Detrás de la función

¿Cuándo nos plantamos?

La profecía destinada a cumplirse ya se está realizando. Italia, dirigida por unos seres grises que despotrican contra "los políticos", enfila el camino hacia su verdadera crisis. Aunque sin apenas crecimiento en la última década, esta república no sumaba más de un 9% de paro, con una deuda privada mayoritariamente en manos italianas. Las reformas que vienen aumentarán el número de desempleados y reducirán con mucho los servicios sociales de un país con una larga tradición democrática y sindical. Se trata de evitar una temible suspensión de pagos que parecía imposible antes de que los rumores incendiarios la hicieran necesaria

Ahora toca, por fin, dirigir el país como una empresa: no por casualidad, muchos de los nuevos ministros provienen precisamente del mundo de los negocios y de la banca, como en el caso del titular de Economía; quizá sean los mejores para ajustar las cuentas del país a los límites impuestos por los países acreedores. A estas alturas, hablar de democracia es un ejercicio ocioso: la Eurozona se ha convertido en un área de gestión colectiva de riesgos y los que posean la información más cualificada tienen preferencia sobre aquellos que pretenden representar los intereses de las masas ignorantes. No por casualidad, muchos de los gestores de las burbujas inmobiliarias y financieras están ahora a cargo del negocio de las deudas públicas estatales.

Europa sigue, por tanto, en el candelero. Grecia e Italia están "intervenidas". Francia comienza a discrepar con las élites alemanas, muy lejos de poner al Banco Central Europeo a imprimir dinero para financiar las deudas de la Eurozona. Todo parece indicar que se seguirá apostando contra prácticamente todos estos países y que cada día representará una nueva oportunidad para especular con una Europa "a dos velocidades" o con la vuelta a las antiguas monedas. En un mundo en el que la sospecha cotiza en Bolsa, el titular periodístico se ha convertido en una forma de dominación tiránica. En circunstancias como estas, conocer y publicar quiénes son los dueños de estos medios de información es el nuevo reto de un periodismo de investigación que brilla más que nunca por su ausencia.

Encerrados, de este modo, en nuestra burbuja informativa, parece como si desde hace casi dos años solo el euro estuviese en crisis. Nada se dice sobre el brote zombie de agosto en el Reino Unido: ni las peores manifestaciones de los empobrecidos griegos se han acercado mínimamente a los destrozos de las tiendas y escaparates londinenses. Tampoco hablamos de que, en el mismo mes, los EEUU estuvieron rozando la suspensión de pagos y perdieron la dichosa "triple A", la matrícula de honor asignada a su deuda pública. Los diarios británicos y estadounidenses prefieren narrar en sus portadas la historia de un proyecto europeo que ha llegado a su fin. Es la cortina de humo que les permite, también a ellos, ganar tiempo.

En medio de esta guerra simbólica de mensajes, temores y ansiedades que suponen millones de euros por segundo para unos cuantos, caben dos alternativas: que las supernaciones continúen con esta guerra de divisas y seguros contra impagos, o que entremos en una etapa de solidaridad pragmática: una puesta en marcha de ayudas para mejorar la situación de los países vecinos y, de paso, evitar el tremendo riesgo de que todo se venga abajo y sea demasiado tarde. Las nuevas armas de destrucción masiva son hoy en día invisibles y caminan a toda velocidad por la red, manejadas por un personal excelentemente preparado. Para colmo, estas bombas financieras e informativas gozan de la tolerancia de una buena parte de la élite política y empresarial. La libertad de los poderosos es la seña de una civilización occidental que camina hacia la barbarie. Ya es hora de que vayamos todos condenando estas formas de violencia y comencemos a poner las cartas sobre la mesa.