Opinion · Bocadillos en su tinta

El genial Quino

Mafalda

El dibujante argentino Joaquín Salvador Lavado, Quino, es mucho más que el padre de Mafalda. Es el rey del humor inteligente que pellizca, tratado desde la ternura, el respecto y la sensibilidad social. Lleva 54 años analizando el mundo, denunciando las injusticias, criticando a los poderosos y sus estructuras, apoyando a los desvalidos y siendo el cronista de una evolución histórica cuyo futuro no considera que sea muy prometedor, tal y como declara en una entrevista a Público.

Mafalda y sus amigos fueron producto de un momento histórico muy concreto. La ebullición política y artística de los años sesenta, en la que se palpaban las ganas de cambiar el mundo. Pero esa época pasó, y también Mafalda, que Quino dejó de acompañar de la mano en 1973, tras diez años de historias con la pandilla de Guille, Felipe y Susanita, entre otros tantos inolvidables personajes.

Después llegaron más libros y recopilaciones en los que ha mezclado en humor mudo y con texto y siempre en blanco y negro (salvo raras excepciones). Ahora publica La aventura de comer (Lumen), en la que, con la misma precisión de siempre, denuncia que el ser humano está renunciando a los placeres cotidianos y que ya no es capaz de disfrutar de lo que tiene.

Lejos de mostrarse caprichoso y lejano, por su condición de maestro del cómic, Quino resulta cercano, entrañable y generoso con su tiempo. Muchos de sus seguidores aparecen con un cuadernito de Mafalda para que les dedique una de esas obras que marcó la infancia y la forma de ver el mundo de muchos lectores principiantes. Y lo hace a su ritmo, con paciencia y mucha educación. Es todo un maestro, tanto fuera como dentro del mundo del cómic. Inolvidable.