Parques de vida

VENTANA DE OTROS OJOS // MIGUEL DELIBES DE CASTRO

* Profesor de investigación del CSIC

Ha llegado la crisis, al parecer para quedarse. Se detecta por doquier una lógica preocupación, y la conservación del medio se cuenta entre las primeras paganas. “No se pueden poner obstáculos al desarrollo”, oímos, cuando no “hay que flexibilizar las normas de protección de los parques”, o “la conservación ambiental impide crear empleo”. En algunos casos el asunto no queda en opiniones dejadas caer, a ver qué pasa, y se materializa en cambios legales que nos hacen retroceder años. Por ejemplo, los edificios ilegales en la costa no se derribarán, sino que podrán comprarse y venderse y, de hecho, se tornarán legales. Todo eso, ¿en nombre de qué? Del bienestar de la población, se dice, que no debe comprometerse por el lujo de unos pocos que supone la conservación de la naturaleza. Se tiene la percepción de que las normas de protección, al limitar derechos, afectan negativamente a las poblaciones afectadas. ¿Será cierto? Un estudio científico reciente pinta un cuadro radicalmente distinto.

Investigadores de la Universidad de California en Berkeley han analizado (y publicado en Science) las tendencias poblacionales en 306 áreas protegidas en 45 países de América del Sur y África. Si los parques son tan malos, era su hipótesis, la gente se alejará de ellos, y la población en su entorno disminuirá. Pues bien, en 245 de los 306 parques, y en 38 de los 45 países, la población ha aumentado más deprisa en el entorno de los parques que en zonas no protegidas de las mismas regiones. En otras palabras, la gente parece preferir la proximidad de las áreas protegidas. ¿No habíamos quedado en que restringe los usos del suelo? Es cierto, lo hace, pero los científicos identifican a cambio algunas ventajas que pueden explicar la tendencia detectada.

Las áreas protegidas reciben cuantiosa ayuda internacional, y también, frecuentemente, inversiones nacionales, para apoyar su particular tipo de desarrollo. Aumentan las ofertas de empleo relacionadas con la vigilancia y el turismo, se construyen cerca escuelas y hospitales, se mejoran las comunicaciones, a veces también la seguridad y, desde luego, cerca de las áreas conservadas se consigue acceder a unos recursos, como caza, leña o agua, que frecuentemente faltan lejos de ellas. Precisamente por estar en crisis, deberíamos recurrir, hoy más que nunca, a la conservación del medio como modelo de desarrollo. Porque las áreas protegidas no son reliquias del pasado, sino promesas de futuro.