La ciencia es la única noticia

Más jefes que indios

DALE LA VUELTA AL MUNDO // JOSÉ ANTONIO HERNÁNDEZ

* Responsable de Justicia Económica de Intermón Oxfam

Ayer comenzó el llamado tramo ministerial de la Conferencia de Copenhague. Se acerca la hora de la verdad: sólo quedan dos días para decidir el futuro de las negociaciones. Cada vez parece más claro que los países pobres no han venido para firmar un acuerdo débil. La noche pasada las negociaciones han durado hasta el amanecer. Literalmente. Han acabado en una colección de documentos que mantienen abiertas las dos vías de negociación (Kyoto y LCA, o compromisos a largo plazo), que sin embargo no recogen los avances necesarios en los tres temas cruciales: reducir drásticamente las emisiones al nivel que exige la ciencia, proporcionar el dinero necesario para ayudar a los países pobres para hacer frente al cambio climático y recoger estos compromisos de una forma legalmente vinculante.

En una especie de círculo vicioso, los temas cruciales están en blanco. Pero además se está dejando para los líderes una multitud de detalles en los que no ha habido avances hasta ahora. No se avanza en estos temas (deforestación, cambio de uso del suelo, gestión de la financiación, verificación de emisiones…) porque lo países pobres exigen compromisos en los temas fundamentales antes de bajar a discutir los complementarios. Y los ricos llevan dos años incumpliendo su compromiso de concretar estos temas centrales.

Ante esta situación, lo que no se necesita es que dedos acusadores comiencen a levantarse en un cruce de reproches sin fin. Se necesita que los ministros desatasquen la negociación, y los documentos ahora llenos de corchetes y lagunas avancen en la mejor dirección posible, para que haya posibilidades reales de que los presidentes tengan delante una buena propuesta.

De momento los ministros y algunos presidentes están haciendo sus discursos mientras que detrás de los focos se negocia ferozmente, de una manera en que nadie exactamente sabe cuál es. Lo que ya se rumorea es que el primer ministro danés, que ahora preside la COP ante la llegada de los líderes mundiales, ha comenzado a circular una nueva versión de documento alternativo (como el que se filtró el segundo día de la cumbre). La propuesta tiene que ser ambiciosa, justa y vinculante. No pueden ser fuegos artificiales.

Pero la sociedad civil no va a poder estar aquí para verificarlo. Se necesita urgentemente el compromiso y el testimonio de las organizaciones de la sociedad civil y de las comunidades afectadas, que mantienen la presión sobre los líderes políticos para que lleguen a un acuerdo climático justo, ambicioso y vinculante. Y sin embargo, ayer ya se comenzó a reducir la participación de la sociedad civil de forma drástica. No es solo que por un desastroso y caótico proceso de organización se hubieran acreditado a 45.000 observadores para un lugar en el que cabe 15.000. Es que desde ayer, los representantes de las ONG se han reducido a una tercera parte. Ahora se pide una segunda acreditación, que se ha repartido con cuentagotas (Si Oxfam tenía 60 personas aquí, nos han dado 20 tarjetas).

Como esta reducción y caos ha soliviantado los ánimos (por no hablar de las arbitrarias detenciones preventivas que permite la ley danesa hecha a la medida de esta cumbre), esta mañana ha habido manifestaciones de protesta que han sido duramente reprimidas, y que han tenido como consecuencia que se ha limitado más aún el acceso de ONG. Incluso teniendo las dos acreditaciones, centenares de personas no han podido entrar durante toda la mañana. Algunas organizaciones han sido excluidas por completo, de manera arbitraria. No sé cómo, pero yo he tenido la suerte de entrar a las tres de la tarde, y digo la suerte, porque en una puerta no me dejaban entrar, pero en la siguiente pasé sin preguntas. Fue un suspiro, porque desde poco después, y sin más explicaciones han vuelto a cerrar el acceso.

Pero lo que es realmente grave es que para los dos últimos días de la cumbre las restricciones van a ser muchísimo mayores. Los permisos se reducen hoy a 1.000 personas y el viernes a sólo 90. Va a haber más Presidentes que representantes de la ciudadanía. Más jefes que indios.