Puntadas sin hilo

Ébola político y emergencia mundial

(Aviso: éste es un artículo populista y demagógico)

La OMS declara el brote de ébola emergencia sanitaria mundial.
Pero nadie declara, ni la ONU ni el FMI ni nadie, emergencia mundial los millones de niños que mueren o pasan hambre, algunos de ellos españoles. Ningún partido, ni siquiera Podemos y más allá y antes de cualquiera problemática renta básica, declara bajo pérdida absoluta de credibilidad, que su primer punto programático irrenunciable y urgente que ningún español, niño o adulto, pase hambre, auténtico ébola de la condición humana.

Nadie proclama que la vivienda es inembargable.

Nadie proclama que la enseñanza ni la historia no serán manipuladas.

Nadie proclama que la emergencia en la sanidad no es exclusiva del ébola.

Nadie proclama que el paro es la expresión social del ébola.

Nadie proclama que la libertad no puede ser cercenada ni las leyes cambiadas caprichosamente.

Nadie proclama que Gaza, Irak, Afganistán y lo que les venga en gana a los poderosos son emergencias mundiales y muestras supremas de crueldad, inhumanidad e intromisión en asuntos ajenos.

Nadie denuncia ni castiga a las industrias farmacéuticas.

Nadie denuncia la explotación de África.

Nadie aclara que el capitalismo salvaje, y el no salvaje, es el auténtico ébola del impuesto contrato social humano.

La corrupción es el primer síntoma de ébola.

Nadie aclara si la violencia pudiera ser la vacuna contra el ébola.

¿Por qué solo es contagioso y causa pánico y preocupación política y social el ébola que afecta a la salud física? ¿Por qué nadie proclama que la vida no consiste en estar metido en un tubo de plástico, como están metidos millones de españoles y no españoles?

Ha quedado demostrado que el Parlamento no es el hospital en el que se pueda tratar y curar el ébola que padecen los españoles. Ni los diputados sus médicos competentes.

Si saltaran cuatro o cinco casos de ébola en España, el caos, el terror y la desbandada se desatarían. Pero ante las demás clases de ébola permanecemos impasibles aunque el contagio sea aterrador.