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El inconsciente de la Física

EL JUEGO DE LA CIENCIA // CARLO FRABETTI

* Escritor y matemático

Wolfgang Pauli fue llamado por sus colegas "la conciencia de la Física", por su perfeccionismo y su alto nivel de exigencia profesional consigo mismo y con los demás. De modo que el juego de palabras del título era demasiado tentador, puesto que el padre del neutrino, uno de los más grandes físicos de un siglo pródigo en genios, en un momento dado, para consternación de algunos y alborozo de otros, se sumergió en los oscuros dominios del inconsciente.

Pauli no solo era famoso entre sus colegas por su rigor profesional, sino también por una cualidad menos apreciable y muy poco científica: su aparente poder de averiar los aparatos de un laboratorio con su sola presencia. Al parecer, el fenómeno se produjo con tanta frecuencia que los físicos empezaron a hablar del "efecto Pauli". Este tipo de bromas son comunes entre los científicos, y en general nadie les concede mayor importancia; pero parece ser que el propio Pauli llegó a tomarse bastante en serio su condición de bruja Avería de los laboratorios. Tan en serio como para especular sobre una hipotética relación no causal entre determinados acontecimientos como posible explicación de ciertas coincidencias asombrosas.

En este sentido, fue decisivo su encuentro con Carl G. Jung, el discípulo descarriado de Freud, que también estaba interesado por las coincidencias extraordinarias, y entre los dos desarrollaron el concepto de "sincronicidad", que, en principio, y con todos los respetos, es un puro disparate. Intentar explicar las coincidencias asombrosas mediante un supuesto nexo acausal entre los fenómenos concurrentes carece de sentido, puesto que, como decía Aristóteles, es sumamente probable que ocurran cosas sumamente improbables; suceden tantas cosas todos los días, que lo realmente increíble sería que nunca se dieran coincidencias extraordinarias, del mismo modo que sería increíble que al lanzar una y otra vez los dados de póker nunca salieran cinco ases. Demos tiempo a lo posible y ocurrirá, decía Herodoto. Y una coincidencia puede ser muy improbable; pero, si no es imposible, no tiene por qué llevarnos a reformular las leyes de la naturaleza. Sí, pero, ¿y el entrelazamiento cuántico?

El entrelazamiuento cuántico es un fenómeno predicho en 1935 por Einstein, Podolsky y Rosen, y que, curiosamente, ellos plantearon como una paradoja destinada a refutar la mecánica cuántica, pues parece incompatible con las leyes del espacio-tiempo relativista. Igual que este artículo está a punto de ser incompatible con el espacio y el tiempo periodísticos, por lo que, de momento, habrá que dejarlo aquí.