De la fórmula al verso

EL ELECTRÓN LIBRE // MANUEL LOZANO LEYVA

Los amantes de la ciencia y la literatura estamos muy congratulados estos días por la concesión del premio Cervantes a Nicanor Parra, excelente poeta a la vez que físico de formación y oficio. Nacido en el seno de una familia numerosa, culta y algo bohemia, estudió física y matemáticas con becas para estudiantes pobres. Siendo profesor de instituto, consiguió becas de mayor nivel para perfeccionarse en Estados Unidos y Reino Unido, lo que le permitió conseguir un puesto en la universidad para enseñar mecánica racional, o sea, una física teórica que en algunos de sus trabajos lo acercó a la cosmología.

¿Es tan extraño que un científico innovara la poesía más que su propia ciencia? Lo es, pero no mucho. Lo es porque incluso insignes científicos, como el que fusionó la relatividad especial con la mecánica cuántica, Paul Dirac, sostenía que en ciencia uno trata de decirle a la gente, de manera que lo entienda todo el mundo (con las matemáticas, nada menos), algo que nadie sabía; pero en poesía, es exactamente lo opuesto. O sea, que según Dirac, los poetas dicen cosas que todo el mundo sabe pero de manera que no las entienda nadie. Aunque leyendo algunos poemas de Nicanor Parra uno tienda a darle la razón a Dirac, ese desencuentro entre ciencia y poesía no lo ha sido tanto.

Se podrían poner innumerables ejemplos de fusión de la poesía con la ciencia en la historia de la literatura, entre los que resaltarían algunas formidables intuiciones, por ejemplo la de Edgar Allan Poe en su poema en prosa Eureka. Un extracto dice “La única forma […] de entender los huecos que nuestros telescopios encuentran en innumerables direcciones, sería suponiendo una distancia al fondo invisible tan inmensa que todavía ningún rayo proveniente de ahí fue todavía capaz de alcanzarnos”.

Es una explicación a la paradoja de Olbers de por qué la noche es oscura llevada a cabo mucho antes de formularse la teoría de la relatividad y el modelo del Big Bang. Por mucho que Chesterton ridiculizara esta unión del verso y la fórmula diciendo que el poeta lleva su mente a los cielos y los lógicos tratan de meter los cielos en su mente consiguiendo solo enloquecer, desde que Tito Lucrecio Caro escribiera el más hermoso poema de argumento naturalista de la literatura universal, De rerum natura, la admiración y complicidad entre poetas y científicos ha sido y será para siempre. Sea enhorabuena el premio otorgado al poeta Nicanor Parra, insigne físico y matemático.