Buzón de Voz

Colgados de la pancarta

El hecho de que todas las encuestas coincidan en que el Partido Popular ganará con holgura las próximas elecciones generales no sirve para justificar cualquier ignominia. Hace diez días, ETA anunció el abandono de la violencia después de 43 años de atentados, bajo la dictadura de Franco y con la democracia constitucional. Desde las máximas instituciones europeas hasta la Casa Blanca o las principales organizaciones internacionales se han felicitado por el éxito del proceso que ha llevado al fin de ETA. Víctimas directas o indirectas del terrorismo han mostrado su disposición generosa para hacer compatible la memoria del dolor con la obligación colectiva de evitar que esa barbarie pueda repetirse. Sin embargo, en el Partido Popular se da cobijo y altavoz a colectivos que patrimonializan desde hace años ese dolor para lanzar consignas electorales y calumnias personales. Ayer, Mayor Oreja, portavoz de Rajoy en Europa, volvió a proclamar la existencia de un "apaño" entre Gobierno y ETA, delante de carteles que identificaban a Zapatero, a Rubalcaba y al PSOE con la organización terrorista. La concentración en Madrid para protestar contra la supuesta "impunidad" de la banda no contó con más presencia de la dirección del PP por "problemas de agenda" (según Ana Mato), no porque considere injustas o disparatadas las acusaciones allí voceadas. Utilizar el terrorismo electoralmente tiene un problema: una vez derrotado ya no sirven las mismas pancartas.