Opinion · Con M de

Soy Migrante

'Madre migrante', foto de Dorothea Lange que muestra a Florence Owens Thompson, cosechadora de 32 años y madre de siete hijos, durante la Gran Depresión en EEUU (1936).
‘Madre migrante’, foto de Dorothea Lange que muestra a Florence Owens Thompson, cosechadora de 32 años y madre de siete hijos, durante la Gran Depresión en EEUU (1936).

Soy Migrante. Migrante como han sido y serán muchos españoles. Podría decir incluso que soy migrante compulsiva desde que tengo uso de razón. La primera vez que migré tenía 12 años, y lo hice acompañada de mi familia. Nos fuimos del norte al centro de España y tuve un shock cultural. La segunda vez que migré ya cambié de país, tenía 15 años y me fui a estudiar al extranjero. Empecé mi carrera profesional en Bruselas, donde viví siete años. La vuelta a España fue casi traumática, tardé varios años en reencontrarme con mi país de origen, en el que ya no me ubicaba. 

Migrar para mí ha sido la esencia vital que me ha permitido crecer profesional, cultural e intelectualmente. Entiendo la diversidad como una necesidad para enriquecer las sociedades. Enfrentarse al reto de la integración debería ser un paso obligado para cualquier joven que tenga que transitar hacia la edad adulta, obligándole a salir de su zona de confort y a confrontar otras culturas y estructuras sociales. Estos ejercicios son indispensables para crear una sociedad empática y sana. 

Aunque soy una fan absoluta de las migraciones y sus bondades, también soy consciente de que es un proceso que he vivo desde el privilegio. Me he movido en espacios donde mi color de piel no llamaba la atención. He vivido momentos de precariedad pero siempre sabiendo que no iba a morir de hambre. De hecho, nunca he sentido que migrar pudiera ser un acto que implicara la muerte, o algún otro tipo de riesgo para mi vida. Por desgracia hay muchísimas personas que todos los días arriesgan sus vidas cuando buscan simplemente desplazarse de un lado a otro. Hay millones de personas que llegan a sitios donde otras personas los tratan como si no fueran iguales, como si no fueran seres humanos.

Ayer conocí a Vivian y a Miguel, dos jóvenes españoles de origen ecuatoriano. Vivian nos contó cómo en torno al año 2004 casi destruyen el instituto en el que ella estudiaba porque se consideraba de “zona roja”, ya que la mayoría de los alumnos eran hijos de padres extranjeros. Un día llegó una notificación al centro que lo cambió todo: decía que ya no se iba a derruir. Dos de sus alumnas había sido premiadas en un concurso de talento juvenil de la Comunidad de Madrid sobre la futura ciudad de 2015. Vivian era una de esas alumnas. Ella presentó un proyecto que unía el centro de la ciudad con el extrarradio, y que habría permitido a su padre llegar fácilmente desde la céntrica Puerta del Sol, donde vivían, hasta Alcobendas, donde él trabajaba. A día de hoy ese proyecto es realidad y Vivian es una mujer segura de sí misma, tan española como yo, con un discurso contundente adornado por un precioso acento que no sabría decir a que suena.

Miguel es un king, de los Latin. Es el primer Latin King que conozco. Asegura orgulloso que él siempre será un king. Además, Miguel es jefe de cocina, y es capaz de dar 200 comidas al día. Habla de generosidad y amor. Pide oportunidades y apoyo para ayudar a otros chavales que ahora están perdidos como él lo estuvo. Se puede salir, por muy complejo que sea el sitio en el que te has metido. Se puede salir, con tesón, con firmeza, con esfuerzo y, de nuevo, con esa palabra tan bonita: con amor. 

Ayer en la Universidad de Comillas celebramos el Día Internacional del Migrante, que es mi día, y el de Vivian y el de Miguel. Tengo la esperanza de que en el futuro el día del Migrante será una celebración global en la que todo el mundo participe para celebrar que todas somos migrantes y que por nuestra sangre corre la historia de una humanidad en constante movimiento. Me imagino celebrándolo en las calles, con conciertos y actividades culturales, disfrutando nuestra riqueza y nuestra diversidad, aceptando que siempre seguiremos migrando por el mundo y trabajando para que ese movimiento sea de todo menos letal.