Un sabio insólito

EL ELECTRÓN LIBRE // MANUEL LOZANO LEYVA

De De Henry Cavendish se ha dicho que fue el más sabio entre los ricos y el más rico entre los sabios. La inmensa fortuna de lord Cavendish, el hombre más rico de Inglaterra, provenía de herencias acumuladas desde la época de los normandos. Sin embargo, lo que convertía a Cavendish en una singularidad insólita eran muchas más cosas. La primera, relacionada estrechamente con la anterior, es que no tenía mucha idea del valor del dinero ni le interesaba averiguarlo. Un director de banco consiguió entrevistarse con él tras varios años intentándolo y cuando le planteó lo que deseaba, que no era otra cosa que invertir su capital provechosamente, lo despidió de malas maneras amenazándole de que si lo importunaba otra vez con esas estupideces retiraba todo el dinero de su banco. El único grabado que encontrará el lector curioso de Cavendish lo representa con una vestimenta que en su época llevaba un siglo pasada de moda. Su frugalidad en todos los aspectos, nada relacionada con la avaricia, era inverosímil.

Pero todas estas excentricidades no tenían parangón alguno con la más destacada de todas ellas: su misoginia. No es que odiara a las mujeres, sino que no las podía ver, de manera que en su descomunal mansión tenía dada orden de que si alguna sirvienta se mostraba a su vista, quedaba automáticamente despedida. La vieja ama de llaves se tenía que comunicar con él por medio de notas escritas. El mayordomo, único sirviente que tenía acceso a él, sólo recibió en toda su vida una orden de más de una frase: que nadie lo molestara en los tres días siguientes porque se iba a retirar a su dormitorio a morir; cuando el mayordomo lo comprobara al tercer día, debería avisar a su hermano del deceso.

¿Qué hizo Cavendish de notable para la ciencia? Infinidad de cosas entre las que destaca haber medido la constante de gravitación universal planteada por Newton con una precisión que aún hoy asombra. Pero también midió los calores específicos de infinidad de disoluciones, estableció las propiedades del hidrógeno, descubrió la ley de Coulomb muchos años antes que Coulomb, y así, Cavendish estableció infinidad de propiedades de la materia y de las únicas fuerzas de la naturaleza que se conocían entonces: la eléctrica y la gravitatoria.

Mientras más se explora en la historia de la ciencia, más asombra la variedad de caracteres y arquetipos humanos que se han visto atraídos por ella. Todo el que muestra curiosidad sin límites y tesón en saciarla cae en su poder de atracción.