cumplen todos los requisitos para entrar en una facultad de élite, pero es una excelencia limitada. Son chicos que cumplirán todo aquello que les manden, y que lo harán sin saber muy bien por qué lo hacen. Sólo saben que volverán a pasar por el aro”, concepto este último con el que uno de sus alumnos se describió a si mismo.

Estamos ante gobiernos claramente dictatoriales y tiránicos que disfrazados de progresistas con falsas promesas de libertad nos van imponiendo cada vez más control. Quieren controlar la enseñanza adoctrinando a las masas para moldearlas en lo que interesa al poder con el propósito de conseguir que permanezcan fieles. La verdadera enseñanza no debe tener ideología alguna y debe estar por encima de cualquier doctrina política o religiosa.

Un estudio científico de la Universidad de Leeds demuestra la tendencia de muchos a seguir a la multitud como si no tuvieran una mente racional. El estudio demostró que se necesita una minoría de apenas 5 por ciento para influir en la dirección de la multitud y que el otro 95 por ciento sigue sin siquiera darse cuenta de lo que está pasando.

En estos momentos, debemos ser conscientes y utilizar el pensamiento crítico y valorar razonadamente las políticas laborales, sociales y económicas de Rajoy al frente de un gobierno. No debemos obviar los recortes de los servicios básicos, la reforma laboral y sus nefastas políticas de empleo, la corrupción que ha desdeñado por no decir encubierto, la ley mordaza con el consiguiente retroceso en nuestros derechos básicos, la falta de política industrial, la complacencia con el nepotismo, las mentiras sobre el IVA, y podríamos seguir…

Lo importante es que los votantes sean capaces de salir de la “zona de confort” para crecer como pensadores críticos, y por ende votantes críticos, porque no hay mayor limitación para la democracia que el conformismo político.

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