La flexiseguridad, ¿será más flexi que segura?

13 Feb 2010
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“Queremos unos acuerdos de entrada y salida en el trabajo como en el resto de Europa, que esté presente la flexiseguridad.” -Gerardo Díaz Ferrán, presidente de la CEOE- 

            

¿Cómo, que ustedes todavía no saben qué es la flexiseguridad? ¡Pero en qué mundo viven, almas de cántaro! No pueden ir por la vida así, que cualquier día su jefe les va a llamar al despacho y les va a decir: “En adelante vas a trabajar con flexiseguridad”, y a ver qué cara se les queda. 

Supongo que al menos les suena la palabra, ¿verdad? No es para menos: se ha convertido en la palabra de moda últimamente, y en el moscón que con más insistencia revolotea en torno a las mesas de negociación de la esperada reforma laboral. Echo mano a la hemeroteca, y compruebo que en la última semana la flexiseguridad ha estado en boca de miembros del gobierno, diputados de PP, PSOE y hasta de ERC, expertos en Recursos Humanos, directivos de ETTs, el responsable de la Fundación Ideas –think tank del PSOE-, varios portavoces sindicales, y ayer mismo el presidente de la patronal, Díaz Ferrán. 

Dirán ustedes: si gente tan diferente usa la misma palabra, no pueden estar hablando de lo mismo, ¿verdad? Pues eso es lo que nos tememos: que la flexiseguridad sea un concepto abierto en el que quepa lo que le quieran echar, y que acabe habiendo una flexiseguridad de derecha y otra de izquierda. Eso en caso de que, como me temo, la propia admisión del concepto no sea ya una derrota. 

Sobre el papel, la flexiseguridad es un invento europeo, que se suele vincular a los países nórdicos y Holanda, y se refiere a políticas de empleo que buscan un equilibrio entre la flexibilidad que piden las empresas, y la seguridad que demandan los trabajadores, normalmente con la participación del Estado, que se hace cargo de esa seguridad, mediante políticas activas para que el trabajador cambie de trabajo sin problema. 

Pero, ¿por qué ponen esa cara? Ah, ya entiendo. Se temen que, como con tantos conceptos europeos, lo acaben adaptando a la idiosincrasia española, y la flexiseguridad acabe siendo más flexi que segura. Es verdad que nos parecemos a los nórdicos como un huevo a una castaña, pero, ¿vamos a desconfiar de la buena intención de la patronal?