Hipotésis malévolas pero no imposibles

Aunque parezca mentira, aún quedan voces independientes en la sede nacional del Partido Popular. Una de ellas trasladaba al mediodía de ayer el siguiente mensaje a este buzón de voz: «Ojalá todo lo que nos está pasando responda a una maquiavélica estrategia de afianzamiento en el poder ideada por Mariano o por alguno de sus asesores». ¿Ehhh? Al parecer, las últimas charlas telefónicas mantenidas por Rajoy con Francisco Camps han sido de todo menos amigables. Esa misma voz jura sobre el bigote de Aznar que el PP de Valencia había ocultado al presidente del partido la existencia de un informe policial que detalla las pruebas de la presunta financiación ilegal a través de las empresas de la trama Gürtel. ¿Ehhh? Cuesta más creer en esta hipótesis que en la resurrección de Lázaro.

Pero la voz continúa: «Ese informe llegó al Tribunal Superior de Valencia el 31 de julio, cuando su presidente, Juan Luis de la Rúa, ya había decidido anunciar tres días después el archivo del escándalo de los trajes. Las pruebas de una posible red de financiación ilegal del PP valenciano se devolvían a Madrid prácticamente sin desenvolver, como si no existieran». O sea, se trataba de reenviar a Madrid el muerto de la Gürtel. «Total, por cuatro trajes…». ¿Qué importaba que en el propio auto de exculpación de Camps quedase claro que el honorable presidente de la Generalitat hubiera mentido en sede parlamentaria y en sede judicial? Eso ya es cosa de la política, que acostumbra a jugar con la desmemoria colectiva. Lo importante era que el escándalo no salpicara a las finanzas del partido. Camps, Ricardo Costa y compañía, con la inestimable ayuda del amigo De la Rúa, situaban el problema de nuevo en el tejado de la mismísima sede nacional de la madrileña calle Génova. Eran Rajoy y su equipo de confianza quienes debían dar explicaciones de las aventuras crematísticas del tesorero del PP, Luis Bárcenas.

Es cierto que Rajoy, contra su costumbre diletante de «echar una pensada» a cada movimiento, no perdió un minuto tras el archivo de la causa de los famosos trajes. Anunció públicamente que Camps, Esperanza Aguirre y Ruiz-Gallardón repetirían como candidatos en sus territorios respectivos en las futuras elecciones autonómicas y municipales. ¡Qué curioso! Los tres nombres más coreados como posibles alternativas al propio Rajoy para encabezar la candidatura a la presidencia del Gobierno en las elecciones generales de 2012 quedaban amarrados a los mismos sillones que hoy ocupan. Los tres aludidos agradecieron entonces la confianza del líder. ¡Qué remedio!

Candidatos marcados

Por increíble que parezca, la hipótesis no resulta descabellada. Eso sí, siempre que el análisis parta de la base de que al PP le importan un bledo la higiene democrática, la separación de poderes o el respeto al electorado. Hasta el momento, la única rama del caso Gürtel que afecta directa y personalmente a Rajoy es la que protagoniza Luis Bárcenas, nombrado tesorero por el propio presidente del PP. Los otros brazos del pulpo manejado por Francisco Correa y El Bigotes ahogan fundamentalmente a Francisco Camps y al equipo de Esperanza Aguirre. Para tapar lo de Bárcenas, se ideó la surrealista historia del espionaje telefónico al PP, lanzada por De Cospedal sin la menor prueba. Pero ha funcionado durante dos meses. Hasta el punto de que ahora Camps, Costa y todo el califato de Valencia han aplicado la misma medicina: «Ese informe es falso y ha sido instigado por Rubalcaba». Y anuncian una querella «contra la Policía Nacional», que equivale a querellarse contra el G-20 o contra los Cien Mil Hijos de San Luis.

Lo cierto es que hace poco más de un año Rajoy salió elegido con alfileres de un congreso del partido que no daba un euro por su liderazgo. Hoy, dos de los tres aspirantes a quitarle la silla están marcados por escándalos de corrupción. Y Gallardón sigue a la espera, como siempre. Presto a ser número dos por si el uno revienta.

La misma voz de la calle Génova insinúa otra maldad: «¿Qué mejor contrincante para Zapatero que un Rajoy incapaz en una sola encuesta de ganar puntos entre su propio electorado?». Lo cual explicaría esa paciencia infinita del Gobierno ante calumnias del tamaño de la Malvarrosa.