Debate en torno a la película-ficción sobre el President Companys en la televisión pública catalana, TV3

Vicenç Navarro

Carta de protesta del director y del productor al artículo del Profesor Navarro crítico de TV3 y de la película-ficción “13 Dies d’Octubre”

Estimado señor Navarro,

Le escribimos en referencia al artículo aparecido en el diario Público el día 26 de octubre de 2015 bajo el título Los enormes costes del olvido histórico: el caso Companys. Los firmantes de este e-mail somos, respectivamente, el director (Carlos Marques-Marcet) y el productor (Sergi Moreno) del telefilm que citaba en dicho artículo, y que lleva por título “13 Dies d’Octubre”. Como creadores culturales respetamos completamente la libre interpretación de la obra que producimos, y pensamos que parte de nuestro trabajo es aceptar las críticas sin responder, ya que, una vez completada la película, es al espectador (incluido usted) a quien pertenece.

Sin embargo, su pieza nos llena de tristeza, al comprobar hasta qué punto nuestra interpretación política de la figura de Companys ha sido transformada en su artículo, y no hemos podido evitar escribirle con la esperanza de enriquecer el debate y matizar sus declaraciones. Admiramos su trabajo intelectual y hemos sido lectores asiduos de su obra; por eso confiamos en que nos escuchará, con la esperanza de hacerlo cambiar de parecer con nuestros argumentos.

Antes de empezar, queremos resaltar que estamos absolutamente de acuerdo con su observación, la que se refiere a cómo y hasta qué punto, desde ciertos sectores del catalanismo, existe una voluntad de presentar la Guerra Civil como un conflicto entre Catalunya y España, actitud que aborrecemos igual que usted. Y no sólo porque, como usted dice, es una falta de respeto hacia los que murieron por defender la República, sino también porque permite olvidarnos más fácilmente de cómo la burguesía catalana y un relevante sector del catalanismo -que hoy defiende la independencia- apoyó aquel alzamiento militar que protegía entonces sus intereses de clase.

A partir de ahí, creemos que usted ha utilizado nuestra película -tergiversando su contenido- para que ésta pudiera servir a la tesis de su artículo, sin darse cuenta de que estaba cayendo en el mismo error que critica, al haber utilizado pequeños fragmentos de “13 Dies d’Octubre“, la mayoría sacados fuera de contexto y erróneamente transcritos, sin considerar la obra en su conjunto.

Repasemos algunos fragmentos de su texto. Refiriéndose a la escena del encuentro entre Companys y el general Orgaz usted escribe “(……) hay un momento álgido de la película en la que se sintetiza el mensaje que quiere transmitirse (……)”. Primero, puntualizar que en ningún momento el equipo de la película trató de “transmitir” ningún mensaje. Usted está en el derecho de considerar que se ha “producido” dicho mensaje, pero no puede acusarnos de esa intención. Segundo, matizar que no se trata de un punto álgido del film (como lo son las escenas del juicio o del fusilamiento), sino una escena que a usted le funciona para utilizar “13 Dies d’Octubre” como crítica a la estrategia política del Govern que preside Artur Mas, sin profundizar en lo que el telefilm propone.

El texto sigue “(……) Me refiero al momento en el que el General del Ejército franquista y el President Companys están el uno frente al otro y el general resume la conversación que ha estado teniendo en la celda del Presidente, concluyendo que la gran diferencia entre el President Companys y él, un general del Ejército, era “que usted, President Companys, ama a Catalunya y yo, un general del ejército español amo a Espanya. Ahí está, según la película, la raíz de aquel conflicto basado en dos amores, uno a Catalunya y otro a España. (……)”. Pues bien, creemos que cualquier espectador que vea la escena puede darse cuenta de que, con esa frase, Orgaz no está resumiendo ni concluyendo nada, sino utilizando otro argumento de persuasión. El personaje de Orgaz está intentando seducir a Companys para que éste se sienta cómodo hablando con él y le de el nombre de la persona que le está pasando mensajes en la celda. El diálogo completo, que usted ha transformado y al que le ha dado la vuelta 360º al re-escribirlo, dice en realidad: “Usted y yo no somos tan distintos. Yo me llamo Luís, usted se llama Lluís. Usted ama a Cataluña y yo amo a España”.

Más adelante, usted insiste: “ (……) El hecho de que los dirigentes de tal ejército se presentaran en la película como los defensores de España no se ajusta a la realidad histórica.(…)”. Por muy mal que nos sepa, los generales sublevados sí se presentaban a sí mismos como los salvadores de España, pero eso no significa que la película esté de acuerdo con ellos. Unas líneas más allá, usted comenta: “(…) La película transmitió un mensaje falso, aceptando la definición que el general golpista dio de sí mismo sin ningún tipo de crítica, crítica que debería haberse hecho, pues era obvio que tal general no amaba la España real, popular, sino la borbónica, monárquica, que reproducía los intereses de las minorías que siempre habían gobernado España en contra de las mayorías (…).”

¿En que basa su argumento, ese que defiende que la película acepta sin crítica alguna el argumento de Orgaz? Al escribirlo, omite (deliberadamente o no) la frase con la que le responde Companys: “Creo que amamos de forma muy distinta, general”. Es Orgaz el que propone el dualismo (amar España versus amar Cataluña), y Companys no sólo no entra en el juego, sino que lo lleva a la confrontación esencial, al ideario político que cada uno defiende, exactamente como usted propone como ejemplo de la buena praxis que deberíamos haber seguido. Además, la puesta en escena confronta los dos personajes de perfil, los confronta de raíz, desde el fondo pero también desde la forma. Así que podríamos decir que es usted el que ha aceptado la definición de Orgaz y no la réplica de Companys. Más allá de las muy distintas interpretaciones de este momento que se puedan hacer, que no podemos controlar, consideramos que pretender identificar lo que un personaje dice en una escena concreta con “el mensaje de la película”, o la visión que da de la Guerra Civil, es realmente poco acertado, además de falso. Salvando las distancias, es como si alguien usase una frase de diálogo de Hynkel (el alias de Hitler) en “El gran dictador” para acusar a Chaplin de ser antisemita.

Nos preguntamos por qué ha escogido este fragmento como supuesto “mensaje” de “13 Dies d’Octubre“, y no ha considerado otros momentos de la película donde la misma rompe contundentemente (y en este caso con mucha intención) con esta idea de la Guerra Civil como enfrentamiento entre Cataluña y España. ¿Por qué no ha hablado del momento en el que, ensayando el juicio, Companys dice: “”No se equivoque letrado, yo no soy un separatista, el 4 de octubre proclamé el estado catalan dentro de la República Federal Española””?. En el trabajo con el actor pusimos especial énfasis en la manera en que éste pronunciaba ese “dentro”, para reforzar nuestro retrato de Companys como federalista. ¿Por qué no habla tampoco del momento en el que el abogado defensor, el militar Colubí, resalta que “”como muchos otros catalanes, formé parte del alzamiento nacional””? Pocos son los que en Cataluña gustan de recordar el gran apoyo que Franco tuvo entre las clases pudientes catalanas y la comunidad católica, pero parece que usted tampoco lo ha querido considerar en su argumentación, a la hora de fraguar la supuesta visión del conflicto que nos adjudica.

Sí, es cierto, nos hubiese gustado hablar también de cómo las clases populares de los distintos pueblos de España amaban a Companys y no lo hicimos. También nos hubiera gustado mostrar cómo Companys pasó de ser abogado defensor de la CNT a perseguir salvajemente a dicha organización desde el Govern; de cómo pactó con ellos tras el 19 de Julio, para finalmente traicionarlos en mayo del 37. Pero los documentales que complementaban nuestra película de ficción (que por cierto, se acompañaba de un mensaje claro en su inicio: “Esta película es una ficción inspirada en testimonios y documentos de la época“) ya se iban a encargar de dar esa información. Nosotros preferimos utilizar el poder de la ficción para tratar de imaginar la intimidad de ese personaje que debe confrontar la sensación de lo inmediato de su muerte. Y es que si en algún lugar sufre su argumento, ese que sostiene que somos un producto de la manipulación de Mas, es cuando contrapone el telefilm a los documentales (que no fue uno como dice, sino dos, emitidos consecutivamente el 13 y 14 de octubre). Dice usted: “(……) La cadena pública de la televisión catalana, semanas después de la proyección de la película citada, mostró un documental sobre la vida y la muerte de Lluís Companys, que se distanciaba de la película, y que fue producido por un grupo de profesionales de TV3 (……)”. Pues bien, señor Navarro, puede leer en los títulos de crédito que tanto los documentales como el telefilm fueron producidos por las mismas compañías productoras, Batabat y Lastor Media, en co-producción de TV3. Si bien es cierto que para los documentales se contó con la colaboración de un equipo de trabajadores de la cadena, la acusación que formula no tiene ni pies ni cabeza, ya que ambos proyectos parten como iniciativas externas a TV3, y las dos han recibido el mismo tratamiento, desarrollo, y producción.

El proceso de externalización de la cadena podría ser objeto de un análisis profundo -tanto sobre los motivos a los que responde como las consecuencias que se derivan- pero la asociación que usted hace no tiene ningún tipo de rigor, y creemos que muestra un total desconocimiento de la situación actual del panorama audiovisual catalán actual, especialmente el de las productoras de documental (como Lastor Media y Batabat), pequeñas empresas independientes con productores que renuncian a tener sueldos viables en pos de hacer llegar a la gente realidades a las que no tienen acceso. Decir que estas productoras independientes son el juguete de Mas nos parece una acusación muy grave para hacer sin haber expuesto datos y un análisis pertinente.

Sin negar la existencia de manipulación informativa en los medios de comunicación públicos y privados en Cataluña y en España (tanto de un lado como del otro), creemos que a veces se pretende presentar a los catalanes como una masa de ovejas que siguen ciegamente al pastor Mas, negándonos la capacidad de pensar por nosotros mismos. Creemos que para que el debate pueda ser intelectualmente enriquecedor, es absolutamente necesario que seamos capaces de ponernos en la piel del que tenemos delante, y hacer el esfuerzo de hacerlo con el mayor rigor y respeto posible. Nos hubiera gustado, señor Navarro, que a la hora de hacer la crítica de nuestra película realmente se hubiese detenido a pensar la obra en su totalidad en vez de haber utilizado frases descontextualizadas para hacer una interpretación que simplemente le era útil para ilustrar la tesis de su artículo.

Por todas estas razones, confiamos que usted estará encantado de cedernos un espacio en su blog para poder exponer nuestras razones. Esperamos que entienda el por qué de nuestra carta, y le emplazamos a que reflexione sobre la misma. Seguramente podrá, y quien sabe si querrá, contra-argumentar, y seguro que valoraremos sus opiniones, pero nos gustaría pensar que en su próximo artículo rectificará y nos ayudará a aclarar este malentendido.

Reciba un cordial saludo.

Atentamente,

Carlos Marques-Marcet y Sergi Moreno.

La falta de pluralidad en la televisión pública catalana, TV3, y en la película

Respuesta de Vicenç Navarro

Introducción de la carta

Tanto Público como yo recibimos una carta dirigida a mí que enviaron el director (el Sr. Carlos Marques-Marcet) y el productor (el Sr. Sergi Moreno Castillo) de la película-ficción “13 dies d’octubre” (que se mostró en hora punta en la cadena de televisión pública de la Generalitat de Catalunya -TV3- el día 10 de septiembre), protestando por la crítica que hice de tal película en mi artículo Los enormes costes del olvido histórico: el caso Companys, que se publicó en Público el pasado 26 de octubre. En dicha carta (que se publica ahora, en este número), aparecía ya en el primer párrafo una contradicción de la que, por lo visto, los Sres. Marques y Moreno parecen no ser conscientes. Inician la carta indicando que Como creadores culturales respetamos completamente la libre interpretación de la obra que producimos, y pensamos que parte de nuestro trabajo es aceptar las críticas sin responder, ya que, una vez completada la película, es al espectador (incluido usted) a quien pertenece”. Habiendo dicho esto, no dudan en pasar inmediatamente a responderme, consumiendo mucho más espacio mediático -páginas escritas- del que yo utilicé en mi crítica de su película hecha dentro de una crítica más amplia que yo hice a la televisión pública de la Generalitat de Catalunya –TV3- y a la sabiduría convencional del establishment político-mediático catalán que tal medio reproduce.

Pero la segunda contradicción aparece cuando su petición para que se publique su carta de protesta a Público se intenta justificar en la necesidad de que se respete la pluralidad de opiniones, incluyendo la suya, en las páginas de este rotativo, pluralidad que ni ellos ni la cadena televisiva que presenta su película –TV3- hayan mostrado tal respeto a la pluralidad y a la diversidad. En su película no han mostrado ni un ápice del Companys de izquierdas, que intentó revolucionar no solo Catalunya, sino también España. Y TV3 es conocida por su sistemática discriminación y exclusión de voces de izquierda (excepto cuando estas son independentistas) en sus programas, que alcanza niveles abusivos cuando cubren temas nacionales (promoviendo el conflicto Catalunya-España) o temas económico sociales (promoviendo el neoliberalismo). Que ahora se pida diversidad y diálogo por aquellos que no lo practican es la segunda contradicción. Ahora bien, aceptando que puede que exista posibilidad de que lo que dice su película no fuera lo que el director y el productor querían que dijera, he aconsejado a Público que publique su carta, junto con mi respuesta, sin que creen un precedente, a no ser que TV3 cambie y se transforme en un instrumento democrático al servicio del pueblo catalán –que le financia- y que hoy dista mucho de serlo.

El contexto político en el que se produce esta película-ficción

Como bien decía Gilo Pontecorvo (1919-2006), (el que a mi manera de ver ha sido el mejor director de cine del siglo XX), para evaluar una película hay que, en primer lugar, analizar el contexto político en el que se crea. Hoy Catalunya y España están viviendo un momento histórico en que el tema nacional lo absorbe todo. En un momento de una enorme crisis social que está causando un enorme daño y sufrimiento a las clases populares de Catalunya y del resto de España, lo que monopoliza la atención de los mayores medios de información de la Generalitat de Catalunya, es única y exclusivamente el tema nacional. Ello contribuyó a que las últimas elecciones se centraran por completo en este tema (Catalunya versus España), polarización estimulada por los gobiernos de derechas a ambos lados del Ebro, el español y el catalán, ocultando con ello el enorme drama social del cual ambos son responsables. En este debate, el gobierno español definió (errónea y maliciosamente) la demanda generalizada en Catalunya a favor del soberanismo (el derecho a decidir) como equivalente al secesionismo, mientras que el gobierno Mas y sus aliados (que al menos teóricamente tenían que haber sido los dirigentes de la oposición parlamentaria) monopolizaron el concepto de soberanismo, identificándolo única y exclusivamente con el independentismo. Y para mayor inri, presentando al President Companys como su referente. En realidad, el President Companys no era independentista. Pero sí que era soberanista, distinción muy importante que nunca se hace ni en TV3, ni en la sabiduría convencional del establishment político-mediático en Catalunya ni tampoco en esta película. Soberanista es aquel que considera el derecho del pueblo catalán a decidir sobre su relación con el Estado español, reconociendo así su identidad como nación. Ahora bien, derecho a decidir quiere decir derecho a escoger, y dentro de tal elección, la secesión es una de las opciones, pero no la única. Tal distinción nunca se hace, ni por las derechas españolas, ni por el pensamiento dominante en el independentismo catalán, excluyendo así del soberanismo al 80% de la población de Catalunya que desean tener el derecho a decidir, sin que por ello sean independentistas (el 52% no lo son). El President Companys fue el prototipo de soberanista, estando plenamente comprometido con el cambio, no solo de Catalunya, sino de España, como mostré en mi artículo que aquí critican.

El sesgo sistemático antidemocrático de TV3

La creciente polarización existente en Catalunya forzando un debate limitado a Independencia Sí o Independencia No, y la manera cómo los medios públicos de la Generalitat de Catalunya (gobernada por un partido conservador independentista) han contribuido a su creación y reproducción está ampliamente documentada, incluyendo, por cierto, en mis escritos, que el director y el productor de la película-ficción (que se declaran “lectores asiduos de mi obra”) parecen desconocer. Mi crítica –con costes personales de exclusión y marginación de los medios públicos de la Generalitat, incluyendo TV3- es bien conocida. Por desgracia, hasta hace poco, poquísimas voces en Catalunya se atrevían a criticar el cuarto poder: los medios de información y persuasión de la Generalitat de Catalunya. Tal desconocimiento de mi trabajo aparece en el intento del Sr. Marques y del Sr. Moreno de asociarme con aquellos que pretenden presentar a los catalanes como una masa de ovejas que siguen ciegamente al pastor Mas, intento que es insultante, siendo un caso claro de manipulación de mi postura. He sido precisamente uno de los autores catalanes que en medios de habla castellana ha denunciado más frecuentemente y más contundentemente a aquellos que explican el crecimiento del independentismo como resultado de las intervenciones del gobierno Mas. Léanse uno de mis artículos, “¿Por qué crece el independentismo en Cataluña?” (Público, 22.09.15) y verán lo absurda que es la acusación e insinuación que hacen tales señores.

El crecimiento del independentismo, se debe primordialmente a otras causas, que van desde los vetos del Tribunal Constitucional a la enorme rigidez del gobierno central y su incapacidad de reconocer la plurinacionalidad del Estado español, incapacidad que alcanza su máxima expresión en el partido gobernante de España, heredero de los que se sublevaron frente a la República y más tarde dominaron el Estado dictatorial en España.

Pero no hay duda de que los medios de la Generalitat de Catalunya, sujetos a la autoridad de una Corporación (la Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals) dominada por un partido neoliberal (CDC) y por un partido que es ahora independentista (ERC), han estado proveyendo, en su mayoría, una visión conservadora del independentismo, lo que ha ayudado al crecimiento de este último. Decir esto no es establecer una equidistancia entre los dos responsables de este crecimiento (el gobierno conservador neoliberal presidido por el Sr. Rajoy y el gobierno conservador neoliberal presidido por el Sr. Mas). La mayor responsabilidad recae en el comportamiento del gobierno central, aunque el partido de Artur Mas ha intentado oportunistamente captar el liderazgo de tal movimiento, utilizando entre otras cosas su excesiva y antidemocrática influencia en los medios públicos como TV3.

Ello no implica, sin embargo, que todos los programas producidos por TV3 estén igualmente influenciados. Pero me parece obvio que el clima intelectual que se ha creado en Catalunya, consciente o inconscientemente, está influenciado por la sabiduría convencional que existe en el establishment político-mediático catalán y que se reproduce a través de los medios, y muy en particular de los medios de la Generalitat. Ni que decir tiene que hay diversidad en TV3 con algunos (muy pocos) programas de clara orientación progresista. Pero incluso estos últimos tienen que ir con cuidado de no salirse del marco dictado por aquellas fuerzas políticas. La única vez que fui entrevistado por TV3, en el programa “Singulars” (07.06.13), en el que critiqué extensamente –durante una hora- el ideario neoliberal del gobierno catalán (un partido liberal perteneciente a la Internacional Liberal), promovido por TV3, el entrevistador y productor, el Sr. Jaume Barberà, pagó un coste elevado, pues la entrevista contribuyó a que las series que él dirigía fueran terminadas.

Les aseguro que no verán ustedes programas en TV3 que vayan en contra de la sabiduría convencional del establishment político mediático independentista. Nunca han visto, por ejemplo, un programa señalando las conexiones entre el poder económico y financiero por un lado, y los gobiernos conservadores y neoliberales que han gobernado Catalunya durante la mayoría del periodo democrático por el otro, ni nunca verán un programa denunciando el silencio mediático ensordecedor que mantuvieron los mayores medios públicos de información (y los privados, controlados por aquellos poderes económicos y financieros) sobre la enorme corrupción. Y nunca verán un programa que muestre el carácter auténticamente transformador (en realidad revolucionario) del movimiento obrero en Catalunya, ni tampoco una visión real del President Companys, que no solo no era secesionista, sino mucho más importante, que era parte de un proyecto de redefinición y cambio, no solo de Catalunya, sino también de España. Lo cual me lleva a considerar ahora los argumentos del director y del productor de la película, expresados con una exigencia de que yo “rectifique”.

La película-ficción como parte de este contexto

Es dentro del contexto político definido en los párrafos anteriores que creo que debe evaluarse esta película-ficción. El director y el productor me acusan de haber tergiversado su mensaje. En realidad, incluso van más allá, pues niegan que su película tenga ningún mensaje, afirmación difícil de sostener, pues todo narrador transmite, consciente o inconscientemente, su manera de ver –su mensaje- la realidad que describe. Y esta aparece en el momento central de la película, cuando por primera vez en la película se enfrentan, por un lado el General golpista que ocupó Catalunya, y por el otro el President Companys, el representante máximo del país ocupado. El director y el productor niegan que el momento álgido de la película sea éste (como yo  había indicado) diciendo que, en realidad, el momento álgido es el del fusilamiento de Companys, ignorando, sin embargo, que tal hecho es poco novedoso, pues todo el mundo que veía la película sabía del final de la misma. Lo novedoso –y que alcanza niveles de elevada ficción- es cuando la mayor diferencia entre Companys y el General se presenta de manera tal que lo que les diferencia es que uno ama a Catalunya (el President Companys) y el otro ama a España (el General), presentándolo como un conflicto entre dos países. Esta visión encaja en la versión tan extendida en el movimiento independentista conservador que ve a Catalunya expoliada por España, sin nunca aclarar que no es España, sino el Estado español, el que está explotando a Catalunya y a la clases populares de todos los pueblos y naciones de España, con la ayuda, por cierto, del gobierno conservador-neoliberal independentista que controla la Generalitat de Catalunya.

El director y el productor indican que esta visión de que el General es el que ama a España no es la suya, sino la del propio General golpista, añadiendo que Companys niega tal caracterización, asumiendo erróneamente que las palabras que ponen en su boca de que “Usted y yo amamos de forma muy distinta, General” ya señalan su amor por España, lo cual no es cierto. Tal frase no se refiere al objeto amado, sino a la expresión de tal amor. En ninguna parte aparece su amor por España, ignorado en la película, un amor mostrado en muchísimas ocasiones, desde su famosa expresión a los ciudadanos madrileños asediados por las tropas fascistas (“Madrileños, resistid, Catalunya os ama”) a su invitación a que en caso de caída de Madrid el gobierno republicano establecería su sede en Barcelona, y también a sus vítores en Córdoba a la población andaluza que le liberó de la cárcel, lo que generó el famoso discurso del President Companys que terminó con un “¡Visca Andalucía!” y un “¡Visca la República!”, a lo cual la población andaluza que abarrotaba la plaza respondió espontáneamente con un “¡Viva Catalunya!”. Y su claro compromiso político y emotivo con España apareció también, entre muchos otros ejemplos, en haber aceptado la dirección de una revista nueva, conocida como Nueva España, basada en Madrid. Nada de esto apareció en su película. A lo máximo a lo que se llegó en ella fue a reconocer que el President Companys no había pedido la secesión de Catalunya, lo cual es de agradecer, pero dramáticamente insuficiente para el tiempo que vivimos. Menos de un cuarto de minuto en una película de una hora y treinta y cinco minutos, no es muestra de equilibrio en la figura de Companys. En ninguna parte se explica la diferencia entre soberanismo e independencia. Y en ninguna parte aparece su compromiso con el cambio revolucionario, no solo en Catalunya, sino también en España. En realidad, nunca aparece su amor por España. Y tampoco aparece la España popular, la España republicana, en su película. La única España que aparece en la película es la España golpista fascista, representada por el General que supuestamente ama a España.

Los costes del olvido histórico

En cuanto a la observación del director y del productor de que cualquier persona puede ver que aquella frase de quién ama a quién expresada por el General golpista con gran amabilidad y respeto al President Companys en un momento clave de la película (que ellos no consideran clave), es meramente un truco político para conseguir información del detenido sobre quién le hace llegar los mensajes clandestinos, parece poco convincente. El General fascista seguro que tenía otros medios –que sí utilizó- menos amables para intentar conseguir más información. Por otra parte, supongo que no es su intención ofenderme. Pero objetivamente lo hacen cuando indican que soy yo y no ellos los que aceptan la definición de que “el General amaba a España”. Es obvio que desconocen que vengo de una familia represaliada por aquel régimen, y que también desconocen mi lucha contra dicho régimen. Y también desconocen mis escritos, pues afirmar que yo me creo que el General amaba a España es absurdo y tan ofensivo como la otra declaración que indiqué en un párrafo anterior. No soy yo, sino millones de españoles y miles de catalanes los que todavía creen que los fascistas –que se autodefinen como los nacionales- salvaron a España manteniendo su unidad. El diálogo de Hynkel (el alias de Hitler) en El Gran Dictador, al cual ellos hacen referencia, era una parodia del nazismo, presentado en una película destinada a ridiculizar al dictador, película muy diferente y distinta a la que estamos discutiendo. En realidad, la película presenta al General como a una persona razonable y lógica (y no como lo que era) que actuaba según la lógica expresada en aquella frase. Así, la ocupación de Catalunya sería una respuesta lógica y razonable a su intento de mantener la España unida. Millones de españoles todavía lo creen y la película no muestra nada que contradiga esta postura del General. El director y el productor de la película podrían haber hecho alguna referencia a lo que ocurría en el resto de España mostrando que había otra España, la España popular y republicana, que era la España de las clases populares de los pueblos y naciones de España que fue eliminada por aquel General y el Ejército al cual pertenecía. Y escogieron no hacerlo.

Ridiculizando a sus críticos

Por último, en su intento de ridiculizarme, se refieren, a mí y a los pocos críticos que existen en Catalunya con los medios públicos de la Generalitat, indicando que “las productoras independientes no son juguetes de Mas”, cuando yo nunca utilicé los términos contenidos en esta frase. Utilizar la expresión juguete es un intento de ridiculizar lo que es obvio. Los canales públicos de la Generalitat están enormemente y antidemocráticamente influenciados y dirigidos por el gobierno de la Generalitat y sus aliados, influencia que es incluso mayor en el caso de las empresas supuestamente independientes que tales medios controlan. Esta realidad está ampliamente documentada, como he indicado anteriormente. Según información directamente provista por sindicalistas que trabajan en TV3, la película fue hecha por un equipo directivo que no era el mismo que más tarde preparó el documental también sobre Companys. El primer equipo directivo, al cual pertenecen el director y productor, es diferente y externo a la plantilla fija del equipo de documentales de TV3. Este último era menos desequilibrado que la película. El hecho de que la versión de la película fuera mucho más parecida a lo que dice la sabiduría convencional que el documental, no se debe -como erróneamente creen que yo pienso- a que Mas les dictara decir lo que decían, sino a que, como es bien conocido, las actividades externalizadas son más vulnerables y, por lo tanto, menos atrevidas a cuestionar a los que les contratan. Si ellos consideran que me equivoco, entonces deben explicar por qué no mostraron las otras dimensiones de Companys en puntos clave sumamente relevantes hoy en Catalunya y en España. ¿Por qué no mostraron su claro compromiso con el cambio revolucionario en España? Que no lo hicieran no es porque Mas les hubiera pedido que no lo hicieran. La censura más frecuente que existe es la que se hacen los autores de una película  o de un libro, conscientes de los límites en los que trabajan.

Como dije antes, todo lo dicho no niega que haya diversidad dentro de los productos de TV3, pero tal diversidad está dentro de un marco bien definido.  El documental que produjo la sección encargada de documentales dio una visión –repito- menos desequilibrada, apareciendo por primera vez la expresión de estima y respeto que Companys recibió a lo largo de su vida de españoles no catalanes. No presentó, sin embargo, el significado de lo que representaba Companys, es decir, el soberanismo no independentista que explicaba el amor que se le tenía en España. Me refiero a su intento de redefinir España como una comunidad de pueblos y naciones que estuvieran unidos, si así escogían hacerlo, en la lucha por un proyecto común: alcanzar la democracia plena y la justicia social en total libertad. Su presentación de Companys dio una imagen más certera que la película-ficción, pero todavía limitada.

Y aquí termino. Si en realidad el director y el productor querían decir otra cosa de lo que dijeron, o yo les malinterpreté, les sugiero que hagan otra versión, presentando al Companys revolucionario. Ellos saben que TV3 no les financiará. Pero, por difícil que sea, todavía espero que pueda ver un día un país en el que los medios sean plurales, y en el que TV3 sea auténticamente democrática. Si lo que existe ahora en Catalunya es un espejo de lo que practicarán los que la gobernarán si Catalunya llega a ser independiente, entonces no favorezco esta nueva Catalunya, que será una copia mimética de la actual.