Los límites del mundo

EL JUEGO DE LA CIENCIA // CARLO FRABETTI

* Escritor y matemático

“Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”, dijo Wittgenstein, acuñando lo que se podría considerar el lema de toda una corriente (tal vez la más caudalosa) del pensamiento contemporáneo. Curiosamente, y a pesar de lo poco que se parecen en alemán los términos “mundo” (Welt) y “mente” (Geist), es bastante habitual encontrar la frase citada de esta otra forma: “Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mente”. Tanto si, en origen, la alteración se debió a un lapsus involuntario, a un error de traducción o a una interpretación tendenciosa, la mutación –el meme– ha tenido éxito y se ha reproducido con profusión, lo cual no deja de ser significativo. Aunque, por otra parte, tampoco hay que descartar la posibilidad de que el propio Wittgenstein dijera ambas frases.

En cualquier caso, Einstein no habría estado del todo de acuerdo. Sobre su propia actividad mental, dijo: “Las palabras del lenguaje, escrito y hablado, no parecen desempeñar ninguna función en mis mecanismos de pensamiento; las entidades psíquicas que parecen servir como elementos en mi pensamiento son determinadas señales e imágenes más o menos claras que se pueden reproducir y combinar a voluntad… En mi caso, los elementos mencionados son de tipo visual, y algunos de tipo muscular”. Pero Wittgenstein habría podido replicar, llegado el caso, que para que esas imágenes visuales y musculares se tradujeran en algo plenamente operativo y comunicable, tenían que convertirse necesariamente en lenguaje. A lo cual Einstein podría haber contrarreplicado que su pensamiento no tenía por qué ser totalmente compartible, o que su mundo personal empezaba a existir antes de verbalizarlo…

“Todo lo que se nombra existe”, dice un viejo aforismo vasco, y si el universo es infinito, o si lo son los multiversos de alguna de las teorías cosmológicas más recientes (ver Cosmología cíclica y La constancia de las leyes), tan extrema afirmación sería literalmente cierta y Giordano Bruno tendría razón.  Pero ¿y lo que no se nombra, lo innombrable, lo que no se puede nombrar? Solo algunos números irracionales, como Pi o la raíz cuadrada de 2, son nombrables, puesto que son literalmente innumerables (o sea, no numerables), inconcebiblemente más infinitos que los infinitos números naturales… Cuando Wittgenstein habla de los límites de su mundo, no está hablando de los límites del mundo. ¿O sí?
Y hasta aquí hemos llegado (al menos por ahora). Los límites (espaciales y temporales) de mi columna son los límites de mi discurso. O viceversa. Y viceversa.